miércoles, 19 de noviembre de 2014

El diálogo de los actores del toreo sigue en punto muerto / por Álvaro Rodríguez del Moral


"...y nos marchamos a Bogotá. La ejemplar reacción coral de las primeras figuras del toreo -brillaron por su ausencia Morante y José Tomás- ha demostrado que a veces si se quiere también se puede. La llamada de César Rincón, el ejemplo de los novilleros en huelga de hambre y la capacidad de reacción de la crema del toreo nos dan que pensar. ¿Por qué no se orquestó algo similar en Barcelona y San Sebastián?..."


El diálogo de los actores del toreo sigue en punto muerto


Sevilla, 18 de noviembre de 2014 

Aquí no hay quién viva. 
El toreo anda sumido en una pueril política de buenos y malos que recuerda esas películas en las que sólo morían los indios o los alemanes, que solían comerse crudos a los niños y pisaban el rabo de los perros. Algo así estamos viviendo estos días. Se suceden comunicados y más comunicados pero el entendimiento definitivo entre dos de los tres pilares fundamentales del toreo sigue estando cada vez más lejos. Este viaje a ninguna parte coincide en lugar y tiempo con el repunte del acoso antitaurino, la recesión económica y la destaurinización de la sociedad. 
El mensaje de los empresarios necesitaría estar acompañado de una sincera autocrítica pero también contiene algunas denuncias urgentes que precisan dejar quieto el balón. Es una pescadilla que se muerde la cola: todos están de acuerdo en que el espectáculo es caro; se reconoce que no cubre costes y se tiene claro que para que la gente vuelva a la plaza hay aumentar la calidad y bajar las entradas. Aten esa mosca por el rabo o lleven el caso a un congreso de economistas. Sudarán tinta.

Viajes a ninguna parte. 
Mientras tanto, las aguas del toreo siguen bajando revueltas. No hay forma de reconducir el diálogo de sordos que vuelve a enredar a patronos y toreros sin conseguir que remen en la misma dirección. Puede que los intereses sean distintos pero, al fin y al cabo, se juegan el mismo pan. Las elegías empresariales, servidas en dos platos, han sido sucedidas por un comunicado de la Unión de Toreros que sólo sirve para seguir mareando la perdiz. La asociación de coletas reconoce algunas de las denuncias vertidas por los empresarios pero también les espetan -y no les falta razón- que no están obligados a acudir a los concursos de explotación cuando consideren que no se reúnen las garantías suficientes. El papelito se endurece -es algo que ya se venía comentando por las esquinas- al acusar a ANOET de rechazar la mano de los toreros para negociar con las propiedades de las plazas para revisar algunas condiciones de explotación que envenenan el sueño de los toreros. Ahí se señala -sin nombrarla- cierta plaza y ciertos dueños que andan en la picota. Pero este documento también se hace eco de una situación que, hasta ahora, sólo se había lamentado en voz baja: nos referimos a la calderilla que cobran los diestros del pelotón que arman macroferias como las de Madrid. A nadie le ha convenido aventar hasta ahora un asunto que debería avergonzar a todos, figuras incluidas. El comunicado se pierde luego en una sucesión farragosa de lugares comunes antes de precisar que sí están dispuestos a reunirse con las empresas aunque la faena termina con adornos: “nuestra disposición es absoluta pero no para la mejoría de la economía de particulares”. La pregunta es: ¿Mandarían a ese encuentro al tal Juan Diego? Ay señor…

De Barcelona a Donosti… 
Mientras unos y otros se siguen echando los trastos a la cabeza y se reparten carnets de buenos y malos hay algunos que siguen creyendo que el elefante blanco llegará -como en un cante de ida y vuelta- de allende los mares. No le daremos más vueltas al asunto porque algunos ya han retratado sus pesebres. Mientras tanto, se sabe más que se habla de lo que se va cocinando en los despachos de la calle Adriano. Valencia y Canorea han adelantado su tradicional método de trabajo con un objetivo conocido: salir de las trincheras que se cavaron hace justo un año. Los rumores corren y no siempre coinciden. No sabemos qué merece la empresa; tampoco donde acaba ni termina la razón de los toreros. Una cosa si tenemos clara: la afición de Sevilla y el propio pulso del toreo sí merecerían la altura de miras de unos y otros. Lo dejamos ahí y nos marchamos a Bogotá. La ejemplar reacción coral de las primeras figuras del toreo -brillaron por su ausencia Morante y José Tomás- ha demostrado que a veces si se quiere también se puede. La llamada de César Rincón, el ejemplo de los novilleros en huelga de hambre y la capacidad de reacción de la crema del toreo nos dan que pensar. ¿Por qué no se orquestó algo similar en Barcelona y San Sebastián? El cierre habría llegado igual pero se habría muerto de pie. Por cierto en el acto paralelo celebrado en Madrid el ambiente fue… descriptible. Hemos alabado el viaje a Bogotá. Lo seguiremos haciendo. Pero la plaza de la Maestranza también merece repartir un poco de humildad para reconducir la situación. Nos queda mucho que hablar aún de ello. Mientras tanto, y a pesar de que el año aún tiene mecha, ya van cayendo avances del que está por venir. El más llamativo es la enésima encerrona de Iván Fandiño en una fecha, el domingo de Ramos madrileño, plagada de peligros y sobrada de cemento. Se escogen reses de divisas presuntamente duras que en algunos casos cantan su mal juego antes de salir. Él mismo. Nos desenredamos del bucle melancólico del diestro vasco y vamos terminando, pero antes enviaremos un sincero abrazo a Maruchi Benjumea. Los campos de Gerena van a echar mucho de menos a ese marqués de pelo blanco y encrespado que se hacía querer. Dios le guarde, don José Luis.


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