lunes, 17 de noviembre de 2014

Un día por la libertad en Bogotá / por Pedro J. Cáceres


César Rincón recibe el aplauso de los toreros

"...La Santamaría de Bogotá, cerrada por el alcalde Petro –Piztolitas cuya procedencia y pedigrí ya fueron suficientemente argumentados-, alzó la voz en pro de la libertad por el gesto que un grupo de novilleros colombianos habían llevado a cabo: su huelga de hambre conmocionó al mundo taurino como ejemplo de lucha. No estaban solos..."


Un día por la libertad en Bogotá


Pedro J. Cáceres / Madrid,
16/11/2014
Crítico taurino y Periodista
Se preveía lluvia y frío en Bogotá para el pasado 12 de noviembre pero, en cambio, el tiempo se alineó del lado de las buenas causas: unos 18 ºC y el cielo azul custodiaban el acto celebrado en la explanada de la plaza de toros de la capital colombiana que puso en valor la libertad, por encima de todo, y la Tauromaquia.

La Santamaría de Bogotá, cerrada por el alcalde Petro –Piztolitas cuya procedencia y pedigrí ya fueron suficientemente argumentados-, alzó la voz en pro de la libertad por el gesto que un grupo de novilleros colombianos habían llevado a cabo: su huelga de hambre conmocionó al mundo taurino como ejemplo de lucha. No estaban solos.

El maestro César Rincón, el César del toreo, máxima figura en Colombia, se convirtió en el adalid de los novilleros y se prestó a organizar un gran acto en Bogotá para no solo reconocer el esfuerzo de sus pupilos sino de poner en valor la Tauromaquia. Al punto de querer institucionalizar esta concentración y con que, con carácter anual, se celebre en todos los países taurinos el Día Mundial de la Tauromaquia.

Todo el mundo estaba invitado. El deber moral me hizo acudir a Bogotá. A sabiendas de las dificultades que entraña ese desplazamiento, precio y tiempo, ¿deberían haber atendido la llamada más profesionales que vertebran la Tauromaquia?

La explanada de la Santamaría de Bogotá contaba con un escenario y una carpa para la celebración del acto. Alrededor de 2.000 aficionados con banderas y pancartas arroparon a los novilleros. Además de un nutrido grupo de toreros encabezados por varias de las principales figuras del toreo actual: Curro Vázquez, Juan José Padilla, Miguel Abellán, El Juli, Sebastián Castella, José María Manzanares (merece párrafo aparte), Miguel Ángel Perera, Iván Fandiño, Luis Bolívar (continuador de la Tauromaquia colombiana en Europa), Manuel Escribano, Alejandro Talavante, El Payo, Diego Silveti… Uno a uno, fueron dedicando palabras de elogio a los novilleros y en defensa de la Fiesta.

El acto se desarrolló con la liturgia taurina como esquema en que se fueron desarrollando los acontecimientos. El himno nacional de Colombia seguido por un pasodoble que concluyó en un minuto de silencio en memoria de José María Manzanares. José Mari, su hijo, el legado del maestro Manzanares, declinó sus comparecencias en México D.F. y en Acho, Perú, donde hubiese cobrado un dineral a razón de su caché de figura del toreo. En cambio, por amor al arte y a la libertad, cumplió su palabra de acudir al lado de los novilleros colombianos en un avión de ida y vuelta en un gesto de señor y torero. Faltaban aún más emociones por vivir en la Santamaría.

Las palabras de César Rincón antes de que emanasen las lágrimas. Su firme compromiso por la reapertura de la Santamaría de Bogotá y su idea de institucionalizar un día para que todos los taurinos celebren al unísono su afición colmaron de emoción a los presentes. Una emoción que chocó con un manifiesto manifiestamente mejorable, valga la redundancia, que día y momento merecían.

Ahora bien. ¿Triunfo de un día? ¿Tendrá continuidad este hermanamiento entre sectores que aprovecharon el esfuerzo novilleril desde Bogotá para reivindicar la libertad como taurinos? Que la sensibilidad y empatía demostrada no sea un calzador de un día y el 12-N en Bogotá se convierta en punto de partida para trabajar, como sector, por la Fiesta.

Al día siguiente, con la resaca, ya volvió todo a la normalidad: cada uno por su lado lanzando alarmas de quiebra de la Fiesta sin que nadie atienda esa llamada.

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El Imparcial

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