lunes, 12 de junio de 2017

Última de San Isidro en Madrid. La miurada menos miurada que nadie pudo imaginar / por J.A. del Moral



Mal y desigualmente presentada, carente de las características que la dieron fama y diezmada con dos sobreros que debieron ser tres o cuatro por lo derrengados que se mostraron la mayoría de los titulares, el festejo resultó tan aburrido como decepcionante. Eduardo Dávila Miura que reapareció para homenajear a la ganadería de su familia en el 175 aniversario que este año cumplió en Madrid, no pudo matar ninguno de los de su lote miureño por lo que le cupo afrontar un toro de Buenavista apenas lucido por el lado derecho y otro, bravo y muy noble, de El Ventorrillo. Ambos, por cierto, con bastante más trapío que los de la mítica divisa y sin poder dar la talla que pretendió baldíamente. Rafaelillo cumplió como buenamente pudo con los suyos a costa de resultar herido por el cuarto de la tarde. Y sin opciones Rubén Pinar.


La miurada menos miurada que nadie pudo imaginar

J.A. del Moral · 12/06/2017.
Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo 11 de junio de 2017. Trigésimo segunda y última de feria. Tarde de calor sofocante con casi lleno.

Cuatro toros de Miura, desigualmente presentados y por bajo del trapío que caracteriza la morfología de estas reses. Dieron mal juego por blandos y sosos cuando no extrañamente pastueños y a menos o parados. Un sobrero de Buenavista en sustitución del segundo, muy bien presentado, noblón aunque deslucido por su poca fuerza. Y otro sobrero, asimismo bien presentado, bravo y noble que reemplazó al devuelto quinto.

Rafaelillo (mahón y oro): Estocada corta y dos descabellos, silencio. Media estocada caída y trasera, ovación con saludos. Pasó a la enfermería donde le apreciaron y curaron de un puntazo en el muslo y de otro en la axila.
Eduardo Dávila Miura (esmeralda y oro): Pinchazo hondo y estocada trasera desprendida de rápidos efectos, silencio. Pinchazo y casi entera trasera, división al saludar.
Rubén Pinar (añil y oro): Pinchazo en los bajos, otro hondo y estocada, silencio. Estocada y cuatro descabellos, silencio.
Tanto en la brega como en banderillas, destacó Miguel Martin.

El público obligó a Eduardo Dávila Miura para que saludara una vez terminado el paseíllo, compartiendo la ovación con sus compañeros de terna. Fue por el gesto de reaparecer nada menos que en Las Ventas para homenajear a la ganadería de su familia en su 175 aniversario en Madrid. Ya lo había hecho por parecidas razones en Sevilla y en Pamplona. Lo que ni Eduardo ni nadie pudieron imaginar fue que no pudo matar ninguno de los toros de su lote y aún menos que la corrida miureña resultara un completo fiasco. En la muy lamentable decepción, tampoco Eduardo pudo sacarse la espina que, según había declarado en los medios, tenía clavada por no haber podido triunfar nunca en Las Ventas. Por lo que hizo o no logró hacer con los dos sobreros, especialmente con el estupendo de El Ventorrillo, la espina continuará clavada. Eduardo no salió tan preparado como evidenció hace años en Sevilla. Su comparecencia en la primera plaza del mundo le vino muy grande y, la verdad sea dicha, aunque quiso mucho con el mejor de los sobreros, no dio el paso adelante ni se puso donde debió ponerse para torear como exigió el de El Ventorrillo al que, por cierto, intentaron demolerlo en varas a provechando su bravura. Ya había mostrado su falta de sitio al saludar con el capote a sus dos oponentes. Por ello, Eduardo no debió salir a saludar tras matar al quinto. El atrevimiento lo pagó caro con bastantes más pitos que palmas.


El mejor y el peor librado por la cogida que sufrió en la faena al cuarto toro fue Rafaelillo. Tantas veces ducho en estas lides frente a los toros de la mítica divisa, se tropezó con dos animales que poco o nada tuvieron que ver con los que había triunfado casi siempre. El primer toro resultó sosísimo en su tardona manejabilidad. Y el cuarto, otro extrañamente pastueño además de manso en el caballo, terminó cogiéndole accidentalmente. Momento que Rafaelillo aprovechó para teatralizar actitudes heroicas que convencieron a gran parte de la parroquia hasta que el animal se echó antes de que entrara a matar. La jodimos, pues, señá Dolores…


Sin ninguna suerte ni el menor resquicio medió y cerró la tarde el manchego Rubén Pinar con los dos “miuras” de su lote que, por evidentemente inválidos, también debieron ser devueltos a los corrales.

La gente salió echando pestes del tan lamentable espectáculo que cerró la parte torista de esta interminable feria a la que aún le faltan muy atrayentes postres en el fin de la semana que hoy comienza: La Corrida de la Beneficencia que presidirá el Rey Don Felipe VI – ya era hora Majestad – y la llamada de La Cultura en la que Ginés Marín ocupará el puesto que había quedado libre. Muy merecido lo tenía quien acaba de ser señalado como el triunfador de la feria isidril de 2017.


No hay comentarios:

Publicar un comentario