lunes, 23 de mayo de 2011

MANZANARES EN ESTADO DE GRACIA, GARIBAY CORNADO / Jardinero de San Mateo.

-Ignacio Garibay cornado por el Partido de Resina-

MANZANARES EN ESTADO DE GRACIA, GARIBAY CORNADO

Jardinero de San Mateo.

Domingo, 22 de Mayo de 2011.-
Tendremos que volver a varias décadas atrás para recordar el éxito rotundo y convincente de un torero en espacio de tan pocos días, quizá Cesar Rincón hace casi 20 años. José María Manzanares, hijo del glorioso matador alicantino del mismo nombre, ha puesto de cabeza a las dos plazas más importantes de España. Primero, en Sevilla a un toro de Núñez del Cuvillo, “Arrojado”, lo indultó, hecho que no había ocurrido más que a un novillo de Albaserrada en 1965. No fue gran cosa lo que hizo Manzanares con la capa y el toro no se esmeró empujando con el caballo pero al llegar a la muleta mostró extraordinaria nobleza al encuentro de un artista que con innegable elegancia, suavidad y tersura le instrumentó, primero derechazos con la muleta barriendo el ruedo y luego remates de pecho barriendo los lomos que hicieron que la Real Maestranza se cimbrara. El toro, siempre presto a la muleta, fue embarcado en naturales de calificación superlativa. Estábamos ante la consumación de una obra maestra que el conocedor público de Sevilla clamó, sino unánimemente, en su enorme mayoría, por el indulto. El animal era medido en todos los terrenos como resultan ser las reses de Núñez del (N)Cuvillo, seleccionados por las figuras. Pero algo más, si eso es posible, fue lo que ofreció el mismo maestro el miércoles pasado, ahora con otra res del mismo hierro en la plaza de Las Ventas. “Trapajoso” se llamaba y no inspiraba grandes cosas después de derribar al piquero, pero Manzanares está en estado de gracia, en la cumbre de su carrera y lo que los toros no dan, él se los ofrece. Ha encontrado los tiempos y las distancias a la perfección y luego de problemas con su físico que no le permitieron que se le viera en México este año, se le ve más sereno y consciente de sus enormes facultades y su sentido artístico que lo hará comparable con su señor padre. No es muy amplio el repertorio, que no se necesita, los pases clásicos, el derechazo que se prolonga hasta el éxtasis con pleno dominio de la muñeca desde que se cuadra hasta la larga, serena, tranquila y suave embestida hasta que da salida, colocándose en el sitio perfecto para ligar el siguiente pase. Abundan los de pecho y remata con trincherazos. Sabe irse del toro en el momento preciso para darle respiro, para que el aficionado paladee lo visto y después instrumenta naturales de una belleza que hoy por hoy, difícilmente tienen rival. En Madrid, dio cátedra de cómo se mata recibiendo, como allá se dice: “tiene un cañón” y despacha a sus enemigos en forma insuperable. Si bien es muy temprano para hacer juicios, especialmente porque el maestro de Chiva no tuvo suerte otra vez en Valencia y no está acartelado en Madrid y José Tomás tomará las armas en dos meses en Valencia, hoy por hoy el joven Manzanares está en la cima de la tauromaquia con Morante de la Puebla y Julián López. No desestimo en nada el momento de Alejandro Talavante, ni tampoco el de Miguel Ángel Perera.

Menudo paquete el que le esperaba hoy a Ignacio Garibay, 11 años de carrera, algunos grandes triunfos y muchos más sonoros fracasos. Había la esperanza de que si se decidiera, que parece ser su limitación, para que pudiese pisar fuerte en la capital del toreo mundial, y lo tendría que hacer hoy. Si nos atuviésemos al trapío de las cuatro reses que pastaban en la marisma de Aznalcázar (los antiguos pabloromeros), tenía enfrente a los toros más bellos del campo bravo. Pero la histórica ganadería, ahora Partido de Resina, anda dando tumbos de tiempo atrás. Este año la camada llegó a dos corridas y dos toros de concurso, sin embargo a Francia no irá por la “carta verde” y para la corrida de hoy se fueron para atrás dos toros. Garibay lidió el primero de Nazario Ibañez y su segundo, “Morito”, era una impresionante catedral de 672 kilos, sí, 672 con una percha vuelta, impresionante. Con “Matoncillo”, el 1º., un cromo, resultó manso y débil de manos, Ignacio lo intentó templar y logró dos tandas ligadas con la derecha que fueron fuertemente aplaudidas, después el público se enfrió y no quedaron más que detalles, matando de pinchazo y estocada caída.

Cubrió la hazaña de lidiar a su segundo, un cárdeno obscuro cinqueño, que fue recibido muy bien por el respetable, pero que después mostró las peores maneras, suelto, manso, huidizo, barbeando en tablas y huyendo del caballo. Al rajado no había que hacerle nada pero Ignacio mostró voluntad y responsabilidad y brindó la muerte a tres toreros de otra época, Rincón, Palomo y Eloy y se decidió a plantarle cara, exponiendo. Lo logró sacar de tablas con maestría e intentó pasárselo por la derecha, pero en el primer remate, un pase de pecho, el elefante hizo por él, lo prendió en el muslo derecho y luego lo envió por los aires con una cornada de más de 25 cms. Valiente, sin inmutarse, Ignacio con la cornada encima, intentó matarlo, primero con una media baja y luego lo logró con el cuarto descabello. A pie fue a la enfermería y dio testimonio de valentía. Pero si no hubiese sido por la cornada, poco tendríamos que reseñar. En los tendidos vimos que la clase del toro mexicana no vive penurias y muchos se mostraron en los tendidos, como algunas veces no ocurre ni en la Plaza México. Pese a las 12 orejas en 12 festejos, incluyendo el baño de Ventura a Hermoso ayer, el ganado ha dejado mucho qué desear y solo las figuras han reafirmado su sitio.

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