lunes, 30 de septiembre de 2019

MADRID: Miguel Ángel Perera, la opinión de un cacique : por Pla Ventura



Las figuras del toreo no es que no tengan cojones para enfrentarse a los toros de verdad, es que son tan caciques y absolutistas que, solo entienden la ley si la promulgan ellos, las que dicten los demás son leyes absurdas y anticuadas.

Miguel Ángel Perera, la opinión de un cacique

PLA VENTURA
Toros de Lidia, 30 septiembre, 2019|
Ayer los aficionados a los toros nos quedamos de piedra cuando Miguel Ángel Perera, ante los micrófonos de la televisión, confesó estar hasta el gorro de que sean los presidentes de las corridas de toros los que dictaminen cómo y cuándo un toro debe ser más o menos picado. Es decir, pedía a gritos un altavoz como él dijera para mostrar su tremenda cacicada a la hora de picar o no picar un toro. Y se quedó tan ancho.

Es cierto que, jugaba en «campo propio» es decir, habló ante los micrófonos de movistar plus que, por supuesto nadie le objetó nada; es decir, soltó su opinión dictatorial, se pasó por el forro de sus cojones el reglamento taurino y se quedó tan ancho. Como digo, Perera sabía que nadie le replicaría nada que, dicho sea de paso, nadie le ha contestado pero aquí le mostramos nuestra repulsa ante lo que entendemos que es un cacique vestido de torero.

Es cierto que, si nos ajustamos a la realidad, Perera tiene razón; la suya, claro está, pero la tiene. Es vergonzante tener que dársela pero no queda otra opción. Hay que dársela tanto a él como al resto de las figuras que, como Perera, todos dicen lo mismo, que prefieren dejarse los toros un tanto crudos. ¿Cómo crudos? ¡Pero si ya salen muertos de los toriles!

Bien es verdad que, esa razón, la que este tipo defiende solo tiene un significado, los toros que suele lidiar. De todos es sabido que, esos animalitos en cuestión no precisan de picador alguno puesto que ya salen muertos de los corrales y, lo que Perera solicitó es la pura evidencia en todas las corridas de toros lidiadas por las figuras. Es más, lo dije muchas veces y lo vuelvo a repetir,

 ¿para qué diablos traen en sus cuadrillas dos picadores las figuras del toreo? Eso es una insensatez porque sobran los dos picadores.

La pena es que por culpa de esos burros fofos que suelen lidiar en todas las plazas del mundo, incluidas Madrid y Sevilla, a la pruebas me remito, picar a los toros es una tarea baladí que no sirve para nada; sí, sirve para que se atente contra el reglamento, contra la razón pura y dura, pero nada más. Pero el reglamento es algo que las figuras quizás han escuchado de lejos pero no tienen ni la más repajolera idea de a cuestión; no la tienen o la ignoran que todavía es peor.

A ese Perera que dijo esa insensatez para que todo el mundo le riera su gracia le quisiera yo ver ante los toros de Saltillo y decirle: “Déjatelos crudos que no pasa nada Perera será figura del toreo, está rico perdido, pero no es más tonto porque no entrena. ¿Se imagina alguien, a su suegro, en su época de figura del toreo decir semejante barbaridad? Vamos que, esa absurdez no se le pasa por la cabeza ni al vago de Morante que, como sabemos, no está para muchos trotes. Debería saber Perera que, por ejemplo, en la corrida de Palha que se lidió hace pocas fechas como cierre de temporada en Arlés, dicha corrida recibió más de veinte varas; vamos, como para dejárselos crudos sus lidiadores ¿Verdad? Pero claro, he citado una auténtica corrida de toros de la ganadería más legendaria de Portugal.

¿Se imagina alguien a Cristiano Ronaldo, micrófono en mano, pedir que las porterías contrarias tuvieran veinticinco metros de anchas porque de tal modo entraría mejor el balón? ¿Verdad que lo dicho suena a chiste? Pues en el caso de Perera era verdad, el pobre pide que no se le piquen sus toros, que eso lo tenga que decidir él. ¡Ah! pero ¿se le pican sus toros? A lo sumo con Perera y sus correligionarios, apenas hemos visto un picotacito y para usted de contar.

Las figuras del toreo no es que no tengan cojones para enfrentarse a los toros de verdad, es que son tan caciques y absolutistas que, solo entienden la ley si la promulgan ellos, las que dicten los demás son leyes absurdas y anticuadas.

Ayer, según me ha contado un testigo presencial, en Corella, en el desafío ganadero que se llevó a cabo en dicho pueblo, la suerte de varas resultó ser fundamental para el desarrollo del espectáculo, claro, se lidiaban toros de Albaserrada y Santa Coloma, justamente esos toros con casta que sí piden que se les pique puesto que, de lo contrario sería imposible ser lidiados.

Miguel Ángel Perera no debe de decir nada más al respecto, lo que tiene que hacer es demostrarlo en la próxima feria de San Isidro, enfrentarse a un toro de verdad, ante una ganadería legendaria y no picar los toros, sería entonces cuando le aplaudiríamos. Vergüenza debería de haber sentido este sujeto que, rico podrido de dinero, aplaudido por el taurinismo y aupado al poder por el empresariado, callado estaría más guapo porque de sus palabras, una vez más, ha sido capaz de mostrar el fraude que hacen a diario con la llamada suerte de varas. Como diría el compañero Antonio Lorca, ahora ya no quedan aficionados de verdad porque, de haberlos, día sí y otro también, éstos saltarían a los ruedos para apedrear a sus lidiadores.

¡Balones a Joao! / por Ignacio Ruiz Quintano


Seka

A este ritmo de goles y de puntos ya sabemos que no vamos a batir el récord de Mourinho, pero es que el derby del sábado en el Wanda parecía un “remake” del Hércules-Burgos del 78 que hizo cantar a los asistentes el “que se besen, que se besen”.

¡Balones a Joao!

Ignacio Ruiz Quintano / Abc
A Joao Félix (¡su finura es hambre de cuero!) no le pasan balones. ¿Porque no quieren o porque no saben? Bueno, ésa es la cuestión.
    
En el 7 x 7 del derby (Hazard contra Joao), a Joao no le pasaron balones, pero a Hazard, sí. Hazard en el Madrid de Zidane es como Harpo en “Los Hermano Marx”, que te sientas a ver sus películas con la expectativa de que, antes o después, le pasarán a Harpo un arpa y se pondrá a tocar. Como Harpo con su arpa, así Hazard con su balón. Los cronistas alaban el Tren Inferior de Hazard, que, visto por detrás, son dos bolas de bolera entrechocando sobre la mesa de billar. Los regates de Hazard son como chupitos de Marie Brizard. En el derby, Trippier se los tomaba como si fueran agua del grifo. ¿Que viene Hazard? ¡Chupito para el inglés! Zidane tiene un ayudante táctico, Bettoni, que era utillero (¡Guardiola fue recogepelotas!) y que se pasó el derby comiéndole la oreja a su jefe. ¿Qué le decía? No lo sabemos porque Bettoni es de esos personajes del fútbol que al hablar se tapa la boca como los picapedreros se escupen en las manos para coger el pico. Pero seguro que su chapa tenía que ver con los caracoleos jerezanos de Hazard.

    –¿Cómo ves a Lucas Vázquez, jefe?

–Lo veo de puta madre, así de claro.

Bale no habla español, y entre eso y que juega al golf, casi acaba en la China este verano. Zidane, en cambio, lo habla “de puta madre”, pues habla un español de la calle, el lenguaje del pueblo, que tiene encandilado al pipero con ese “de puta madre” que le sirve para explicar cómo está él, o Ronaldo, o Lucas Vázquez, el síntoma de este momento histórico.
    
Mientras en el Madrid todo el mundo le echa el balón a Hazard, en el Atlético nadie ve a Joao, lo cual constituye una ofensa para el espectador. Es como cuando en el Madrid Beckham no le pasaba el balón a Figo, quien a su vez tampoco le pasaba el balón… a Zidane, que fue a quejarse al presidente y el presidente ordenó a Figo pasar el balón el Zidane y, además, invitarlo a cenar. ¿Qué le costaría a Cerezo ordenar a Koke pasar el balón a Joao y, además, invitar al chico a cenar, aunque fueran unas pavías de bacalao en Casa Revuelta? Lo que no puede ser es llevar a Joao un día al Prado a hacerse selfies con Goya, y al siguiente, al Wanda a hacerse selfies con Canelita porque no tiene un compañero que le pase (que le filtre, dicen los cronistas de ahora) un balón. Total, que nos quedamos sin ver a Joao. Como nos quedamos sin ver a Rodrygo, en este caso porque Zidane lo envió al Castilla como premio a su gol al Osasuna. Hay algo castrador en el estilo de Simeone y en el decisionismo de Zidane. Los futbolistas de Simeone juegan con collar electrónico, de modo que, en cuanto se salen de su sector, reciben una descarga en el morrillo. No tienen caridad con el público, ahora que el fútbol ha descubierto con Klopp el glamour de la caridad.
    
La caridad mantiene fresco tu nombre y tu personalidad. Hago donativos y sirvo refrescos en la fiesta de la escuela de San Vicente de Paúl –ha llegado a confesar Seka, la Marilyn setentera del porno, mitad irlandesa, mitad cherokee, un discurso copiado ahora por el entrenador del Liverpool cuando dice, como el otro día en la gala de The Best, que en el fútbol hay gente rica, pero también hay gente pobre.
    
La gente pobre del fútbol somos los espectadores.
    
A este ritmo de goles y de puntos ya sabemos que no vamos a batir el récord de Mourinho, pero es que el derby del sábado en el Wanda parecía un “remake” del Hércules-Burgos del 78 que hizo cantar a los asistentes el “que se besen, que se besen”. Los madrileños que huyeron del tostón de Luque en Las Ventas para llegar a tiempo al muermo del derby en el Wanda, ¿en qué estado anímico acudirán hoy, lunes, a sus puestos de trabajo?

Lo que funciona no se toca, es el lema. Pero es que esto lleva sin funcionar dos años. Para el Madrid había un reto que tampoco se nos hace homérico: ganar en el Wanda. Y a un chico que mete goles, Rodrygo, lo dejamos en el Castilla, y al otro que vino para meterlos, Jovic (tiene gemelos como de sátiro), lo sacamos para pedir la hora. Aunque, bien mirado, hemos salvado a Zidane, que, no nos engañemos, era todo el plan para este año.


XAVI Y RAPINOE

    Los dos cabecillas de la Incorrección Política en el Fútbol han sido Xavi Hernández y Megan Rapinoe, por declaraciones que dejan a nuestros moralistas tan ojipláticos como Millán Salcedo, de Martes y Trece, en el número de las empanadillas de Encarna. “No vivo en un país democrático, pero el sistema funciona mejor que en España”, dijo Xavi, que vive en Qatar, y eso, en España, faro de la democracia para el mundo mundial, suena como si hubiera dicho “¡Jehová!” en “La vida de Brian”. Luego matiza lo que parece una apología del franquismo: “No tenemos llave de casa, dejas el coche en marcha... Nuria (su mujer) incluso me dice que si podemos seguir aquí también será mejor para nuestros hijos”. Y cuando los periodistas aún estaban con las sales de Xavi, apareció Rapinoe, activista de tantas cosas, en la gala de “The Best” y dijo que ella le hubiera dado el premio a Van Dijk… “porque es muy mono”.

Feria de Otoño. Márquez & Moore. Mano a mano Perera-Ureña con seis toros de granja (nada que ver con los de lidia de hace una semana)


"La birria que salió en quinto lugar era una albondiguilla
 con cuernosque atendía por Portugués"

Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Lo más cuajado de la granja juampedrera

Nosotros pedimos conforme a la demanda que hay,
y la demanda viene por parte de las figuras,
que son quienes dicen qué ganaderías quieren matar

Joaquín Núñez del Cuvillo



José Ramón Márquez
Hay que ver lo que cambian las cosas en siete días. Una triste semana es lo que media entre la impresionante corrida de toros del domingo pasado, Saltillo y Araúz de Robles, el toro de lidia, y la exhibición pecuaria de hoy con los de Juan Pedro, Cuvillo y Victoriano del Río, los toros de granja. A la del domingo pasado fuimos los de siempre, los chinos y los del valle del Indo y a ésta de hoy poco le ha faltado para poner el letrero de “No hay billetes”. Está claro que el interés de la tarde de hoy no podía estar en los toros, o sea que la cosa debía ser por los toreros, Perera y Ureña. Y cuando uno bajaba por la calle de Alcalá iba pensando que a santo de qué se les habría ocurrido a Domb y sus dombos programar este mano a mano, hasta que la sagacidad del aficionado R. me sacó de dudas al recordarme que Perera abrió la puerta grande de Las Ventas en San Isidro, hecho que uno había olvidado por completo, o sea que el interés del mano a mano estaba en poner frente a frente a dos triunfadores de San Isidro. De lo de Ureña, de su triunfo, sí que me acordaba perfectamente y lo mismo debía pasarle a muchos de los que estaban echando la tarde en la Plaza, que prorrumpieron en una clamorosa ovación e hicieron salir a saludar al tercio al murciano afincado en Guadalajara.

A las siete y tres minutos echaron a andar detrás del alguacilillo y la alguacililla Miguel Ángel Perera, de lila y oro, guarnecido por una cuadrilla absolutamente de lujo, y Paco Ureña, de canela y oro. Las fieras bovinas les esperaban en el frescor de los toriles.
El primer esperpento en salir esta tarde a Las Ventas, hierro del duque de Veragua, cintas del duque de Veragua, fue Lingotazo, número 178, un colorado que dobló las manos ya en las cosas del capote, para demostrar que su fuerza era equivalente a la de una gaseosa abierta hace una semana, por si alguno no lo había percibido en su agónica manera de echar las manitas por delante al llegar al capote. Le cita Ignacio González con buen son y el tal Lingotazo se va a la llamada para recibir 0,0 de quebranto, o sea que la suerte de varas fue como un teatrillo de títeres, porque en el Reglamento pone que hay que hacerlo. Y sin picar y todo, el bicho no se tenía en pie y eso que Curro Javier estuvo esforzadísimo tratando de convencerle de que allí todos estaban de su parte. Luego llegó la cosa muletera y Perera se dejó enganchar la muleta infinidad de veces y empezó ese sobeteo tedioso que los periodistas llaman “hacer al toro”, pero el rollo hacedor no caló y la cosa se fue poniendo harto pelmaza hasta que el extremeño decidió poner punto final al show mediante una estocada, baja y suficiente.

El segundo adefesio de la tarde era unos cuernos con un cuerpecillo detrás, más corzo que toro. Atendía por Ricardito, número 200, y venía del rancho de Núñez del Cuvillo, El Grullo. Su paso por el primer tercio, lo apagado de su carácter, lo rabiosillo que acomete a las faldillas para irse suelto de la primera y de la segunda, tiene su continuación en el segundo tercio, en el que se duele al sentir los arpones en el espaldar, pero llegando el tercio de muerte el animalejo se oxigena y parece que toma un poco más de fuelle cuando Ureña le cita para componer un bonito inicio con pases del desprecio. El animal es el toro de granja prototípico, el de todos los días, el de todas las Plazas donde en el cartel haya alguno de los que están en los seis u ocho primeros lugares del escalafón, y a este bobalicón Ureña le compone una faena bien concebida, estructurada, basada en la buena colocación, en el buen trazo del muletazo, en el toreo bueno, trayéndose al toro acaso un poco desde afuera en el primer muletazo, pero metiéndole en el camino, y templando una barbaridad. ¿Y qué faltaba? Pues faltaba la emoción del toro, porque ver al bicho ése era como ver a un perro. Un estocadón, por ejecución, y un poco contraria, por colocación, bastó para despenar al corzo.

El tercer espantajo de la tarde, con el hierro de Victoriano del Río y con el número 83 marcado a fuego, se llamaba Soleares, un zambombo feo, largo y magro. Mientras Ureña daba la vuelta al ruedo con la oreja del segundo, Perera se entretenía en el callejón en hacer estiramientos y en seguida se vio que aquello tenía su motivo, porque el recibo de capote a Soleares lo hizo rodilla en tierra, conduciendo con mucho conocimiento la embestida del toro, mostrándole el mundo de la embestida, y fue una lástima que perdiese el capote en el remate de los lances, porque fueron buenos y las gentes así lo reconocieron. Luego hizo un majestuoso galleo por chicuelinas para llevar al toro al caballo, muy parsimonioso, y el toro se echa al caballo y lo toma por los pechos, mientras Óscar Bernal, a los mandos, consigue la difícil ecuación de sujetar al toro defendiendo la cabalgadura del pasajero enfado de Soleares sin pegarle en demasía. Se cambia el tercio porque sí y porque ¿para qué ponerle otra vez? Buena brega de José Chacón en banderillas y bonita manera de llevarse al toro al burladero del 6 a una mano. Perera principia su faena con los estatuarios que suele hacer y en seguida se puede apreciar la condición sosa y bobísima del toro, que unida al tirar líneas del de La Puebla del Prior consigue que el público se vaya desentendiendo de lo que en el ruedo acontece. Faena larga y ayuna de colocación, que finaliza con un pinchazo, una estocada entera y un golpe de descabello. Un plomo.

El cuarto de la tarde, segundo de Juan Pedro, Indispuesto, número 70, jabonero claro, tenía más presencia que cualquiera de sus predecesores, era un toro más cuajado al que pusieron al caballo porque lo manda el Reglamento y que pasó de puntillas por el segundo tercio. Tras esas experiencias vitales optó por defenderse de cualquier manera y esa falta de disposición aguó las intenciones toreras de Ureña que le probó primeramente por el derecho cosechando una colección de enganchones fruto de los cabeceos del juampedro, y luego lo intentó por el izquierdo y por ahí el animal parecía que tenía algo más que decir, pero los muletazos había que sacarlos de uno en uno con flojo lucimiento. Visto el toro y su falta de condiciones ya sólo restaba dejarle una estocada rinconera con la que facilitar el trabajo del hondero.

La birria que salió en quinto lugar era una albondiguilla con cuernos que atendía por Portugués. Su número era el 62, al que en Ceuta denominan el piojo. Su deplorable paso por la cosa equina se resume en una entrada en la que mete la cabeza abajo y ni empuja ni le pegan y otra entrada en la que, directamente, no se le pica. La labor de la cuadrilla es mantener al animalejo en pie para que no arrecien las voces de los que piden su sustitución por indecoroso y dar lugar a que llegue el momento de la faena, que es donde los cuvis dan su do de pecho. El animal tenía un galope bondadoso y muy proactivo y Perera se da rápidamente cuenta de las condiciones del toro cuando, tras probarle, el toro se le viene de largo. A partir de ahí basa su faena en el cite a distancia, aceptado sin rechistar por el torillo, resuelto a su modo, más bien por las afueras. El animalejo es la máquina de embestir y la larga experiencia de Perera le ilumina para componer su faena en la que plantea cada serie en la distancia y resolviéndola con adornos. Hay un pequeño bache en la faena, pero él tiene recursos como para no dejar que la cosa se le vaya de las manos y su labor, larga como en él es habitual, la remata con unas bernardas en los medios. Luego, un pinchazo y un metisaca es el epílogo de su labor. El metisaca debió hacer un rato de daño al toro, porque el animal, que había estado todo el tiempo meneando la cola como un perrillo contento, dejó de moverla, se fue a tablas, al 9, y allí dobló y partió a ser uno con Idílico, el Señor de las Adelfas.

El mamarracho que hacía sexto, de Victoriano del Río, fue sacado de la plaza pública mediante la exhibición en el palco de un ínfimo pañuelito verde y en su lugar, con el hierro del 9 de Aleas, salió Mañanero, número 48, de José Vázquez, juampedro colmenareño, una liebre canija y encogida, descolgado de salida y con trazas de corraleado ante el que Ureña puso lo único que podía poner: su disposición. El toro recibió tres enjundiosos muletazos de Ureña y, cuando ya andábamos relamiéndonos, el bicho dijo que nones y corrió, rajado, hacia las tablas. A partir de ahí la cosa fue un tour de force entre los derrotes al pecho, las rebañaduras a ver lo que cae y la constante tendencia a huir del toro frente a la decisión del torero por sujetarle y meterle en su cesto. Consiguió algunos muletazos de gran exposición y de enorme integridad en tablas del 6 y cuando vio clara la ocasión le dejó una estocada al encuentro que resultó desprendida. A partir de ahí el toro se fue barbeando tablas hacia chiqueros y finalmente dobló junto al burladero del 10.

La enseñanza de esta tarde, acaso lo único que se ha sacado en claro de esta tibia tarde, es que Ureña puede dar la pelea a los jerifaltes del escalafón y a sus amados toros de granja, desplegando las maneras del toreo bueno.

La enseñanza de esta tarde, acaso lo único que se ha sacado en claro
de esta tibia tarde, es que Ureña puede dar la pelea
a los jerifaltes del escalafón y a sus amados toros de granja,
desplegando las maneras del toreo bueno












FIN

Al buen callar llaman Sancho / por Paco Mora


(Foto: Javier Arroyo)

Al buen callar llaman Sancho

Paco Mora
Como en el teatro no es el espectador del patio de butacas quien tiene que marcar la intensidad ni las pausas del dialogo, ni en el quirófano indicarle el paciente al cirujano como debe manejar el bisturí, tampoco en el toreo corresponde al publico ordenar el desarrollo de la lidia, y mucho menos que en el tercio de varas se le administre al toro un puyazo más o menos. Los actores, los médicos y los toreros son los que conocen su profesión y nadie tiene derecho a llevarles la mano. Ni siquiera los profesionales de la crítica están facultados, en el caso de la Fiesta de los Toros, para empeñarse en que un toro entre al caballo una, dos o tres veces. Eso, en palabras de Miguel Ángel Perera, ha quedado muy claro esta tarde ante los micrófonos de Movistar.

Perera, en función de la rotundidad y poderío de su muleta, es quien ha de decidir dejar al toro más o menos crudo en su encuentro con los caballos, porque según sea el segundo tercio tendrá más o menos posibilidades de ejecutar su toreo. Así lo ha expresado el de La Puebla de Prior, con toda razón y fundamento, esta tarde en el coso venteño. Y ello sin olvidar que hasta un matador con la larga trayectoria de Miguel Ángel se puede equivocar. ¡Figúrense los que estamos en el tendido o delante de un micrófono! Pero formamos parte de un país de “listillos” que en ocasiones no pasamos de “tocapelotas”.

El ejemplo se ha visto hoy en la plaza de la madrileña Calle de Alcalá. El tercer toro de Perera, quinto de la tarde, no ha hecho buena pelea con los jacos y ni siquiera el matador daba un euro por su duración en el último tercio. Y miren ustedes “las cosas de las cosas”, como diría Paula, el toro de Núñez del Cuvillo se ha puesto a embestir, en determinados momentos incluso a regañadientes, con codiciosa bravura y arrancándose desde el Parque del Retiro, queriéndose comer la muleta del extremeño que lo ha toreado a placer entre los oles de un público enardecido puesto en pie. De tal modo que posiblemente haya sido el gran colaborador de la faena más importante de las muchas que lleva Perera en Madrid. De haber acertado con la espada, dos orejas sin discusión hubieran ido a parar a las manos del torero, que habría abierto, creo que por octava vez, la puerta grande de Las Ventas.

El desarrollo pormenorizado de la tarde lo tienen ustedes aquí al lado. Yo solo quería explicarles, posibles y queridos lectores, la importancia que puede tener en ocasiones no pontificar metiéndose en berenjenales por los que solo saben circular los profesionales.

FERIA DE SAN MIGUEL ¡Santísima Maestranza! / por Antonio Lorca


El Juli es volteado por su segundo toro en la Maestranza de Sevilla. JOSÉ MANUEL VIDAL EFE

Ángel Jiménez cortó una sola oreja al mejor lote de una descastadísima corrida de Daniel Ruiz

¡Santísima Maestranza!

Antonio Lorca
EL PAÍS.COM, 29 sptbre.2019
Por mucho menos, nuestros abuelos invadían el ruedo y corrían a gorrazos a los toreros, pero los tiempos han cambiado y, hoy en una plaza se aguanta todo, sobre todo en la Maestranza, que, no es que sea buena, es santa.

Claro que nuestros antepasados eran aficionados de verdad, sabios y exigentes y no perdonaban una, y hoy abundan los espectadores ocasionales, tan generosos como indocumentados, de modo que soportan con estoicismo el engaño, y parece que lo hacen con gusto porque están dispuestos siempre al aplauso fácil a poco que una figura se ponga flamenca.
Solo así se entiende que la corrida no acabara en un desorden público con la intervención de las fuerzas de seguridad. Porque toda ella fue un gran despropósito, protagonizado por dos rutilantes figuras de la modernidad, una ganadería de moda y un chaval que tomó la alternativa y desaprovechó la ocasión para cortar cuatro orejas y poner el toreo boca abajo.

La primera llamada de atención es que la plaza solo se cubrió en sus tres cuartas partes: ¡Morante y Juli en Sevilla y sobraron varios miles de entradas! Muy preocupante y una clara muestra de que el torero de La Puebla ha cansado a muchos, y Julián López está muy visto.

Pues los dos exigieron —no hay la menor duda— la corrida de Daniel Ruiz, muy desigualmente presentada, algunos toros impresentables y otros fuera de tipo, todos muy cómodos de pitones, a excepción del sexto, y en su mayoría mansos, descastados, birriosos, lisiados, parados y amuermados. Destacaron por su aborregamiento los lotes de los dos toreros veteranos, insufribles en todos los tercios.

Un trincherazo y dos derechazos de Morante a su primero fue toda la obra del diestro sevillano, que ofreció una imagen tristona, aunque se desconoce si es algo natural en él o causada por el mal juego de sus toros. El tercio de varas del cuarto fue un escándalo; parado el toro de salida, se negó en redondo a entrar en el caballo, y así, como un marmolillo llegó a la otra vida entre las palmas de tango de los tendidos.

El Juli tampoco tuvo oponentes lidiables; muy desfondado el primero e inválido y deslucido el quinto, que le propinó una espectacular voltereta en la suerte suprema de la que salió desmadejado y, por fortuna, sin más daño físico en su anatomía que una herida en la frente de pronóstico leve. Explicable hasta cierto punto la actitud del toricantano Ángel Jiménez. Como todos los novilleros actuales llegó a la alternativa con poco bagaje y se le notó en demasía.

Le tocó el mejor lote, dos toros de triunfo: noble, con calidad y movilidad el primero, y encastado y codicioso el sexto, y solo cortó una oreja que pidió con cariño el paisanaje que llegó de su natal Écija.

Pero el chaval, entregado toda la tarde, no hizo los méritos suficientes que la ocasión requería. Le costó un mundo entender la buena condición de su noble primero, que le enganchó en exceso la muleta. Pero el toro fue de menos a más, de modo que humilló y persiguió la muleta con ritmo y buen son. Jiménez también mejoró, pero no en la medida deseada, y solo pudo lucir al final de la faena. Era un toro para comérselo y al toricantano se le indigestó.

Se fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al sexto de la tarde, y la plaza era un clamor. Tras una apresurada larga cambiada, trazó un manojo de verónicas apasionadas que hizo sonar la música.

El toro empujó en el segundo puyazo, galopó con alegría en banderillas y llegó a la muleta con ánimo de lanzar al torero al estrellato. Pero a punto estuvo el torero de lanzarse por el precipicio. Dio muchos pases, casi todos muy despegados y hacia fuera, se colocó mal, ventajista siempre, y su labor se fue diluyendo poco a poco. ¡Y estaba la plaza entregada! Deseosa de aplaudir y pedir los trofeos para el nuevo matador.

Ángel Jiménez no estuvo a la altura requerida. La oreja que paseó fue fruto del cariño y la generosidad de un público santo, pero no el justo premio a su labor, muy irregular y desvaída.

En fin, que la inexperiencia se paga. Es muy duro que esto ocurra el día de tu alternativa en Sevilla, en tarde de lujo; por todo ello, lo ocurrido con el torero ecijano es comprensible y, también, muy preocupante.
  • RUIZ / MORANTE, EL JULI, JIMÉNEZ

Toros de Daniel Ruiz, desigualmente presentados, cómodos de cara, muy mansos, muy descastados y muy blandos; noble y con movilidad el primero, y encastado el sexto.

Morante de la Puebla: dos pinchazos, media caída y dos descabellos (silencio); dos pinchazos, media atravesada y un descabello (silencio).

El Juli: pinchazo y media (silencio); cuatro pinchazos, media atravesada y dos descabellos (ovación).

Ángel Jiménez, que tomó la alternativa: pinchazo y estocada baja -aviso- (vuelta al ruedo); estocada (oreja).

Plaza de la Maestranza. 29 de septiembre. Segunda y última corrida de la Feria de San Miguel. Tres cuartos de entrada.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Colombo celebra su cumpleaños con un cinqueño de Valdefresno



Redacción 'Del toro al infinito' blogspot
Madrid, 29 sptbre. 2019 / Fotografías: Miguel Arboledas

Se aproxima la culminación de la temporada del matador venezolano, Jesús Enrique Colombo, en la monumental de las Ventas, en la que está anunciado para el sábado12 de Octubre en la 'Corrida de la Hispanidad', alternando con Eugenio de Mora y Gonzalo Caballero con reses de la ganadería de  Valdefresno. La intensa preparación para afrontar ese importante compromiso de gran significación para su futuro, le ha llevado al espada tachirense a "regalarse" un toro cinqueño del mismo hierro salmantino para su lidia y muerte en esta mañana dominical, para así celebrar el día de su cumpleaños precisamente en la festividad de San Miguel Arcángel. Vayan nuestras cordiales felicitaciones por tan singular aniversario con nuestros sinceros deseos de triunfo, y aun mejor, compartido con sus compañeros de terna en esa histórica fecha bajo el auspicio de Ntra. Sra. del Pilar, Patrona de la Hispanidad.
















CENTENARIO DE LA ALTERNATIVA DE "CHICUELO" / por Rafael Dupouy Gómez


El célebre diestro sevillano Manuel Jiménez “Chicuelo”. 
(Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Celebración del Centenario de su alternativa, a los 17 años de edad, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el 28 de septiembre de 1919, de manos de Juan Belmonte quien le cedió al toro “Vidriero” de Santa Coloma, ante la presencia de Manolo Belmonte.


Rafael Dupouy Gómez
Caracas, 28 Sptbre. 2019
Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo” vino al mundo, el 15 de abril de 1902, en la calle Betis, número 11, del barrio de Triana (Sevilla). Vivió y se crió desde pequeño en la sevillana Alameda de Hércules. Hijo del matador de toros Manuel Jiménez Vera “Chicuelo” (padre), quien tomó la alternativa el 15 de septiembre de 1901, en Madrid, de manos de Antonio Moreno “Lagartijillo”, cediéndole al toro “Jineto” de la ganadería de Pablo Romero. “Chicuelo” (padre), había estado regular ante el toro de su alternativa; durante la lidia de su segundo, estuvo mal y le devolvieron el toro a los corrales. El diestro en un arrebato de rabia y frustración intentó suicidarse, sin lograr su cometido. Durante su carrera taurina sobresalió por su arte y buen manejo del capote, siendo un elegante banderillero, destacándose por su forma eficiente de matar a los toros.

Como dato curioso, Manuel Jiménez Vera “Chicuelo” (padre) se presentó en Venezuela para torear en la temporada 1904-1905. Debutó en Caracas, el 27 de noviembre de 1904 en compañía de José Campos “Campitos”, también debutante. “Chicuelo” (padre) triunfó, repitiéndose el mismo cartel, el 4 de noviembre de 1904. El 18 de diciembre de 1904, se celebró en el Circo Metropolitano de Caracas una corrida a beneficio de “Chicuelo” (padre), lidiando y matando siete toros en solitario de la ganadería venezolana “El Banco”, siendo admirable el arte y valor que impuso esa tarde. El 25 de diciembre de 1904, “Chicuelo” (padre) se presentó con Emilio Soler “Canario”, su maestro, actuando de sobresaliente José Campos “Campitos”, el día siguiente, 26 de diciembre, triunfó en Cagua (Estado Aragua). El 1 de enero de 1905, “Chicuelo” (padre) compartió cartel con “Canario” y “Campitos”. El 8 de enero de 1905, “Chicuelo” (padre) se presentó con el venezolano Pablo Mirabal “El Rubio”, quien resultó corneado en la ingle y “Canario” que se fracturó el peroné a consecuencia de una voltereta. “Chicuelo” (padre) terminó la corrida escuchando palmas. Los astados pertenecieron a la ganadería del Gral. Juan Vicente Gómez. El 15 de enero de 1905, “Chicuelo” (padre), en la corrida de su beneficio y despedida de Venezuela, compartió cartel con los diestros venezolanos “El Rubio” y Vicente Mendoza “El Niño”, a quien le concedió la alternativa. Vicente Mendoza era el padre del popular matador de toros Julio Mendoza Palma. A “Chicuelo” (padre) lo acompañó en su cuadrilla, Eduardo Borrego Vega “Zocato”, la persona que crió e introdujo en el toreo a su hijo, el posteriormente famoso, Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo”.

Manuel Jiménez Vera “Chicuelo” (padre) anunciado y actuando en el Circo Metropolitano de Caracas, Venezuela, en 1904. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

“Chicuelo” (padre) enfermó de tuberculosis y falleció el 18 de noviembre de 1907. Su hijo, Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo”, tenía cinco años de edad cuando perdió a su padre. Su tío Eduardo Borrego Vega “Zocato”, se encargó, a la muerte de “Chicuelo” (padre), de criar, educar y formar a su sobrino como torero. Posteriormente, llegó a convertirse en su apoderado. Como dato curioso, el célebre diestro Ricardo Torres “Bombita”, organizó una suscripción en Sevilla a beneficio del desaparecido “Chicuelo” (padre) y “Pepete” tuvo la misma iniciativa en México en donde “Chicuelo” (padre) gozó de gran estima y simpatía.

Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo”, cosechó innumerables triunfos y se destacó como el mejor novillero de su época. A los 16 años debutó, el 19 de abril de 1919, en Sevilla. 

Tomó la alternativa a los 17 años de edad, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el 28 de septiembre de 1919, de manos de Juan Belmonte quien le cedió al toro “Vidriero” de Santa Coloma, ante la presencia de Manolo Belmonte. 

Alternativa de "Chicuelo" en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el 28 de septiembre de 1919, de manos de Juan Belmonte. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 30 de septiembre de 1919, en la misma plaza, “Chicuelo” fue el triunfador de la tarde al cortar dos orejas, alternando con Rafael Gómez “El Gallo”, Juan Belmonte y Manolo Belmonte, ante reses de Pérez de la Concha y de Rincón.

El 18 de junio de 1920, confirmó su alternativa en Madrid, lidiando al toro “Volandero” del Duque de Veragua, que no resultó bueno para su lucimiento. A su segundo enemigo, le realizó una gran faena, saliendo a hombros a pesar de no haber acertado con la espada. Compartió cartel con Rafael Gómez “El Gallo”, Juan Belmonte y Diego Mazquiarán “Fortuna”. El 21 de abril de 1921, lidiando reses de Miura en el Maestranza de Sevilla, “Chicuelo” cortó dos orejas, alternando con Rafael Gómez “El Gallo” y Manuel Granero. Realizó viaje a América, triunfando en Lima, Perú. Ese año sumó 70 corridas de toros.

En el magnífico libro escrito por mi recordado amigo, el destacado cronista taurino venezolano Dr. Pepe Cabello, “Toreros fuera del ruedo”, Manuel Jiménez “Chicuelo” le explicó cómo surgió la creación de la “chicuelina”, su principal aporte en la historia del toreo, además del pase de “costadillo” y el “delantal”. Recordaba que una tarde cualquiera en Sevilla, había ejecutado el lance, pero en Valencia (España), compartiendo cartel con Manuel Varé “Varelito” y Manuel Granero, el 9 de abril de 1922 ante el toro “Muleño” de Guadalest, se dio cuenta que había realizado una innovación en el toreo de capa, la “chicuelina”. Recordaba el maestro sevillano lo siguiente:

“Fue a un toro de Guadalest que le pertenecía a Granero, me embistió con fuerza. Yo había realizado esa tarde en Valencia (España) muchos quites, el público esperaba con interés mi intervención. Entonces giré con las manos en alto, envolviéndome con el capote, en seis oportunidades. ¡La gente enloqueció! Mi lance original era con las manos en alto, muy diferente a la “chicuelina” actual con los brazo caídos. Después de realizar el lance en Valencia (España), no me recordaba cómo había sido aquel momento de inspiración. ¡Y tuve que ensayar de nuevo para hacerlo! Existe la creencia que yo sólo toreaba con el capote, pero en verdad me considero como un buen muletero. Claro, mi “chicuelina” me dio mucha fama, la gente al escuchar el nombre de “Chicuelo” piensa en la capa”.

El 29 de septiembre de 1924, en la Maestranza de Sevilla ante ganado de Pérez de la Concha, “Chicuelo” triunfó cortando dos orejas y rabo. Lo acompañaron esa tarde los diestros Antonio Posada y Manuel Báez “Litri”. El 12 de octubre de 1924, en la misma plaza, volvió a triunfar cortando dos orejas. Actuaron el rejoneador cordobés don Antonio Cañero, Ignacio Sánchez Mejías que cortó una oreja esa tarde y Antonio Posada. Se lidiaron reses de Flores Íñiguez (2), Guadalest (2), Rincón (2) y Flores Tassara (1).

Manuel Jiménez “Chicuelo”, viajó a México y obtuvo numerosos triunfos importantes, especialmente en los años de 1924, 1925, 1926 y 1927, convirtiéndolo en un auténtico ídolo de la afición de ese país. Compartió varias veces cartel con Rodolfo Gaona. El 25 de enero de 1925, en la plaza de toros de El Toreo, México, D.F., realizó una gran faena al toro “Toledano” de la ganadería de Atenco, recibiendo los máximos trofeos. El 1 de febrero de 1925, en el coso de El Toreo, estoqueó cinco toros de San Mateo al resultar herido su compañero de cartel Rodolfo Gaona. “Chicuelo” le cortó las orejas y el rabo al toro “Lapicero”. El 25 de octubre de 1925, en la plaza de toros de El Toreo, México, D.F., realizó al toro “Dentista” de la ganadería de San Mateo, una faena inmortal y grandiosa, recibiendo a su enemigo con ocho espléndidas verónicas. Con la muleta, ejecutó alrededor de 25 pases naturales maravillosos, de la firma y por alto de gran factura. Le otorgaron las dos orejas y el rabo a pesar de no estar bien con la espada, saliendo cuatro veces a los medios para agradecer al público la ovación. Alternó esa tarde con los diestros el mexicano Juan Silveti y el español Manolo Martínez. También, en la misma plaza, el 26 de diciembre de 1926, nuevamente triunfó cortándole las dos orejas y el rabo al toro “Pintor”, cuarto de la tarde, de la ganadería mexicana de San Mateo. Alternó con los diestros Marcial Lalanda y José “Pepe” Ortiz. “Chicuelo” volvió a cortar dos orejas y el rabo, en la misma plaza, el 6 de febrero de 1927, a un toro de la ganadería de San Diego de los Padres, en la Corrida de la Prensa, en un mano a mano junto a José “Pepe” Ortiz, teniendo que soportar el torrencial aguacero que caía.

Manuel Jiménez “Chicuelo” contrajo matrimonio, el 10 de noviembre de 1927, con la bellísima y simpática Dolores Castro Ruiz, la popular bailaora y cupletista conocida como “Dora la Cordobesita”. La famosa esposa de “Chicuelo”, frecuentemente, aparecía fotografiada con sombrero cordobés y guitarra, en otras imágenes, se le podía ver luciendo montera y capote de paseo. Llegó a cautivar la atención del genio de la pintura Julio Romero de Torres, quien la inmortalizó en varios de sus cuadros sirviéndole de modelo.

El 24 de mayo de 1928, en Madrid, “Chicuelo” realizó al toro “Corchaíto” de la ganadería de don Graciliano Pérez Tabernero, una faena memorable, considerada por los críticos y aficionados taurinos como una de las mejores realizadas en todo el siglo XX. Destacaron sus series ligadas de naturales, su gracia sevillana y torería. Había pinchado en lo alto dos veces y colocó media estocada en buen sitio que le valieron, a petición del público, las dos orejas y el rabo. Ese año toreó un total de 81 corridas ocupando el primer lugar del escalafón taurino. El 28 de octubre de 1928, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, “Chicuelo” obtuvo otro triunfo clamoroso al cortar dos orejas y rabo, ante reses de Moreno Santamaría, en un mano a mano junto a Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”. 

La inolvidable faena de “Chicuelo” en Maracay (Venezuela)

En la Maestranza de Maracay, Venezuela, año 1935. De izquierda a derecha: Florencio Gómez Núñez, Vicente Barrera, Juan Vicente Gómez Núñez y Manuel Jiménez "Chicuelo". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Para las Ferias de Maracay de 1935, los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, contrataron a la gran figura del toreo de España, el genial artista sevillano, Manuel Jiménez “Chicuelo” que de todos los toreros de aquella época, era quizás el que tenía mayor personalidad. Con sus célebres “chicuelinas”, lance que se convirtió en innovación aportada por el toreo de capa del artista y que tanto interés despertó en el público. Señalaba mi abuelo Florencio al respecto: “A mi hermano Juan Vicente y a mí nos pareció interesante traerlo a Venezuela, especialmente, para presentarlo en la Maestranza de Maracay (Venezuela), porque “Chicuelo” representaba la gracia, el garbo y la elegancia. Era un torero muy fino y artista. El mejor cultivador del pase natural”.

Como en las Ferias anteriores, se presentaron subalternos de gran renombre y prestigio como: Benito Martín “Rubichi”, banderillero sevillano de corta estatura que era íntimo amigo de Manuel Jiménez “Chicuelo”. Ingresó en su cuadrilla en 1927, convirtiéndose en uno de los subalternos más solicitados. “Rubichi” y Rafael Ortega “Cuco” actuaron bajo las órdenes de “Chicuelo” en las tres corridas que toreó en Maracay.

El Programa de las Feria de Maracay de 1935, anunciaba lo siguiente: “Entusiasmo de los fanáticos por la colorida fiesta de la sangre y del sol y orgullo no tan sólo de los aficionados sino de todo buen venezolano, es el que podamos ver en nuestras arenas patrias a Vicente Barrera, quien con Ortega y Juan Belmonte integran la máxima trinidad del toreo español, y al famoso autor de las chicuelinas, Manuel Jiménez, “Chicuelo”. Justa admiración le debe la afición venezolana, a los señores don Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, propietarios de “La Providencia”, ganadería en la que cifran sus más ardientes esperanzas los verdaderos amantes de la magnífica fiesta, y sin cuya desinteresada cooperación e inteligentes esfuerzos, no habría tomado el auge que tienen actualmente entre nosotros, esta fiesta de la luz y del valor que bien se podría llamar, con absoluta propiedad: La Fiesta de la Raza”.

En la primera corrida de la Feria de Maracay, el 18 de enero de 1935, actuaron los diestros españoles Manuel Jiménez “Chicuelo” y Vicente Barrera en compañía del matador de toros mexicano David Liceaga. Se lidiaron tres toros media casta de “La Providencia” y tres toros de pura casta de Don Graciliano Pérez Tabernero. El Gral. Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, acudió a presenciar la corrida, que por cierto estuvo bastante animada por la gran concurrencia de público. Los diestros participantes lograron algunos detalles de buen arte. “Chicuelo” destacó por su toreo de capa, fino y variado. Con la muleta ejecutó algunos pases de calidad y clase, siendo muy ovacionado en el cuarto toro, dando la vuelta al ruedo. Lo más vistoso y destacado de la corrida, fueron los quites con el capote realizados por “Chicuelo” y Barrera al cuarto toro de Graciliano Pérez Tabernero que permitió el lucimiento de ambos, hasta provocar el delirio del público que premió la belleza de sus quites lanzando prendas y sombreros al redondel.

David Liceaga, sufrió una cornada de 15 centímetros de profundidad en la axila por un toro media casta de “La Providencia”, convirtiéndose en el primer torero herido por asta de toro en la Maestranza de Maracay. La cornada fue impresionante porque parecía que el toro lo había herido en el pecho El diestro mexicano fue trasladado, inmediatamente, a la enfermería siendo atendido por el personal médico que realizó una excelente intervención. “Chicuelo” tuvo que matar al toro con media estocada en lo alto y descabello.

En la segunda corrida de la Feria, celebrada el sábado 19 de enero de 1935, actuaron los diestros Manuel Jiménez “Chicuelo”, Eleazar Sananes “Rubito” y Vicente Barrera, enfrentándose a tres toros media casta de “La Providencia” y tres de pura casta de Don Antonio Pérez Tabernero. Esa corrida fue histórica y memorable, por lo que realizó “Chicuelo” aquella tarde, que hizo al público presente aplaudir con entusiasmo su extraordinaria faena.

Recordaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “En mi opinión, la faena más grande hecha en Venezuela fue la realizada por Manuel Jiménez "Chicuelo", en la Plaza de Toros Maestranza de Maracay el 19 de enero de 1935. El toro se llamaba “Carpintero”, era el cuarto de la tarde, marcado con el número 61, de Don Antonio Pérez Tabernero. “Chicuelo” le cortó las dos orejas y el rabo, pero no fue sólo por cortar las orejas y estar muy bien, sino por el arte que le imprimió el torero sevillano a ese toro.

Le pegó diez y seis naturales a un toro perfecto, bravo y noble. Fue el ejemplar mejor lidiado que he visto en Venezuela y quizás en mi vida, porque en España tampoco vi nunca a un toro tan bien lidiado como ese. A tal punto que esa faena la recuerdan todos los aficionados enormemente y no la pueden olvidar. "Chicuelo" toreó divinamente bien con el capote, con ese estilo clásico de sus verónicas a pies juntos y además haciendo el compás y dando una media verónica de las más grandes vistas por mí hasta este momento. Sensacionales y clásicas fueron las cinco "chicuelinas" que realizó al toro “Carpintero” de la gran faena de Maracay.

Manuel Jiménez “Chicuelo”, ejecutando su clásica “chicuelina” durante la célebre actuación en la Maestranza Maracay, Venezuela, el 19 de enero de 1935. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Jiménez “Chicuelo”, antes de irse para España, nos regaló el traje de luces tabaco y oro que vistió en esa memorable tarde, acompañado con una bonita dedicatoria. “Chicuelo” siempre recordaba con especial cariño, esa faena que realizó en Maracay, considerándola como una de las mejores ejecutadas por él, en toda su carrera taurina”.

La dedicatoria de Manuel Jiménez “Chicuelo” a los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, decía:

 “Con este traje tabaco y oro he toreado muy a mi gusto el toro N° 61, “Carpintero”, de Don Antonio Pérez Tabernero, de San Fernando, en la segunda corrida de la Feria de Maracay, la tarde del sábado 19 de enero de 1935. Lo regalo a los caballerosos aficionados, Don Juan Vicente y Don Florencio Gómez Núñez, con toda simpatía en demostración perdurable de mi afecto y amistad sinceros”.

Manuel Jiménez “Chicuelo”
(Maracay, 21 de enero de 1935)

Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, muestra la cariñosa dedicatoria que Manuel Jiménez "Chicuelo" le hizo a su abuelo Florencio y su tío Juan Vicente Gómez Núñez en 1935. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La crónica taurina publicada en el periódico “El Nuevo Diario”, reseñó sobre la gran faena de “Chicuelo”, lo siguiente: “Manuel Jiménez “Chicuelo” y Vicente Barrera cortan orejas y rabos. Sananes cumplió. Los toros de Antonio Pérez de San Fernando, excelentes, y buenos los de La Providencia. La corrida fue prestigiada por el Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, sus familiares y Cuerpo de Edecanes.

¿Cómo decir que torea “Chicuelo” con el capotillo? Decirle a nuestros lectores que con las manos muy bajas, pasando el toro muy cerca, mandándole como las propias rosas, cuidándolo muchísimo, suavemente, metiendo el capote en los hocicos desde muy lejos y llevándolo hipnotizado en todo el viaje, es cosa que ya han dicho todos, pero explicar cómo lo hace Manolillo Jiménez es imposible; solamente recurriré a decir que “Chicuelo” se copia a sí mismo, se mejora en cada lance y se parece solamente a Manuel Jiménez, el de Sevilla. Pero donde “Chicuelo” se salió de sus propias normas fue en la faenaza de muleta que escribió sobre las arenas del circo, en su toro cuarto, de D. Antonio Pérez de San Fernando; no lo olviden.

Prodigio de naturales como si hacerlos delante de un astado fuera la cosa más natural del mundo, sus preciosos pases de costadillo, de pecho, molinetes y ayudados por alto, siempre sobre la mano izquierda. Pero el gran mérito, el enorme mérito de esta faena, no fue la variedad y calidad de los pases que dio al bravo toro de casta, fue la serie de pases idénticos, sin alterar para nada el ritmo de la embestida del toro, ni hacer mover siquiera los machos de la taleguilla.

Fue en resumen una faena de cuarenta o cincuenta muletazos enormes, mejor siempre el último, ligada en un palmo de terreno, sin permitir que una sola vez metiera nadie el capote. Solo y en los medios toreó a placer, regalándose el ánimo, satisfaciéndose a sí mismo, y casi sin darse cuenta que miles de personas puestas en pie rugían y agitaban los pañuelos, pidiendo la oreja, cuando aún el diestro no había ni quería cuadrar al animal.

A matar entró como lo han dispuesto los técnicos y mandones de la torería, derecho y con la vista fija en el morrillo, para dejar una casi entera que tumba al toro patas arriba. En medio de atronadora ovación, corta orejas y rabo, con vuelta al ruedo, salida a los medios y el delirio que ha producido calentura al 90 por ciento de los espectadores. Si en lugar del técnico Henrique Chaumer, tenemos a otro, “Chicuelo” se trae el toro para el hotel de regalo; primero las orejas, después el rabo, las patas, la cabeza y el lomo. Ahí ha quedado esa faena, escrita por Manuel Jiménez “Chicuelo” en las arenas de la Maestranza de Maracay, en la tarde del 19 de enero del año de gracia 1935”.

Recordó Manuel Jiménez “Chicuelo”, en una charla en el hotel Colón de Sevilla con el cronista taurino venezolano Pepe Cabello, publicada en el libro “Toreros fuera del ruedo”, su memorable faena en Maracay, aquel 19 de enero de 1935: “Sinceramente considero que fue una de mis mejores faenas. Era bravo el toro y le pude dar muchos naturales. ¡Muchos!”

La tercera y última corrida de la Feria de Maracay fue celebrada el domingo 20 de enero de 1935. Componían el cartel los diestros: Manuel Jiménez “Chicuelo”, Vicente Barrera y Juan Martín Caro, “Chiquito de la Audiencia”. Marcó un gran acontecimiento taurino, y fue una corrida histórica, ya que por primera vez en Venezuela se lidiaron en una misma corrida seis toros españoles de pura casta. Tres toros de don Graciliano Pérez Tabernero, de Salamanca (Divisa: azul celeste, rosa y caña) y tres toros de pura casta de don Antonio Pérez, de San Fernando, Salamanca (Divisa: azul, encarnada y amarilla).

Manuel Jiménez “Chicuelo” fue ovacionado, fuertemente, después de realizar el paseíllo, como recuerdo de la extraordinaria faena realizada por él en la corrida anterior. Estuvo muy dispuesto y entregado en ambos toros. Volvió a deleitar al público asistente toreando con el capote. Con sus compañeros de cartel, hizo unos quites muy vistosos y los tres matadores fueron muy aplaudidos por sus magníficas demostraciones de arte. “Chicuelo” realizó una buena faena de muleta a su segundo toro que pudo ser premiada con la oreja, pero falló con la espada y esto le privó del trofeo. Vicente Barrera, consiguió un resonante triunfo realizando una faena variada y completa que le valieron las dos orejas y el rabo de su segundo toro.

El 7 de marzo de 1937, nació el hijo de Manuel Jiménez “Chicuelo”, Rafael Jiménez Castro, quien se convertiría, posteriormente, en matador de toros, anunciándose como “Chicuelo Hijo”, tomando la alternativa, el 6 de abril de 1958 en Sevilla de manos de Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez como testigo. Su padre Manuel Jiménez “Chicuelo” presenció emocionado desde el callejón la corrida. Otro de sus hijos, Manuel Jiménez Castro, también incursionó en el toreo como novillero.

El 2 de julio de 1939, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en la corrida de la Prensa, lidiando reses de don Clemente Tassara, Manuel Jiménez “Chicuelo”, le dio la alternativa a Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, actuando de testigo Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana. El maestro sevillano “Chicuelo”, cortó dos orejas y rabo; “Gitanillo de Triana”, cortó dos orejas y Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete, dos orejas. El 4 de junio de 1942, triunfa “Chicuelo” nuevamente en esa plaza de toros, ante reses de Núñez, en la corrida de la Prensa, cortando dos orejas y rabo, alternando con el “Andaluz” y Antonio Bienvenida.

Manuel Jiménez “Chicuelo”, concediéndole la alternativa a “Manolete”, el 2 de julio de 1939 en Sevilla. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Manuel Jiménez “Chicuelo”, se presentó nuevamente en tierra venezolana en 1940, actuando tres tardes en el Nuevo Circo de Caracas. El 14 de enero, en compañía de Antonio García “Maravilla” en un mano a mano, lidiando toros de la ganadería del marqués de Villamarta. Los diestros, a pesar de su buena voluntad, no pudieron lucirse por el comportamiento de las reses. El 21 de enero, se volvió a presentar “Chicuelo” con Joaquín Rodríguez “Cagancho” y José Ignacio Sánchez Mejías, quien recibió la alternativa de manos de “Chicuelo” (considerada no válida en España). Se lidiaron toros de la ganadería de doña Rosalía Surga. “Cagancho” fue el triunfador cortando dos orejas a su primer enemigo. “Chicuelo” sobresalió ante su primer toro realizando sus célebres “chicuelinas” y escuchó música en su segundo. El 28 de enero, se lidiaron toros de don Felipe Bartolomé para los matadores Manuel Jiménez “Chicuelo”, José Ignacio Sánchez Mejías y Jaime Pericás que cortó dos orejas y rabo a su segundo.

Su última actuación fue el 1 de noviembre de 1951 en Utrera, Sevilla, ante reses de Concha y Sierra, apadrinando a los doctorados Juanito Doblado y Juan de Dios Pareja Obregón. El 25 de abril de 1965, la muerte de su queridísima e inseparable esposa, Dolores Castro Ruiz “Dora la Cordobesita”, sumió a Manuel Jiménez “Chicuelo” en una profunda tristeza que afectó mucho su estado de ánimo. Fue un matrimonio feliz. “Chicuelo”, partió a su encuentro entregando su alma en Sevilla, el 31 de octubre de 1967. Como un merecido homenaje de reconocimiento y recuerdo a su torería, se inauguró una bellísima escultura en bronce de Manuel Jiménez “Chicuelo” en el barrio sevillano de la Alameda de Hércules por el alcalde de la ciudad, el 21 de agosto de 2009. Su hijo Rafael Jiménez Castro “Chicuelo Hijo” estuvo presente en el acto.

En el Centenario de su alternativa, he querido recordar en este artículo a la gran figura del toreo que fue Manuel Jiménez “Chicuelo”, quien dejó plasmadas para la posteridad faenas de ensueño como la realizada en la Maestranza de Maracay en 1935 y en otras plazas de toros importantes del mundo.