lunes, 27 de febrero de 2017

Real Madrid. Pins y bolis, en billetes pequeños y sin marcar / Juan Manuel Rodríguez


En la acción Bakambu, delantero del Villarreal, parece algo adelantado a su marca, Sergio Ramos.


...en el minuto 13 hay una mano clara de Víctor Ruiz dentro del área, en el minuto 50 el gol de Trigueros viene precedido de otra mano de Castillejo y, como fin apoteósico de fiesta, Bakambu está ligeramente adelantado cuando marca el 2-0. Pero, qué curioso, absolutamente nadie pregunta por esas jugadas, de modo que alguien que no haya visto el partido puede extraer la conclusión equivocada de que se ha beneficiado al Real Madrid cuando no es así..

Pins y bolis, en billetes pequeños y sin marcar

Por cuestiones que no vienen al caso, me consta personalmente que Fernando Roig es una buena persona y todo un caballero, y a la vista de todos está que es también un empresario de éxito y un directivo extraordinario, no hay más que ver el milagro del Villarreal; a Luis Herrero le llevan los demonios cada vez que hablo de "milagro" porque parece que con ello quiera dar a entender que el éxito del equipo castellonense se debe a la intervención divina y no al trabajo bien hecho, cuando no es así. El trabajo es magnífico y el proyecto deportivo muy estable y acertado, pero nadie podrá negarme, ni siquiera Luis, que tiene algo de milagroso ver siempre ahí arriba al equipo de una ciudad con 50.000 habitantes y un presupuesto que sextuplican Real Madrid o Fútbol Club Barcelona y que triplica el Atlético de Madrid.

Trabajo y milagro, milagro y trabajo o trabajo milagroso, que de todo habrá en la viña del Señor, lo cierto es que el Villarreal se ha ganado el respeto de los aficionados al fútbol, ya sean de un club o de otro. Pero, fruto probablemente del recital que su equipo dio en la primera parte y del momentáneo 2-0 que subió al marcador en la segunda, Fernando Roig perdió anoche los estribos al sugerir que el club blanco había comprado a Gil Manzano; porque, no nos engañemos, eso es lo que sugería clarísimamente el presidente del Villarreal cuando explicó que había visto salir al árbitro del estadio con unas bolsas del Madrid. Fuera lo que fuese que llevasen en su interior esas bolsas, que ahora iré con eso, la compra debió producirse entre el minuto 55 y el 90, 35 minutos para comprar a un árbitro.

Todo el mundo, también Fernando Roig, habla y no para de la mano de Bruno Soriano dentro del área que provocó el penalti y posterior 2-2 de Cristiano. Eso es así porque nadie o casi nadie se refiere a otras jugadas muy polémicas que se produjeron antes de esa mano. Por ejemplo: en el minuto 13 hay una mano clara de Víctor Ruiz dentro del área, en el minuto 50 el gol de Trigueros viene precedido de otra mano de Castillejo y, como fin apoteósico de fiesta, Bakambu está ligeramente adelantado cuando marca el 2-0. Pero, qué curioso, absolutamente nadie pregunta por esas jugadas, de modo que alguien que no haya visto el partido puede extraer la conclusión equivocada de que se ha beneficiado al Real Madrid cuando no es así: cuando todo el mundo volvió a darlo por muerto, el Real Madrid protagonizó una heróica reacción, una reacción de campeón que supongo que provoca mucha frustración y que algunos tratan de justificar con la falsa ayuda arbitral.

Y ahora vayamos con la suculenta bolsa que el Real Madrid entregó a Gil Manzano. El contenido de esa misteriosa bolsa por el que cualquiera vendería su alma al diablo no es otro que unos pins y unos bolis. Es siempre el mismo contenido, siempre; y el Real Madrid le entrega ese obsequio al árbitro al final del partido y pase lo que pase
Es la misma bolsa con la que salió el árbitro del Camp Nou después de no pitar aquel enciclopédico penalti sobre Lucas Vázquez. Es la bolsa con la que el árbitro se fue del Bernabéu tras el 1-2 de Copa ante el Celta. Es la misma bolsa con la que el árbitro se marchó a su casa hace 6 años cuando José Mourinho ordenó el "silencio stampa" tras un arbitraje calamitoso precisamente contra el Villarreal. Pins y bolis con el escudo del Real Madrid, en billetes pequeños y sin marcar. ¡Por Dios!...

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