viernes, 27 de diciembre de 2013

Una decisión miserable / Luis Felipe Utrera-Molina Gómez


José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia
  • La Junta del Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid, en silencio, nocturnidad y alevosía y hurtando a la Junta General convocada el debate sobre el asunto, ha decidido retirar los honores concedidos a José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde por otra Junta de Gobierno en el mes de marzo de 1939.

"...La decisión respecto al anterior Jefe del Estado cabe enmarcarla en la categoría gregaria de las actuaciones de «antifranquismo retrospectivo», que denotan, además de una terrible falta de perspectiva histórica, una carencia considerable de valentía. Sin embargo, la retirada de honores a José Antonio Primo de Rivera, abogado colegiado asesinado en 1936, sólo merece el calificativo de mezquina y miserable..."

Luis Felipe Utrera-Molina Gómez
Abogado / Arriba
La Junta del Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid, en silencio, nocturnidad y alevosía y hurtando a la Junta General convocada el debate sobre el asunto, ha decidido retirar los honores concedidos a José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde por otra Junta de Gobierno en el mes de marzo de 1939.

La decisión respecto al anterior Jefe del Estado cabe enmarcarla en la categoría gregaria de las actuaciones de «antifranquismo retrospectivo», que denotan, además de una terrible falta de perspectiva histórica, una carencia considerable de valentía. Sin embargo, la retirada de honores a José Antonio Primo de Rivera, abogado colegiado asesinado en 1936, sólo merece el calificativo de mezquina y miserable.

José Antonio fue, desde muy joven, un abogado brillante y profundamente enamorado de su vocación jurídica. Sin haber cumplido los treinta años, tras escuchar un informe oral suyo el Tribunal Supremo, el entonces Decano del Colegio Francisco Bergamín –que defendía a su contrario- comenzó su intervención diciendo que acababa de escuchar a una gloria del foro. José Antonio quiso separar su vocación política –a la que llegó para defender el nombre de su padre- de su vocación como jurista. Como él mismo diría un año antes de ser asesinado: “Seamos, pues, políticos, francamente, cuando nos movamos por inquietudes políticas; y luego, en nuestros trabajos profesionales, tengamos la pulcritud de no traer ingredientes de fuera. El juego impasible de las normas es siempre más seguro que nuestra apreciación personal, lo mismo que la balanza pesa con más rigor que nuestra mano. Cuidemos una técnica limpia y exacta, y no olvidemos que en el Derecho toda construcción confusa lleva en el fondo, agazapada, una injusticia.”

Prestó su último servicio como abogado en un memorable y estremecedor informe oral ante el Tribunal Popular de Alicante -que ya tenía de antemano decidida su ejecución- en su propia defensa y en la de su hermano y su cuñada. Al día siguiente, ya condenado a muerte, escribiría con insólita serenidad lo siguiente: 

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. (…) Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. (…). A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. 

Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas.”

El 6 de septiembre de 1936, la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados, tras declarar su fervorosa adhesión al gobierno del Frente Popular “y, continuando en su misión, tanto de apoyo a la legalidad constitucional como de colaboración en la obra revolucionaria de transformar profundamente la magistratura y de crear la nueva Justicia popular” decidió expulsar de su seno, por indeseables, a 25 colegiados, entre los cuales figuraban Gil Robles, Alcalá Zamora y José Antonio, entonces preso en la prisión de Alicante así como otros, varios de los cuales fueron asesinados en Paracuellos del Jarama poco después de haber sido señalados.

“Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.”. 

Así se expresaba horas, antes de caer fulminado bajo el trallazo de las balas, el político más excepcional que ha conocido España durante el siglo XX y que, sin embargo, sigue siendo para muchos un perfecto desconocido.

El pasado jueves, otra Junta Colegial, interpretando a la perfección la partitura del odio que había escrito previamente una sectaria asociación de abogados de corte marxista, cometió la postrera villanía de escupir sobre la tumba de un auténtico modelo de hombre y de abogado que entregó su vida por España. Mi hermano César y otros muchos compañeros me acompañaron hasta la madrugada del viernes para tratar de dar testimonio de dignidad ante la felonía que se proponía perpetrar. Pero la Junta de Gobierno nos hurtó la posibilidad de pronunciarnos ocultando arteramente que había hecho suya tan miserable proposición. No importa. Entrada ya la noche, cuando salíamos de aquella Junta, algunos sabíamos que, entre los luceros de la noche clara, nos iluminaba uno que brillaba con la luz propia de la enorme dignidad que jamás una Junta de gobierno de tan escasa talla podrá mancillar.


2 comentarios:

  1. Cierto es, gente miserable profesionales del odio y de la revancha que habrçan disfrutado de los beneficios de una España próspera y grande gracias al trabajo sacrificio del pueblo español bajo el auspicio de la ideas y la obra de héroes como José Antonio y El Caudillo.

    Descansen en paz y viva en nuestros corazones el recuerdo de gratitud y respeto a su memoria.

    Feliz Año para todos, incluídos los revanchistas de izuierda comunista.
    Angeles Paradinas

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  2. No va a ser fácil hacer un comentario sobre “Una decisión miserable” y que no se moleste nadie.

    Tratare de la forma que mejor sepa y pueda de hacer este comentario y que todos tengamos algo muy importante dentro de nuestros corazones, para eso tendremos que recordar algunas cosas. Fechas, cristiandad, ideología, razonamiento y fanatismo.

    Cuando hablo de fechas, me estoy refiriendo a estos días de fin de año cuando estamos celebrando la Navidad ¿y que es la Navidad?

    La Navidad es la celebración del Nacimiento de Cristo; que tuvo lugar en Belén, un pueblo de Palestina, hace aproximadamente dos mil años. Se celebra el 25 de diciembre. El mensaje de la Navidad va dirigido a todos los hombres que pueblan el planeta Tierra, pues ya dijo el Ángel que anunció a los pastores el nacimiento del niño Jesús: “Paz a todos los hombres de buena voluntad”. Pero realmente tiene un significado mayor para los cristianos, ya sean católicos, protestantes u ortodoxos, ya que creen que el Niño que nace en Belén, es Hijo de Dios. Para los cristianos, este tiempo litúrgico supone volver a encontrarnos con el Señor en la humildad de una cuna, en adorar al Rey del Universo en un pobre pesebre, y en pensar en las enseñanzas que se nos transmiten en ese Belén: ahí nadie se reserva nada, todo es sencillez y alegría. Durante estos días, estamos llamados a una unión fraternal entre todos nosotros.

    Creo que con esto queda meridianamente claro como aplican la cristiandad algunos y algunas.

    Lo escrito por D. Luis Felipe, me parece correcto, no así el comentario de Doña Ángeles, donde sobra “gente miserable profesionales del odio”.

    Si tenemos en cuenta que ideología es el pensamiento de ideas fundamentales de una doctrina o una época, es muy fácil entender lo escrito por el Sr Utrera. Otra cosa muy distinta es retirar la distinción a Franco, que nunca llego a ser abogado.

    Es por eso que es muy importante el razonamiento, sin el no podemos llegar a conseguir ese proceso mental por el que, conectando conceptos y proposiciones se obtiene conclusiones.

    Lógicamente para ese buen razonamiento, la persona tiene que estar vacía de fanatismo, por que de lo contrario siempre habrá una adhesión incondicional a una causa, que tratara de defender con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones.

    No voy a entrar para nada en valorar las palabras y los hechos dependiendo de quien los haga y quien lo diga. Todos sabemos como se valora las medidas políticas tomadas si viene desde la derecha o de la izquierda. Y la persona para ser leal y decente tiene que despojarse de toda la hipocresía mediática y fanática y reconocer las cosas, y así no evitaremos pensar que lo que hace uno está muy bien, y cuando lo mismo lo hace el otro está muy mal.

    Feliz Navidad

    Enrique Castillo

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