miércoles, 29 de marzo de 2017

Valencia: Algo más que incompetencia / por Paco Delgado


 ..nos encontramos con que el delgado del gobierno en Valencia (en este caso perteneciente al Partido Popular, pero este dato es intercambiable, en todos cuecen tontos) no tiene mejor idea que autorizar, en plenas fallas, una manifestación antitaurina… ¡en la misma puerta de la plaza de toros!.


Algo más que incompetencia

Paco Delgado
Se ha vuelto a demostrar que a muchos el cargo les viene grande. La política española -central y periférica- ha llegado a un punto en el que es difícil encontrar a alguien -aunque los hay, por supuesto, ya lo creo que existen- con dos dedos de frente y sentido común. Que es lo primero que se debe pedir a una persona que va gestionar la cosa pública, por menor que sea su cometido.

Pero no acertamos. O no elegimos bien a nuestros representantes o estos no hacen buen uso de nuestra confianza y designan a cualquiera para ocupar puestos de responsabilidad. Desde hace unos años, ya muchos, desgraciadamente, parece ser que el único mérito que se debe acreditar para estar en una poltrona es haber estado en el partido correspondiente durante una serie de años e ir sumando trienios, puntos y favores, desde simple chico para los recados, miembro de sus juventudes -nefasto invento este, el de viveros de alevines de políticos que llegan a las mas principales esferas de la Administración sin haber tenido contacto alguno con la realidad de la calle y con el único propósito de vivir de las cuentas del Estado-, concejal de algún municipio, pertenecer a una comisión, adscrito al grupo tal en las Cortes o el Congreso, bien sea nacional o autonómico, o hasta europeo, y así sucesivamente hasta alcanzar las más altas cotas del disparate, que dirían los geniales Marx.

Y en ese proceso nos encontramos con que el delegado del gobierno en Valencia (en este caso perteneciente al Partido Popular, pero este dato es intercambiable, en todos cuecen tontos) no tiene mejor idea que autorizar, en plenas fallas, una manifestación antitaurina… ¡en la misma puerta de la plaza de toros!. Y, claro, pasa lo que tiene que pasar. Durante esa manifestación ante el coso de Valencia, un repartidor de Avance Taurino, la publicación que se entrega en la misma plaza a los asistentes a las corridas, fue agredido por varios de los manifestantes. Estos se mostraron en todo momento agresivos y amenazantes, intentando incluso impedir el acceso a la plaza de los aficionados, acabaron por agredir a uno de los repartidores de Avance Taurino cuando llevaba a cabo su trabajo y al intentar evitar que se llevaran los fardos de periódicos preparados para su distribución en la plaza. Al ser defendido por un miembro de la Unión Taurina de la Comunidad Valenciana, una de las chicas que se manifestaban desaforadamente se le encaró y le espetó, tras aclararle que era médico, que ojalá no cayese en sus manos, porque le iba a hacer lo mismo que ellos -refiriéndose a los aficionados en general- le hacían a los toros. Lamentable y de locos.

Convocada por “Repulsa Internacional Contra el Maltrato Animal”, la marcha fue autorizada por la Delegación del Gobierno, aún sabiendo y habiendo sido advertida por la Unión Taurina de la Comunidad Valenciana del riesgo que ello suponía al haber en ese momento miles de aficionados a los toros en el mismo punto.

No se pide que no se autorice, faltaría más, todo el mundo tiene derecho a expresarse líbremente, y ahí tenemos en televisión, a todas horas, a grupos de anormales dando vergüenza ajena con sus mamarrachadas y estupideces. Pero una cosa es respetar el derecho de unos y otra es negárselo a otros, porque los aficionados tienen el mismo a disfrutar pacíficamente de un espectáculo legalmente autorizado y protegido que los antitaurinos a despotricar contra él. Pero no en el mismo sitio y al mismo tiempo, hombre. Que mira que Valencia es grande.

Esta decisión, que provocó una alteración del orden público -que, afortunadamente no tuvo mayores consecuencias por el civismo y buen criterio de los toristas, ojo-, no puede ser interpretada -y más después de que se advirtiese de lo que podría suceder- sino como una clara muestra de incompetencia. O como tomada por alguien que no sabe lo que se lleva entre manos. Porque si lo sabe, entonces da miedo.

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