domingo, 31 de mayo de 2020

Juan Bautista,a corazón abierto en su autobiografía

El diestro de Arles presenta una obra que repasa su vida y su carrera desde el punto de vista más íntimo, reflexivo y personal. El libro publicado en castellano y francés sale a la venta este lunes y será presentado en distintas ciudades de Espala y Francia.
 “No se trata únicamente de recorrer mi trayectoria profesional sino de compartir con el lector y con el público un sinfín de recuerdos, de sensaciones, de pequeños detalles, que han conformado lo que soy como persona, como torero y ahora como empresario”, expone Juan Bautista.

Juan Bautista,a corazón abierto en su autobiografía

Burladero TV / 31 Mayo 2020
Juan Bautista contado por Juan Bautista. Una obra íntima, humana y personal donde el diestro de Arlés repasa toda su vida en primera persona. Su niñez, sus inicios, su consagración en los ruedos, su contexto personal, la figura esencial de Luc Jalabert, su retirada y su regreso, las tres Puertas Grandes de Madrid y en general un relato pasional y a la vez pausado de un torero que ha marcado un tiempo y una época en los ruedos. El torero y la persona, un mismo camino.

En la obra –publicada simultáneamente en castellano y francés- el diestro reflexiona sobra la vida, sobre la evolución del toreo y habla sobre su presente y futuro en el campo empresarial, sus proyectos a medio plazo, el pasado y el presente. Su futuro como ganadero, el apoderamiento y el camino que ha emprendido junto a Marco Pérez. A corazón abierto, Juan Bautista.

Las personas más influyentes y claves en su vida, en su carrera. Sus padres y su hermana, como ejes de sí mismo. Su esposa, sus hijos. Sus amigos, sus apoderados, su cuadrilla. Sus aficiones. La mirada más reflexiva de Juan Bautista vista por los ojos de Juan Bautista.

El libro fue presentado por el propio Juan Bautista este viernes en la finca familiar de La Chassagne en un acto al que asistieron medio centenar de personas cumpliendo las medidas de seguridad sanitaria. “No se trata únicamente de recorrer mi trayectoria profesional sino de compartir con el lector y con el público un sinfín de recuerdos, de sensaciones, de pequeños detalles, que han conformado lo que soy como persona, como torero y ahora como empresario”, expone Juan Bautista.

La obra sale a la venta este lunes en librerías de Francia y España. El libro que está ilustrado con fotografías del álbum familiar del torero y con otras que recuerdan sus éxitos más importantes en los ruedos de España, Francia y América, se puede adquirir también de forma telemática por los canales de venta de las principales cadenas de librerías.

Pentecostés sin toros en Nimes y Vic-Fezensac / por J-Charles Olvera- Francia


Ahora mismo se hubieran oído los clarines en los cosos de 1ª categoría de Nîmes y Vic-Fezensac, bastantes opuestos filosóficamente y taurinamente hablando.

Pentecostés sin toros en Nimes y Vic-Fezensac

Estos días festivos cristianos de Pentecostés en Francia son de las fechas taurinas cumbres de las temporadas francesas, como también lo son los festejos en torno al día marial del 15 de agosto (Bayona, Dax, Béziers, etc.).

Ahora mismo se hubieran oído los clarines en los cosos de 1ª categoría de Nîmes y Vic-Fezensac, bastantes opuestos filosóficamente y taurinamente hablando.

Desde Nîmes en el Sureste galo habría comenzado su feria champan (5 corridas previstas), la del toro artista y del toreo ‘varieté’ para parafrasear el mundo de la música francesa comercial.

Esa misma plaza es la que sirvió de experimentación durante décadas al empresario Simón Casas, con talento cierto pues este anfiteatro romano le sirvió de muestra de su capacidad de organizador de eventos taurinos y como trampolín para obtener por fin el Grial de todos los empresarios, el madrileño coso de Las Ventas.

Desde Vic en el Suroeste, otros clarines se hubieran oído sin lugar a dudas con música y sonido más jondo, para parafrasear esta vez el canto del mismo nombre. Plaza autentica por ser la 1ª arena torista gala de las icónicas que hay en Galia (Céret, Parentis, Alès o Boujan entre otras).

¿Qué decir de los carteles previstos en Vic estos días? Ayer sábado tenían que salir una novillada de Raso de Portillo y una corrida de Escolar Gil. Hoy domingo por la mañana se daría la tradicional corrida concurso (Partido de Resina, Valverde, Peñajara de Casta Jijona, Rehuelga, Flor de Jara y Los Maños) y por la tarde una corrida de Cebada Gago. Mañana lunes hubieran saltado al ruedo gascón erales de Pagès-Mailhan y por la tarde toros de Pedraza de Yeltes, con un lote digno de Madrid según se comentaba.


Nada de esto por el momento sea en Vic-Fezensac o en Nîmes, pero quién sabe si de aquí a fin de temporada y con la evolución y caída de la pandemia, algunas que otras plazas como estas anuncien algunos festejos.

De pronto esta semana se supo por fin de carteles que se darán en octubre en Francia: así es que el domingo 18 se prevé una doble jornada taurina (novillada matutina y corrida vespertina) en Istres, cerca de Marsella, con la participación del matador Juan Leal; el domingo siguiente día 25 se anuncia el festival taurino de Samadet (Landas) organizado por la peña taurina El Violín y el matador Marc Serrano, en beneficio de los ganaderos franceses que tanto sufren ahora.

Anuncios esperanzadores que no podrán ocultar la pena que pasamos por no vivir en este 2020 la pasión que hubiéramos tenido estos días en cosos diametralmente opuestos pero emblemáticos como lo son los de Nîmes y Vic-Fezensac.

El coronel Enrique de Vivero: «Los directores generales de la Policía y la Guardia Civil actúan como los comisarios políticos de la República»

Enrique de Vivero, el día de su despedida como jefe del Tercio Gran Capitán I de La Legión, en Melilla, posa en el despacho que ocupó Franco siendo teniente coronel en dicha unidad.

«Nos recuerda a los comisarios políticos que el Gobierno de la II República tenía instalados en todas las unidades al lado del mando operativo, al que vigilaban y controlaban».

El coronel Enrique de Vivero, en «Buenos días, España»: «Los directores generales de la Policía y la Guardia Civil actúan como los comisarios políticos de la República»

A. D. / Madrid, 31 Mayo 2020
Claro y rotundo, como siempre. El coronel de La Legión Enrique de Vivero volvió a mostrarse muy crítico con la gestión del Gobierno coincidiendo con la crisis delo coronavirus. Lo hizo una vez más ante los micrófonos de Radio Cadena Española, en el programa «Buenos días España», conducido y dirigido por Santiago Fontenla y que tuvo como tertulianos, además del propio de Vivero, al director de AD, Armando Robles y al historiador y profesor universitario Guillermo Rocafort.

Sobre el cese del coronel Pérez de los Cobos, de Vivero denunció las injerencias del Gobierno en la actuación judicial de la titular del Juzgado número 51 de Madrid, que instruye el sumario sobre la presunta responsabilidad del Ejecutivo en la propagación de la pandemia, al autorizar la manifestación feminista del 8-M.

«Los medios de comunicación al servicio del Gobierno y de la izquierda están intentando desprestigiar a la juez por el mero hecho ser hija y hermana de sendos coroneles de la Guardia Civil. Lo que no cuentan es que el abuelo de esta magistrada era comandante de la Guardia Civil en Navarra, en el año 36, y que fue fusilado por el bando nacional por no sumarse al Alzamiento», manifestó.

«Con esto quiero señalar que la magistrada Rodriguez Medel no actúa por simpatía a unos o por odio a otros, actúa con total profesionalidad e independencia. No es de recibo por tanto que los partidos de izquierdas y sus terminales mediáticas argumenten que la juez está contra el Gobierno o contra el Ministro del Interior», subrayó.

También denunció que el ministro del Interior, Grande Marlaska, pretende «manipular» a la Benemérita. «El titular de Interior ha cometido una cascada de errores. Obligar al coronel de los Cobos a proporcionar información sobre las diligencias instruidas, presuntamente podría ser constitutivo de un delito de prevaricación y coacciones», dijo.

Enrique de Vivero llegó aún más lejos al asegurar que el Ejecutivo de Sánchez lo que pretende es conformar una cúpula de la Guardia Civil cercana a sus intereses políticos.

También consideró un error el mantenimiento de la actual estructura del instituto armado, con los directores generales políticos. «Los directores generales de la Policía Nacional y de la Guardia Civil actúan como comisarios políticos. Nos recuerda a los comisarios políticos que el Gobierno de la II República tenía instalados en todas las unidades al lado del mando operativo, al que vigilaban y controlaban».

María Gámez, directora general de la Guardia Civil.

Lamentó también la inacción de la directora general de la Guardia Civil, la socialista María Gámez. Subrayó que Gámez «fue designada para un puesto para el que no está cualificada, pero sí cobrando un gran sueldo». «En la estructura de la Guardia Civil no debe haber un político de director general político. Este puesto por encima del DAO no aporta nada».

El coronel Enrique de Vivero lamentó por último que la Dirección General de la Guardia Civil fuese creada «para tener bajo vigilancia y control» a sus miembros.

Elegía de mayo en Madrid / por José Ramón Márquez


Mayo de silencio en Las Ventas; mayo extraño sin las ilusiones, la expectación y la decepción, la ira, la exigencia, la entrega, el aplauso, la pasión; mayo que va de Escolar a Victorino, del Partido de Resina a Miura, de Adolfo a Cuadri y a Baltasar Ibán, mayo de muchos mayos, de José Antonio Campuzano dictando la ley de la estocada al volapié...

…cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte…

Gabriel Celaya
José Ramón Márquez
Pureza y emoción /Viernes 29 de mayo de 2020, 
Mayo de silencio en Madrid. Mayo extraño de silencio y de vacío con la Muerte corriendo por los bulevares, por las plazuelas del Madrid de los Austrias, por el Ensanche, por el Madrid financiero de los edificios imponentes de vidrio y fealdad. Por los cinturones de ronda anda rondando la parca y la Muerte está presente en cada esquina, en cada mirada, en todos los lugares menos en el luminoso sitio donde cada tarde de mayo se la conjura y se la vence de manera ritual a las siete de la tarde. Mayo de silencio de Madrid, mayo de 2020, con la impostada alegría de algunos insensatos que atruenan los vecindarios con músicas extemporáneas y con absurdas, tristísimas, “verbenas de balcones”. Mayo de silencio en Madrid, sin los genuinos ritos del mayo madrileño en loor de San Isidro Labrador, del Isidro de los isidros, del Isidro de la fuente milagrosa, de las rosquillas tontas y listas, del Isidro de la feria de toros en Las Ventas del Espíritu Santo, de las cuarenta tardes en la piedra mirando al cielo, como labradores, a ver si esta tarde va a llover o si se echa de una vez el viento, maldito viento.

Mayo de silencio en Las Ventas, el escenario de todas nuestras tardes de mayo de los últimos siete lustros: mayo extraño sin las ilusiones, la expectación y la decepción, la ira, la exigencia, la entrega, el aplauso, la pasión; mayo que va de Escolar a Victorino, del Partido de Resina a Miura, de Adolfo a Cuadri y a Baltasar Ibán, mayo de muchos mayos, de José Antonio Campuzano dictando la ley de la estocada al volapié, de Pepín improvisando genialmente tres derechazos en los que se contiene toda la inspiración, de Antoñete crujiendo sus cascados huesos en la media verónica definitiva, de Paquito Esplá yendo al toro con la montera puesta, de Ángel Teruel dando guapamente el medio pecho al toro, de Frascuelo iniciando por bajo la faena, de Manolo Cortés echando el capote adelante y lanceando a la verónica con todo su cuerpo entero, con toda su raza. Mayo de bailes de corrales y luego de éxtasis con Curro Romero, de bronca en el tendido y de entrega cerrada a aquél que ‘lo hizo’, tardes de ¡cojo! y de ¡fuera! y de ¡torero!, de silbidos y de pañoladas, de los últimos Urcolas, todos ellos como tigres chorreados en verdugo, tardes de opiniones contrarias y de unanimidades, de un par al sesgo y otro huyendo, tardes de susto y de hule, de caídas de latiguillo, de verónicas de pegolete, de Rafaelillo dando el pecho a una alimaña, del Lili bendiciendo al tendido a su manera antes de banderillear, de la perfecta suavidad del capote de seda del Boni dejando al toro fijado. Tardes de toros, mayo en Las Ventas hurtado.

Mayo de silencio y de añoranza de los amigos a los que no vamos a ver y de todos aquellos que, cada uno a su manera, ayudaron a que la afición fuese creciendo y haciéndose fuerte, de Julián y su “¡empalma otra vara” a Alfonso y su “estocada arriba, pero un poco caída”; de las madrugadas junto a la inteligente lectura de los “Ritos y Juegos del toro” de Óscar, al pobre de Quico, que se fue a comprar una lavadora el día que César Rincón la lió, porque “yo paso de ver a ese indio”; de Manolo Gallarín, capaz de convertir con su verbo la más tediosa de las tardes en “una página del Cossío” al Salvador de “¿a quién defiende la autoridad?”, de Pascual, partidario de Palomar y (¿quién podría imaginarlo?) soriano de pro, y también aquellos con los que nunca cruzamos una palabra, con aquel personaje del cráneo embadurnado en betún para simular el pelo que no tenía, con el de “¡no te precipotes”, con el Diamante Rubio de gafas de pasta sin cristales y atronadores palmetazos, con don Juan Font, con quien siempre nos comunicamos en la distancia (¡ya está bien, señor Font!) o el pelmazo almohadillero especializado en turistas, tan espeso. Todos aquellos que ya no están y, como un escalofrío, la tremenda premonición de los que, cuando volvamos, ya no van a estar más.

Mayo de silencio en las tabernas, en los bares donde las faenas se aumentan o se denuestan, en el Guarro, en el Puerta Grande, en los Timbales, el Braulio, el Toribio, en la Venta de Leandro, en la taberna de don Ramón de la Cruz, en el Albero, en la Tienta, en Salvador o en los del otro lado del Puente de Ventas, en esas sucursales del tendido donde se discute la estocada, donde se echa mano de Guerrita o del Espartero en el fragor de la disputa a cuerpo limpio, donde siempre planea sobre los contendientes la descalificación del “es que no tienes ni p… idea”, ese infamante sambenito. Bares que han visto rehacer y renacer a las mejores faenas: “mira: el toro es ese barril, entonces tú…”, bares donde se han reescrito las normas de la tauromaquia, con una caña de cerveza en la mano, sin ningún don José de la Tixera que lo haya ido apuntando, bares de discusión, de afirmación de la verdad de cada cual, ateneos del olor a fritanga en los que medirse y probarse frente a los otros, sosteniendo cada uno su verdad. Bares del fuera de cacho y del cargar la suerte, donde se ha explicado una y mil veces la manera de ligar sin perder pasos y ‘echando la pata alante’, bares donde una vez pasaron Manolo Montoliú o Michelín, donde se han fijado tauromaquias al amor de una de callos o de mollejas, de un vaso de vino y de un plato de jamón.

Mayo de silencio en Madrid, deambulando espectralmente por las calles a las siete de la tarde, para contemplar el desconocido mundo de este Madrid de las tardes de mayo en este mayo en el que todas las tardes son como esas tardes, pasada la Feria, que se tornan largas y tediosas sin los ritos de mayo: el atasco de la calle de Alcalá, el ambiente en la explanada, la apresurada subida por las escaleras, el fragor de la emoción, el aplauso y la protesta, el corrillo junto a la puerta a la salida, la ensoñación con lo ‘arrematao’ en el camino de vuelta a casa. Y en cambio, he aquí este mayo silente de puertas cerradas, con los carteles del Domingo de Ramos y de Resurrección pegados junto a las taquillas, los tristísimos carteles que proclaman el inicio de una temporada que en Las Ventas ni siquiera llegó a iniciarse, anunciando nada a los viandantes, imponente vacío de “No hay billetes”, mientras en lo alto de la Puerta Grande tres banderas a media asta avisan, torvamente, de la presencia cercana de la Muerte.

Por José Ramón Márquez
Abonado de la plaza de toros de Madrid

No lo irrite señor ministro / po Paco Mora

Debe saber el señor Rodríguez Uribes que si medio campo español no está ya desertizado es por la esforzada labor de los ganaderos, cuyos problemas él está empeñado en ignorar. Y le aseguro al señor ministro que es mucho más difícil ser criador de toros bravos que ministro

No lo irrite señor ministro

Paco Mora
AplausoS / 31 Mayo 2020
El último movimiento que ha realizado el ministro Rodríguez Uribes en el tablero de ajedrez en que ha convertido el Ministerio de Cultura ha sido echarle el muerto de las posibles, que no probables, ayudas al sector taurino a los gobiernos autonómicos y a los ayuntamientos. Se ha lavado las manos como Pilatos y aquí paz y después gloria. No se quiere manchar, ni siquiera salpicarse los bajos de los pantalones adoptando ninguna decisión que pueda paliar la desesperada situación económica que ha traído la pandemia de Covid-19 al sector. Y eso, ignorando paladinamente la cantidad de millones de euros que ingresan cada temporada las arcas del Estado procedentes del sector taurino. Una cosa es no ser aficionado a los toros, como el citado ministro, y otra cosa es demostrar su desprecio hacia el toreo y todo lo que significa en la cultura e incluso en la economía del país.
Criar un toro durante cuatro o cinco años para al final tener que mandarlo al matadero, vendiendo por 350 euros lo que puesto en la arena significaría unos 5.000, parte importante de los cuales los ha consumido el propio toro entre el pienso, los cuidados veterinarios y los sueldos de mayorales y cuidadores desde que nace hasta que va a parar a los corrales de una plaza de toros para ser lidiado, es una auténtica ruina. Una ruina que muy pocos ganaderos pueden superar. Porque hay que decir, para quienes lo ignoren, que no todos los criadores de toros bravos son ricos, ni siquiera la mayoría. La cría del toro bravo tiene mucho de afición en la mayor parte de los ganaderos, que se conforman simplemente con no perder, aquello que se dice “lo comido por lo servido”. Eso por no hacer este escrito interminable refiriéndonos a los miles de seres humanos que resuelven su vida en el sector de referencia como gañanes, trabadores del campo, subalternos y personal que significa poner en pie una temporada taurina, que este año no ingresarán ni un euro ¿...?

Los ganaderos que lo son por tradición familiar se pueden contar con los dedos de una mano y puede que sobren dedos. La mayoría de ellos continúan en el difícil cometido porque son hombres de campo, en el que nacieron ellos, sus padres, sus abuelos y en muchos casos sus bisabuelos y tatarabuelos. Y debe saber el señor Rodríguez Uribes que si medio campo español no está ya desertizado es por la esforzada labor de estos hombres, cuyos problemas él está empeñado en ignorar. Y le aseguro al señor ministro que es mucho más difícil ser criador de toros bravos que ministro. Acreditar una ganadería de bravo, o simplemente mantener su crédito, no es cosa que toque en una tómbola, y un Ministerio en muchos casos tal parece a juzgar por la manera de actuar y los resultados finales.

En cualquier caso, al mundo del toreo, en tanto en cuanto que arte, cultura y espectáculo, le esperan tiempos difíciles, porque el Gobierno se está plegando al empeño de destruirlo de ese ministro, del cual dijo Sánchez que ni él ni el noventa por ciento de los españoles podrían dormir tranquilos con él en el Gobierno. Ministro que, sabiendo a ciencia cierta que miente, se empeña en identificar la afición a los toros con el señoritismo, los ricachones y el facherío. El citado enemigo público número uno que le ha salido a la Fiesta, como un sarpullido maldito, sabe bien que poetas, escritores, políticos e incluso militares que se jugaron la vida defendiendo la República, fueron grandes aficionados. Y el señor Uribes también lo sabe, pero quien le hizo ministro le debe haber dicho “sotto voce” refiriéndose a nuestro depredador: “No me lo irrites...”. Y el hombre, bien mandado, y deseoso de continuar en el machito el mayor tiempo posible, sigue el consejo a rajatabla.


San Isidro. Saltillo/Moreno Silva. De repente, la única verdad de la tauromaquia: el toro de lidia. Cazarrata / por José Ramón Márquez

José Legrá, el Puma de Baracoa, ante la Plaza
Premonición de espectáculo

Hoy don José Joaquín Moreno de Silva ha echado en Las Ventas una corrida de toros que lo mismo podría haberla echado en la Plaza Vieja o en la de la Puerta de Alcalá, toros vareados extremadamente serios, con muchísima casta y de condición predominantemente mansa..

Saltillo/Moreno Silva. De repente, la única verdad de la tauromaquia: el toro de lidia. Cazarrata

José Ramón Márquez
¿Y si son tan malos por qué nadie se aburrió? He aquí la cuestión, la principal. Llevamos media vida con la misma monserga y una tarde, una entre un millón, que sale el ganado con otras maneras, resulta que nadie se aburre en la Plaza, que nadie puede apartar sus ojos de lo que pasa en el ruedo. Y lo cierto es que pasan muchísimas cosas, lo que ocurre es que no son las de cada día, las del “¡Bieeeeennnn!,” porque hoy la cosa hoy iba en un registro totalmente distinto del de todos los días.

El toro, cuando nos aficionamos a esto, era un ser furioso y agresivo. Los relatos de aquellos que derrotaban en tablas destrozando la barrera, que rompían las puertas de los chiqueros y se echaban a la Plaza inesperadamente, de aquellos que saltaban al tendido sembrando el pánico, de los que se aquerenciaban con el cuerpo muerto de un caballo y defendían su presa, de los marrajos entablerados a los que había que meter la mano a paso de banderillas, de los que saltaban al callejón sembrando el desconcierto, de los mansos fuertemente aquerenciados en chiqueros, excitaban muchísimo más la imaginación de un infante que las verónicas de alhelí, de las que por cierto nadie le hablaba. El toro era la furia sobre la tierra, el terror hecho animal. Luego, con los años, la cosa ya se fue a otros derroteros y resultó que esto de los toros era cosa de arte y que como no hay quien haga arte con la furia y el terror, mejor ir quitando esos comportamientos. Aquellos polvos del arte trajeron los lodos del descaste, que eso en suma es lo que significa lo de la “toreabilidad” y todo el rollo patatero del “toro artista”.

Hoy don José Joaquín Moreno de Silva ha echado en Las Ventas una corrida de toros que lo mismo podría haberla echado en la Plaza Vieja o en la de la Puerta de Alcalá, toros vareados extremadamente serios, con muchísima casta y de condición predominantemente mansa: hoy el señor Moreno de Silva ha echado en Madrid una golosina para un aficionado como yo, que busca denodadamente en los toros las máximas dificultades. Y no es que se quieran dificultades por el morbo de ver lo mal que las pasan todos los actuantes, desde luego, sino porque como tantas veces hemos dicho los toreros malos o malísimos, que son casi todos, brillan mucho más con el ganado malo, áspero, difícil e incierto. Ante la tesitura, lo humano es ponerse del lado del ser humano cuando lo que tiene enfrente es un leviatán con las peores intenciones. A las pruebas me remito: hoy Sánchez Vara recibió una ovación por dar un trapazo y una estocada a su segundo. Ni lidia, ni doblarse, ni tocarle los costados ni nada, un trapazo y un bajonazo y a cambio una ovación porque todo el mundo estaba con el torero -como debe ser- poniéndose en su piel en el trance enrevesado en el que se encontraba. Nadie en la Plaza se habría cambiado por Sánchez Vara, todo el mundo entendía el torbellino en que se andaba, y de ahí ni media censura y además palmas al doblar el toro.

El grave problema que plantea la corrida de Moreno Silva es que se puede decir que no hay quien sea capaz de estar dignamente con ella. Hoy en la Andanada volvieron a pronunciarse los nombres de Ruiz Miguel, Paco Esplá, Dámaso Gómez, Damaso González, Manili o Domingo Valderrama para acabar concluyendo en que no hay nadie hoy en día -excepto acaso Ferrera, apunta un joven aficionado- capaz de estar con arrojo, solvencia y torería frente a los saltillos de la divisa blanca y negra, que hasta en eso son de otra época.

El punto crucial de la corrida ha sido el cuarto, Cazarrata, número 45. El toro se entera una barbaridad de lo que pasa a su alrededor y no atiende más que a su santa voluntad. Echa a Sánchez Vara al callejón en el saludo de capote, ataca a los caballos como y cuando le da la gana, unas veces rodeándolos, otras de cualquier manera, de cerca o de lejos, sin emplearse lo más mínimo y sin que nadie sepa encelarle o hacerle la carioca que todos los días hacen a los bobos, se lleva bastantes recuerdos de su paso por los del kevlar, pero le sacan el pañuelo encarnado de las banderillas negras, que hace la torta de tiempo que no veíamos, y no se duele lo más mínimo en las banderillas negras puestas con entrega y oportunidad por Rafael González y Lucas Benítez. Después recibe un muletazo y un espadazo de Sánchez Vara, como se dijo más arriba. Sin embargo, había que estar en la Plaza y ver el sentido del toro, el peligro de sus extemporáneas embestidas, la forma de atacar por sorpresa a una presa bien elegida de antemano, el festival de capotes por el suelo, las gorras de los areneros haciendo quites y todos los espectadores sin poder quitar la vista del toro y de sus violentas acometidas con la cara siempre alta, que no era toro que haya humillado una sola vez en su vida pública, ni que haya abierto la boca, ni que haya regalado una sola embestida. El demonio.

La corrida empezó con Millorquito, número 27, un toro fino de hechuras que manseó lo suyo en el caballo y que tampoco estaba por la cosa de la humillación. Sánchez Vara tiró de oficio y el agua no le llegó al cuello. Le esperaba un poco más tarde el trago del Cazarrata.

Mandarín, número 55, le correspondió a Alberto Aguilar. Era cárdeno al igual que el resto del encierro. Lo picó de manera deplorable Francisco Javier Sánchez y se puso complicado en banderillas. Aguilar construyó su faena con los mimbres contemporáneos, pero el toro no era de esta época. Era toro de tres o cuatro series mandonas y un espadazo. El animal se orientó y cada vez se fue complicando a medida que Aguilar no se daba cuenta de que debía cortar la faena. Lo mató como pudo.

A José Carlos Venegas le tocó vérselas con Luvino, número 43. Es otro manso que corre de un picador a otro sin atender a los capotes y que por decisión de su matador se queda crudo en varas. En banderillas arrea un montón y da opción a que David Adalid ponga uno de los mejores pares de banderillas que recordamos en nuestra vida de aficionados, grandioso par de poder a poder con el toro corriendo fuerte hacia el torero con las peores intenciones, este templa perfectamente la violenta embestida, cuadra y clava guapamente en la misma cara del toro y sale limpiamente como los grandes poniendo a la Plaza en pie. El toro es muy peligroso y Venegas intenta hacer lo que sabe, lo que le habrán enseñado, que no es ni mucho menos lo que correspondía a las condiciones del toro. No es capaz el torero de acabar con él en el tiempo fijado, más un generoso regalo de tiempo extra de parte del Presidente, y Luvino se va a que lo apuntillase don Ángel Zaragoza en chiqueros tan fresco como cuando salió, sólo que con la espalda hecha cisco de los puyazos alevosos y con una estocada dentro.

El quinto -no hay quinto malo- es Jabalinoso, número 67. Aguilar no ve claro lo de ir a parar al toro y manda -ninguna censura en ello, pues es preferible que los toros los paren los peones, sobre todo si no son del tipo bobo cotidiano- a César del Puerto, que ha hecho lo más torero de la tarde en cuanto a toreo, lidiando por bajo al toro con sabiduría y oficio. Luego resulta que el toro no era un leviatán y que, sobreponiéndose un poco al ambiente, se le podían sacar pases. Alberto Aguilar está ahí, pero la emoción la pone el toro a causa de su incertidumbre.

El sexto, Morisco, número 39, tiró con facilidad el caballo que montaba Gustavo Martos, que luego le picó fuerte, pero no vengativamente. Volvió a banderillear Adalid con suficiencia y llegó a manos de Venegas manseando, con la cara alta, tirando cornadas y enterándose. Venegas abrevió, visto lo visto.

Todos los días vemos al toro aborregado, derrengado, mustio. Hoy hemos visto otra cosa muy lejos de ese animal que ya sale del chiquero vencido de antemano. A esto de hoy no habrá nadie del toro que lo defienda, como tampoco habrá ecologista alguno que se disponga a abrazarlo. A estos sólo los queremos cuatro cavernícolas.

David Adalid
Torero, torero, torero

El vellocino de Zaius

Velador

El punto Riefenstahl

Los pobres del Palko de Karmena

Rubio Silva

Juventud oficial

Juventud real

Casta saltilla

Millorquito

Fernández el de la Cifu, tras sus antiparras

Horca caudina

Gómez, el Novato

El campo

El gran Adalid


Pareó de poder a poder al fiero Luvino...

...y nos puso la carne de gallina

El precio de ser el mejor en España es que nadie lo llama

¿No me ves sin chirimbolos
que al viento sangren su engaño?

Ven aquí, toro castaño

Mira tú si no es locura

Yo, mi junco y mi cintura

Tú, latín de quinto año

Restos de la batalla

Panorama desde el puente

Vivo y a los corrales

Dios y ayuda le costó a Florito sacar al muerto

Cazarrata
Simplemente El Demonio

Qué toro, Cazarrata, para el poderío de Julián, el barbillazo de Morante o el caderazo de Manzanares

Pañuelo colorado

Banderillas negras

Cazarrata al acoso

El sunami de Cazarrata deja el ruedo sembrado

Mucha gente

Más capotes

Más capotes

Más muletas

Guernica

Adalid en su segunda par al sexto, Morisco

Las Ventas, 31 de Mayo de 2016

sábado, 30 de mayo de 2020

Marlaska, el chuekista de Interior / por Eduardo García Serrano


“¡Pero qué se habrá creído el coronel Pérez de los Cobos! ¡Que se olvide de que su divisa es el Honor! ¡Destituído! Su divisa no es más que el interés y la voluntad del Gobierno. Y si no le gusta, que le den por dónde a mí me gusta.” Firmado: Fernando Pigmeo-Marlaska, chuequista de Interior.

Marlaska, el chuekista de Interior

EDUARDO GARCÍA SERRANO
El Correo de España - 27 Mayo 2020
Socialistas y comunistas ignoran lo que es el Honor. De esa mutilación moral, de esa minusvalía espiritual, de esa tara que bestializa a la izquierda nacen todos los horrores con los que han martirizado a la Humanidad desde que aparecieron en el escenario de la Historia para llenarla de dolor y de sangre, de terror y de cadenas, de miseria y de mierda. Esa es la única dote de socialistas y comunistas y su única herencia. Siempre, aunque los pueblos lobotomizados por su forraje propagandístico no escarmienten.

No saben lo que es el Honor, por eso hacen de la mentira la esencia de su dialéctica y la médula de su retórica. No saben lo que es el Honor, por eso convierten el crimen en una herramienta política consagrándolo como un imperativo social. Lenin, su dios pagano, les dio una regla y una bandera tan simples como escalofriantes: “Contra los cuerpos, la tortura. Contra las almas, la mentira”.

No saben lo que es el Honor, por eso detestan a la Guardia Civil, aunque por necesidades logísticas e imponderables tácticos se vean obligados a soportarla, siempre con recelo, intentando prostituirla para convertirla en su modelo policial de referencia: la KGB o la Estasi, cuerpos policiales nacidos contra los pueblos y contra las naciones a las que los socialistas y los comunistas destruyeron para edificar los campos de concentración, las chekas y las mazmorras de la Dictadura del Proletariado. La KGB y la Estasi nacen para proteger a los asesinos de la justa rebelión de los pueblos por ellos torturados. Por el contrario, la Guardia Civil nace para proteger al pueblo del crimen y del bandolerismo. Y cuando la investigación de la Guardia Civil sobre el bandolerismo que le dio carnaza al Coronavirus el 8 de marzo llega a los arrabales del Gobierno y de la Moncloa, el chuequista de Interior, Fernando Pigmeo-Marlaska, aborta la investigación y destituye al coronel de la Guardia Civil que la dirigía con pericia, eficacia, diligencia y Honor.

“¡Pero qué se habrá creído el coronel Pérez de los Cobos! ¡Que se olvide de que su divisa es el Honor! ¡Destituído! Su divisa no es más que el interés y la voluntad del Gobierno. Y si no le gusta, que le den por dónde a mí me gusta.” Firmado: Fernando Pigmeo-Marlaska, chuequista de Interior.

Macarena: lágrimas negras... / por Álvaro R. del Moral

Juan Manuel Rodríguez Ojeda cubrió a la Virgen de la Esperanza de gasas de luto el 31 de mayo de 1920 en el fastuoso funeral celebrado en San Gil por el alma de Joselito.

Macarena: lágrimas negras...

ÁLVARO R. DEL MORAL
El Correo /Sevilla, 30 Mayo 2020 
Joselito había alcanzado al fin la paz en el nicho provisional en el que fue depositado en el anochecer del 19 de mayo de 1920. Al día siguiente se celebraron los fastuosos funerales catedralicios. Pero la Hermandad de la Macarena seguía teniendo una deuda pendiente con su hermano y benefactor –motor de la impresionante revolución estética que se opera en manos de Juan Manuel Rodríguez Ojeda- que había caído, precisamente, detentando el oficio de consiliario de la junta de gobierno de la corporación de la Madrugada.

Fue en ese clima de turbación, precisamente, en el que se gestó la famosa cuestación popular para sufragar la célebre pluma de oro de Muñoz y Pabón, erigido en vehemente defensor del torero desde las páginas de El Correo de Andalucía después de la polémica surgida por la alcurnia de los funerales dedicados por el Cabildo. Sin solución de continuidad la hermandad de la Macarena iba a preparar las honras fúnebres en el altar mayor de la parroquia de San Gil, trasladando a la mismísima Virgen de la Esperanza desde su capilla. El acta del cabildo de oficiales justificaba la máxima importancia de ese funeral “en atención a las circunstancias que concurrían en el finado de prestar desinteresadamente su valioso concurso en pro del engrandecimiento de esta Hermandad”. La fecha, finalmente, se fijó para el 31 de mayo

Llegados a este punto hay que volver a evocar el triángulo creativo y revolucionario en el que operaron tres hombres irrepetibles: José, Pabón y Juan Manuel, que gravitaron en todas las órbitas del tsunami creativo que convirtió la antigua cofradía castiza de la puerta de la Macarena en madre y maestra de la Semana Santa popular del futuro. El canónigo ya había rehabilitado la figura de Gallito, discutido por algunas fuerzas vivas de la ciudad después de recibir honras de infante en la catedral: “Joselito contribuyó como un Príncipe a todo lo noble, a todo lo grande, a todo lo santo que se proyectó en Sevilla...” Ahora le tocaba mover ficha a Rodríguez Ojeda...
Rodríguez Ojeda levantó este impresionante túmulo
 delante del altar mayor de San Gil.

Un impresionante túmulo

El investigador e historiador José León recoge un curioso dato que merece ser subrayado: Juan Manuel, que estaba a punto de ser elevado a teniente de hermano mayor de la Macarena, se había marchado al Rocío después de la muerte de Joselito. No está de más recordar también la implicación del torero –y del propio Ojeda- en la devoción rociera bajo el pastoreo –cómo no- de Muñoz y Pabón. El canónigo de Hinojos contó con ellos en el vertiginoso y decidido proceso que desembocó en la coronación canónica de la Reina de las Marismas, poco menos de un año antes del trágico final de Joselito en Talavera de la Reina.

El Lunes de Pentecostés de aquel año cayó en un 24 de mayo y el miércoles 26, entre las carretas de Triana, desembarcó de nuevo en la ciudad el genial bordador que debió pasar los cuatro días siguientes localizando y recopilando un amplio catálogo de piezas bordadas y enseres que le iban a servir para levantar una tremenda maquinaria funeraria. Pero Rodríguez Ojeda iba a ir mucho más allá. En su imaginación, seguramente, ya había ideado una de las más inconfundibles –también la más breve- iconografías de la Virgen de la Esperanza.

El genial bordador cubrió de gasas negras a la Virgen de la Esperanza
 y la situó en el altar mayor de la parroquia de San Gil

La Esperanza de luto

Juan Manuel, decidido a sublimar la importancia del gran torero y la amistad de su amigo José, no dudó en vestir a la Esperanza de riguroso luto. Esa imagen pertenece a la memoria de aquel tiempo irrepetible aunque el paso de los años y hasta ciertas leyendas domésticas le habían dado un aire casi onírico. Pero aquello no fue un sueño aunque sí un hecho irrepetible del que ahora se cumple un siglo exacto. El creador macareno echó el resto, levantando un fabuloso túmulo en la nave central de San Gil que casi tocaba el techo. Entre bordados, cornucopias, blandones, candelabros y hasta los faldones del palio de la Esperanza, la tremenda maquinaria fúnebre estaba rematada por un palio de tumbilla que protegía el simbólico féretro, cubierto por un paño fúnebre y acompañado de la vara de consiliario de Joselito.

Pero más allá de aquel montaje que evocaba las efímeras arquitecturas barrocas, Rodríguez Ojeda iba a crear una de las estampas más originales e inconfundibles de la Esperanza Macarena, a la que situó en un altar provisional, bajo un dosel negro plantado en el presbiterio de San Gil. La Virgen aparecía recubierta de gasas y velos negros que transparentaban los bordados de la saya y el manto y la blonda blanca de su toca. No podía ser de otra forma: la Macarena tocaba su cabeza con la fastuosa corona de la joyería Reyes que había soñado Muñoz y Pabón; diseñado Juan Manuel y financiado José con el producto de una novillada veraniega celebrada en la plaza de la Maestranza en 1912. Un pañuelo de encaje –la letrilla popular decía que la Macarena había llorado lágrimas de verdad a la muerte de Joselito- ponía en contrapunto blanco al llanto demoledor –esas lágrimas negras- por el rey de los toreros.

La crónica de El Correo de Andalucía vuelve a servir de hilo de aquella histórica jornada: “...a las diez se entonó la vigilia, por una nutrida capilla de voces, con acompañamiento de orquesta, y seguidamente se cantó la solemne misa de Réquiem del maestro Calahorra, oficiando el predicador de la ciudad, D. José Sebastián y Bandarán. Terminada la misa se cantaron solemnes responsos. El duelo fue presidido por el Canónigo Lectoral, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón...”

Aunque existen otras leyendas y tradiciones familiares al respecto, León ha documentado minuciosamente la autoría de la famosa fotografía de la Virgen enlutada. Fue realizada por Ángel Montes y seguramente retocada por Castellano en el célebre estudio que compartían en la calle Feria. Pero la imagen sería retomada por Juan José Serrano para ilustrar la revista ‘Mundo Gráfico’ hasta convertirse en todo un icono de la época.

El mausoleo de Benlliure
José, como ya vimos, había sido sepultado de forma provisional en un nicho del cementerio de San Fernando pero los planes de la familia eran muy distintos. Es interesante destacar un dato rescatado por el profesor Andrés Amorós en el boletín ‘Esperanza Nuestra’ de la propia Hermandad. Ignacio Sánchez Mejías escribió el 25 de julio de 1920, dos meses después de la tragedia de Talavera, a José Luque Ibáñez, hermano mayor de la Macarena, para pedir un deseo que no podría ser atendido. “En nombre de los herederos del diestro fallecido y en el suyo propio, le ruega exponga al Cabildo General de la Hermandad el deseo de trasladar los restos mortales del infortunado torero del cementerio de San Fernando a la capilla de la Virgen de la Esperanza, en la parroquia de San Gil”.

Mariano Benlliure concibió toda una elegía funeraria fundida en bronce

Pero los acontecimientos acabarían dando un giro definitivo. Finalmente fue el propio Ignacio, erigido en cabeza de la familia Gómez Ortega, el que acabaría contactando con Mariano Benlliure para encargar el definitivo mausoleo. Los trabajos se formalizaron al año siguiente de la tragedia. El famoso escultor valenciano culminaría esa elegía en bronce y mármol en 1924 aunque pasarían dos años más antes de ser instalado sobre la cripta de Joselito, que había sido concedida a los hermanos Gómez Ortega por un acuerdo del ayuntamiento hispalense para permitir la construcción del panteón.

La obra magna de Mariano Benlliure fue expuesta en el Palacio de las Bellas Artes –también llamado de Arte Antiguo- de la inminente Exposición Iberoamericana antes de ser emplazada definitivamente en el cementerio en 1926. Benlliure empleó el bronce para el cortejo funerario reservando la blancura del mármol para retratar al coloso caído. El creador recurrió a algunas reminiscencias medievales para trazar ese coro de porteadores que, más allá de las influencias de otros grupos escultóricos como ‘Los burgueses de Calais’ de Rodin, funciona como un auténtico retrato coral que sigue a la inconfundible imagen de la Esperanza Macarena, tal y como la había ataviado Juan Manuel Rodríguez Ojeda el 31 de mayo de 1920. La figura es sostenida por una mujer joven que se ha señalado como María, la mujer del cantaor Curro el de la Jeroma.

El creador valenciano empleó el mármol para retratar
 a Joselito camino de la eternidad

Pero Benlliure, que muestra su faceta más costumbrista en el atavío del conjunto, recurre a otras licencias, como el retrato del famoso ganadero Eduardo Miura –que ya había fallecido cuando cayó Joselito- como portador del féretro del Rey de los toreros. El escultor valenciano también inmortalizó a Ignacio Sánchez Mejías sin saber que estaba anticipando su monumento funerario diez años largos. Ignacio murió después de la larga agonía que siguió a la horrenda cornada de Manzanares en agosto de 1934 y sería sepultado junto a su cuñado, bajo el ese tremendo mausoleo al que nunca le faltaron las flores de una damita de la clase que siempre guardó la ausencia de Joselito.