jueves, 27 de abril de 2017

¡ROSTROS DE UN PAÍS LLAMADO VENEZUELA¡ / por Jesús Alfonso Osuna Ceballos



Imágenes de dos sábados para el recuerdo, para no olvidar que aquí estamos. En el primero, una cara y un gesto para nunca borrarlos; lo que no queremos ser ni que otros tampoco sean: pobres.


¡ROSTROS DE UN PAÍS LLAMADO VENEZUELA¡

Jesús Alfonso Osuna Ceballos
Profesor Titular de la Escuela de Medicina,
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. 
Mérida, 20 de abril de 2017.
19 de abril de 2017, hoy, los días antes y los que vendrán, gente que lucha por su dignidad continúa enfrentando con su coraje todo tipo de represión, y seguirán en las calles; porque nuestros derechos ciudadanos han sido confiscados por un Régimen sin escrúpulos, que lejos de reconocer sus errores, con saña los transfiere hacia la ciudadanía.

Somos muchos los que podríamos hacer algo, en momentos en que el país nos reclama a todos; en consecuencia hago efectiva mi solidaridad rememorando dolorosas imágenes de la Venezuela de estos últimos tiempos; como homenaje a los niños, más aún, aquellos quienes sufren todo tipo de carencias, a la épica de la mujer venezolana, a la valentía de nuestros jóvenes, y a quienes creen y practican los valores de la democracia.

Imágenes de dos sábados para el recuerdo, para no olvidar que aquí estamos. En el primero, una cara y un gesto para nunca borrarlos; lo que no queremos ser ni que otros tampoco sean: pobres. En la mañana de aquél día, interminable la espera para ser atendidos por oficiantes de cajeros de la banca pública para recibir lo que a mujeres y hombres, adultos mayores, nos corresponde por concepto de la denominada “pensión de la vejez”. Con atención escuchaba comentarios sobre la vida de mis acompañantes transitorios; tal vez como ellos, queriendo adivinar cuánto más sería el tiempo de nuestra espera.

De pronto frente a nosotros la cara y el gesto inolvidables nos devolvió a la realidad: una mujer de edad imprecisa; baja su estatura, de presencia y vestir humilde, con canas mal peinadas, revelando toda su apariencia los duros años vividos; luciendo si reparos, gastada cartera de plástico, terciada sobre sus hombros. Súbitamente volteó hacia nosotros con un billete color rosa, de 20.000 mil bolívares en una de sus manos, parte de su pensión, lo que tenía o lo que pudo retirar después de larga espera, sumada a la larga tregua de sus años a cuestas. En actitud desafiante sacudió la pieza del nuevo “cono monetario”. Ni una sola palabra. Su gesto remitiendo mil preguntas sin respuesta, tal vez una “¿qué puedo comprar con esto?” sacudiendo aquél papel color rosa, como para remarcar lo inservible del mismo. Habían secuestrado su esperanza, quizás habían robado su “ilusión de la riqueza” porque con los viejos billetes de 10 o de 20 bolívares si habrían llenado su humilde cartera de plástico. Con paso firme abandonó el lugar dejándonos a todos la brisa de su tristeza y su desesperanza….

Otro sábado: una niña con 5 papeles de 100 bolívares en sus huesudas manos llenas de reclamos…el hombre detrás de la surtida vitrina posó en ella su mirada…cara conocida por el gesto que en aquél percibí…..momentos después el hombre alargó su brazo para entregar el “pedido de la niña” y en acto simultáneo tomó el dinero de sus manos; ella recibió aquél su pobre pedido, con sonrisa más triste que ese sábado de neblina y lluvia de nuestra Mérida….y se alejó en silencio condenatorio. Mi pregunta no se hizo esperar ¿qué compró esa niña?...no tardó la fría respuesta ¡pellejos!….y completó “es lo que comen”….”es lo que pueden comprar”…. me sentí sólo…con interminable tristeza, sin igualar la de nuestra gente: su pobreza la que en crudas cifras como realidad tangible, han develado estudios rigurosamente conducidos, en los últimos años, vertidos todos ellos en la encuesta ENCOVI. 

Entonces ¿acaso no es necesaria la calle con acciones que den al traste con un gobierno soberbio e inclemente? sobran razones para no desmayar en la lucha, para acabar con la miseria y la tristeza de todo un país; mañana, cruda realidad la que habremos de enfrentar, pero será mejor dar la cara a ese reto antes que vivir con la frágil “ilusión de la riqueza” y con una pesada indiferencia a cuestas.

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