sábado, 28 de mayo de 2016

Champions League: El Real Madrid logra la undécima.




El disparo de Juanfran al palo en los penaltis decide el campeón. El Madrid se adelantó con Ramos; el Atético, incansable, equilibró con Carrasco


El Madrid logra la undécima en otra final agónica

El Madrid conquistó la 11ª por penaltis, la única forma que le faltaba. Confirmó su leyenda, que exige ya de los periodistas unos adjetivos que no tenemos. Habría que ser Píndaro. Rompe la historia, se va.

Y el Atlético desciende un paso más en su fatalidad, o asciende, ya no se sabe. La Final confirmó las dos naturalezas, agravó a cada cual. Los dos pueden seguir siendo lo que siempre han sido con una fuerza renovada.

El partido deja mil lecturas. Surge un nuevo tipo de madridista: el que llora por el Atlético, que no quiere que le lloren.

Y el Atlético se tatúa una nueva desgracia. Es como un boxeador sangrante que sigue y sigue sin que le arrojen la toalla. Es la nueva poética cholista del insistir (¿Cúper con discurso?).

El Atleti, al final, está convirtiéndose en el equipo más desdichado de Europa. ¿Pero no es feliz así? ¿No es así distinto a todos?Schwarzenberg era Disney.

En el partido hubo algo de roles cambiados, desmintiendo las simplificaciones habituales. El Atlético intentó presionar al Madrid arriba, en la primera articulación del juego, y el Madrid respondió a la primera falta «en jauría». Todos a una.

El Madrid era el paso horizontal de Casemiro, colosal, que ya fue coautor (Karembeu silencioso) de la Décima.

Zidane aprendió de la derrota liguera ante Simeone. Tenía un corredor en el centro y colocó a Casemiro, especialista de talla mundial.

El gol tempranero de Ramos también le permitió ese partido. Zidane ha ganado replegando el equipo, como Del Bosque en la Octava.

El gol merece análisis: llegó en el 14 (dos juanitos, para la cábala madridista) y por Ramos (que lleva dos Mijatovic), en posible fuera de juego (oxígeno para la leyenda negra) y tras cabezazo de Bale. Siempre se dice del Madrid que tiene «pegada», y esta vez es verdad.Ha ganado dos copas de Europa con el juego aéreo, es portentoso. La 10ª y la 11ª son como las del Notthingham Forest pero en exuberante.

Con el gol, el Madrid esperó un poco «a lo Camp Nou». Alrededor de Casemiro, Kroos y Modric, jabatos, lanzaban pases muy rápidos sobre todo para Bale, que fue el mejor como en todo el final de temporada. Benzema perdonó y Cristiano aparece en el penalti final, el definitivo y fotográfico,un poco como en Lisboa, pero no estuvo a su mejor nivel.

Los autores «intelectuales» de la Copa fueron Ramos y Casemiro, y luego Bale.

Ese 1-0 generó una descompresión en el cargado ambiente. El Madrid tuvo unos minutos de euforia desaprovechada, y el Atlético buscó su «creencia», pero costaba. La fe es un don muy caro…

Pero decreció la espuma emocional y el Atlético comenzó a picar el espacio con el avispeo de Griezmann arriba. Llegó o chutó o apareció en el 29, 33, 34 y 39.

Así acabó el partido al descanso. Con un Madrid celoso de su espacio y anclado a Casemiro, con rasgos fugaces de la mejor italianidad, y un Atleti ferviente, pero con argumentos mejorables. Por eso Simeone reaccionó con su plan B: el vertiginoso Carrasco.

Tras la cholina, con el partido aún por aposentarse, Griezmann metió un balón al área, donde Torres le tenía ganado el espacio a Pepe. El penalti lo mandó al larguero Griezmann. Los palos, otra de las formas de la fatalidad que, cómo no, el Atleti no podía dejar de sufrir/degustar.

Pero algo curioso: el penalti fallado no hundió al Atleti, al contrario. ¡Fabuloso Don Erre que Erre!

El partido entraba en lo importante, e iba en serio porque el Madrid ya dejaba descolgada a sus estrellas. Los paseos horizontales de mariscal ingenuo de Casemiro medían la sangre fría de Zidane.

El partido se hizo largo en el 70. Modric vio a Benzema en una contra de gran angular y el francés falló ante Oblak. Bale y Lucas tuvieron el 2-0.

A continuación, el portentoso Gabi punteó un balón para Juanfran, que la colgó para el remate de Carrasco. Le dio a su novia el beso rojiblanco de Times Square.

El gol era justo. El Atlético no fue sólo defensa, como se le simplifica, fue un equipo completo que quiso atacar.

Se invertían un poco los papeles de Lisboa. La prórroga, la simetría progresiva de todo, parecían dejar el derbi atrapado en un bucle inacabable. Derbi asombroso, cainismo fundador de ciudad, monumento español. ¿Y si nos hubiésemos convertido en fútbol?

El Atleti salió a la prórroga firme, luciendo, y con un Carrasco estelar. Las medias de Modric, a mitad de pantorrilla, lanzaban un mensaje. Simeone estaba despanzurrando a correr al Madrid. Él hizo sus cambios al final (energía renovable, el cholismo). Gabi resistía y Ramos pedía a su público que respondiera al incansable fondo colchonero. El mundo al revés.

En la segunda parte, Bale se autoestiraba los gemelos en balancín y Koke abandonaba cojo. Era a la vez un campo de batalla y un correcalles. El Madrid lo puso todo, con Lucas como símbolo de su mejor esencia en envase pequeño. Nunca en su historia quiso el Madrid ganar por penaltis.

Marcaron todos menos Juanfran. El Madrid ya era campeón. Es eterno, pero se mide en Copas de Europa.


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