viernes, 18 de noviembre de 2011

¿CULPABLES? / Por Fernando García Terrell



¿CULPABLES? 

Fernando García Terrel 

 La Fiesta Española, la de los toros, a la que algunos les molesta que se le llame nacional y otros la tildan de internacional, la que no inventó Franco, la que desde 1723 en que Felipe V prohibiese a sus cortesanos torear a caballo, surgiendo los modestos matatoros y pajes que comenzaron a torear a pie por en las ciudades más importantes, ante el entusiasmo del público, era y es, eso, toda una fiesta que en principio tan solo se celebraba en días festivos. 

En las fiestas patronales de la localidad, en las que entonces tenían carácter de festividad nacional, en los domingos y en conmemoraciones excepcionales, se celebraban las corridas de toros o novillos hasta que en 1947, aquel empresario de las Ventas, de origen belga, D. Livinio Stuick, inventara para bien o para mal, la Feria de San Isidro, compuesta por siete festejos que se celebrarían ya en días lectivos aunque no en número tan exagerado como ahora. En la misma plaza y en su misma feria y en presencia de la actriz Ava Gardner, se televisó la primer corrida toros, el 21 de mayo de 1959 y sigo preguntándome, al igual que sobre el famoso ciclo madrileño, si fue para bien o para mal ¿si se captaron nuevos aficionados o por contra muchos optaron por sentarse ante el televisor del bar o de su casa, en lugar de acudir a la plaza? 

Quizás tras estos hitos se esconde parte de las consecuencias por las que la fiesta de los toros está atravesando. ¿Mandan en el cotarro taurino español los empresarios madrileños? ¿de su feria surgen las figuras y las otras valen para poco? ¿los vicios de Madrid, como disponer de cuantos sobreros se quiera o negar trofeos pese a las peticiones mayoritarias, deben ser imitados por el resto de las plazas? ¿es bueno retrasmitir tantos festejos, algunos de tan poca calidad? ¿está influyendo la televisión la ausencia de los posibles aficionados en las plazas? 

Estas y muchas más preguntas me hago y sigo pensando que estábamos mejor antes, al menos la Fiesta no tenida tantos novios, tantos redentores, no necesitaba de nadie. Ahora, todos quieren salvarla de una situación a la que la han llevado los que la administraron y explotaron en las últimas décadas. Ha pasado de depender del Ministerio de Interior al de Cultura pero desconozco otra intervención administrativa de este Departamento, salvo el haber creado su rimbombante Premio Nacional de Tauromaquia dotado con un exagerado importe económico- nada menos que de 30.000 euros- en desacuerdo con los tiempos que atravesamos. Y además de eso ¿qué ha hecho? Nada o poco. 

En este galimatías cada cual puede erigirse en doctor y recetarle su propia medicina. Salvador Boix, apoderado de José Tomás, hasta hace poco desconocido en el planeta taurino, dice que las administraciones públicas están haciendo mucho daño a la fiesta y por eso es partidario de la total autorregulación del toreo. Lo dijo Blas punto redondo. 

Las familias taurinas y entre ellas la de José Luis Lozano, que califica el momento actual de decadencia de la Fiesta, ejercieron de empresarios, apoderados, y ganaderos, fueron y son los mandones del toreo desde los años 60 pero y no han sido capaces de acercar el toreo a la gente ni aportan remedios para solucionar la presunta decadencia. Hicieron de ella un coto privado al que nadie tenía acceso y seguramente sean los culpables de esta situación. La Mesa del Toro, el G-10, La Federación de Peñas Taurinas, la Asociación Nacional Taurina de Presidentes de España, la ILP,… y un largo sequito de vanos defensores de la Fiesta, innecesarios tiempos atrás, son los que están propagando la problemática, realzando los problemas y creando más confusión. Me gustaba más la pureza y tradición de antaño sin tanto intervencionismo. 

Pese a que la ministra Chacón diga estar ahora en contra de las prohibiciones y el propio Rajoy afirme que defenderá las corridas de toros en Cataluña, me temo que es mera propaganda electoralista y los resultados los comprobaremos tras estos comicios. De de cualquier forma ya no me apetece volver a ver una corrida de toros en Barcelona.

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