domingo, 20 de agosto de 2017

CATALUÑA HACIA EL ISLAM



los partidos locales de izquierda y nacionalistas, haciendo gala de una extraña inclinación y benevolencia hacia esa ejército de intrusos, se desviven por ellos y multiplican los gestos amistosos en esa dirección. En esa política se ven secundados, en el ámbito mediático, por una prensa y una televisión de andar por casa, no ya acríticas, sino francamente exhaltadoras del mundo religioso-cultural árabe-musulmán, a las que se añade un elenco variopinto de “intelectuales”, artistas y saltimbanquis de difícil clasificación.


CATALUÑA HACIA EL ISLAM

LTY (Reproducido).- Desde hace ya algunos años se viene observando en Cataluña (en determinados círculos e instancias) una sorprendente e inquietante deriva filoislámica que ha tomado una fuerza inusitada en los últimos tiempos, y que sin duda irá a más, a tenor de los episodios que se producen a diario en esa dirección.

A contramano del sentir mayoritario de una sociedad que experimenta un creciente rechazo al fenómeno de la invasión musulmana y la islamización rampante que conlleva, los partidos locales de izquierda y nacionalistas, haciendo gala de una extraña inclinación y benevolencia hacia esa ejército de intrusos, se desviven por ellos y multiplican los gestos amistosos en esa dirección. En esa política se ven secundados, en el ámbito mediático, por una prensa y una televisión de andar por casa, no ya acríticas, sino francamente exhaltadoras del mundo religioso-cultural árabe-musulmán, a las que se añade un elenco variopinto de “intelectuales”, artistas y saltimbanquis de difícil clasificación, algunos de ellos sin oficio conocido pero con la lengua bien larga, todos ellos rendidos por igual a esa fascinación por el islam que es la marca de identidad de esta caterva de “bellas almas” entregadas a la demolición de su propia cultura.

Como telón de fondo de esa embelesada admiración y de ese insólito respeto por el moro (aquí en el sentido histórico y aun académico del término: musulmán. Consultar la Real Academia de la Lengua) y sus infinitas lacras morales, sociales, culturales y espirituales, se afirma un progresivo antiespañolismo que no lleva camino de remitir, sino que anticipa la ruptura definitiva (primero sicológica y después quien sabe…) con la patria común. Posiblemente esto ocurre en función de una ley de compensación, por efecto de un mecanismo de contrabalanceo: se adopta una novedad al tiempo que se desecha lo conocido, se rinde uno a lo extraño y se reniega de lo propio, se deshereda al hijo y se colma de atenciones al vecino, se desacredita al compatriota y se canta alabanzas al extranjero, se ataca al hermano y se le brindan honores al enemigo, se le niega el pan y el techo al hombre de valor y se le da comida y sábanas blancas al forajido. Es un sistema.

Se verifica el movimiento siguiente: cuanto más antiespañol es el partido o el medio de comunicación, más proislámico se muestra este en sus manifestaciones y valoraciones. Cuanto más agresivamente expresan su desapego de España y todo lo que le atañe, en contrapartida más se prosternan ante el islam. Cuantas más ofensas y agravios profieren contra todo lo que de una manera u otra, significa o personifica “lo español” (que no excluye, claro está, “lo catalán”, aunque ellos piensen lo contrario), más amables, respetuosos y complacientes se manifiestan con el rebaño de Mahoma. Y mientras el idioma de Cervantes es ya considerado como un idioma extranjero para la enseñanza, no obstante ser hablado en Cataluña desde hace 1000 años, y marginado cuanto más posible para la vida institucional y oficial, reducido a una mínima expresión indigna de su categoría e irrespetuosa con la historia, en “casa nostra” ya se está introduciendo el árabe (¡y el beréber -o tamazig!) en el sistema educativo primario (de momento en horario extraescolar, pero en escuelas públicas y con profesores pagados por la Generalitat).

Y no es la primera vez que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, en aparente competición por atraerse el favor de esa legión de futuros votantes, han editado folletos y comunicados en árabe y catalán, pero no en castellano. Incluso en pasadas elecciones se vieron en las paredes de Barcelona carteles electorales en árabe (!?). Como testimonio anecdótico de este estado mental cada día más evidente pongo como ejemplo el haber visto en un par de ocasiones por las calles de Barcelona unas pintadas que proclamaban significativamente: “Avans marroquins qu´espanyols”. A los descerebrados que dicen eso, les aseguro que sus enfermizos deseos se van a ver pronto cumplidos, al paso que vamos. Cuando anden escupiendo sangre bajo la brutal bota moruna, cuando los imanes cortadores de cabezas impongan su ley en los barrios donde ha sentado sus reales esa peste, y que de aquí a poco serán territorios liberados del islam, ya veremos si siguen pensando lo mismo.

Desde hace varios años ya, en la fecha de la fiesta musulmana del cordero,TV3 de Cataluña retransmite en directo, integramente y con subtítulos en catalán, ante la presencia babeante de ternura de altos funcionarios autonómicos, el rezo multitudinario en algún polideportivo del barcelonés barrio del Ravalistán (antes Raval), amena y pintoresca barriada donde las distintas Policías del Estado desmantelan un grupo terrorista cada 15 días como promedio.

La TV catalana, correa de transmisión mediática del Gobierno autónomico, se dedica sin empacho a exhaltar el islam y presentarlo ante los ciudadanos como un hecho normal y positivo, desprovisto de toda conflictividad y perfectamente integrado, y demuestra tener la voluntad, los medios y el santo cuajo de dedicarse a halagar el sentimiento islámico de esta marabunta que se nos ha metido en casa sin permiso y que está convirtiendo a Cataluña (el resto de España no es diferente) en una sucursal del Magreb, de Oriente Próximo y de Paquistán bajo la atenta mirada y la cretina complacencia de los tarados que nos gobiernan.

¿Qué hay detrás de este contínuo homenaje al islam, de esta antinatural simpatía, a contracorriente de la razón y de la misma Historia, por estos invasores orientales, nuestros enemigos históricos más pertinaces y sanguinarios, que vuelven de nuevo con la misma prepotencia y arrogancia que en siglos lejanos para destruir y conquistar nuestro país y poblarlo con su hormigueante prole (sin desenvainar en esta ocasión el alfanje, pues los recibimos con los brazos abiertos) ? ¿Afinidad espiritual? ¿Voluntades compradas? ¿Donativos en petrodólares? No es de descartar que los mismos que se gastan fortunas para fomentar el islam en el mundo, y construir mezquitas, algunas de ellas de proporciones faraónicas, a mayor gloria de Alá tanto en tierras de creyentes como en tierras del infiel, también se dediquen a “invertir” estratégicamente en los sectores “creadores de opinión”, en los órganos de información y propaganda, en las empresas manipuladoras de conciencias y lavadoras de cerebros, además en los centros de poder y decisión, en una palabra: los medios de comunicación y la clase política.

Pues si bien hay imbéciles, que por elemental esnobismo seudointelectual o por puro papanatismo progre y multicultural está abonados a este movimiento y trabajan ad honorem por esta causa, también debe haber otros, más espabilados, que han visto ya en esta nueva situación un filón de halagüeñas perspectivas preñadas de billetes verdes, una oportunidad única de llenarse los bolsillos a poco esfuerzo con la tradicional política de sobornos y “bakchichs” (propinas) de la cultura árabe-musulmana. En Cataluña, como en el resto de España, no faltan los flojos dispuestos a vender a su madre por un puñado de monedas, o mejor dicho, por alguna Samsonite repleta de “cromos” de cien dólares de curso legal. El tiempo nos irá diciendo si este novedoso cariño por el islam es genuino o está motivado por razones más prosaícas y al mismo tiempo “sonantes”.

Al margen de los intereses de diversa índole (dinero fácil o calculos electorales a mediano plazo, para cuando estos musulmanes, una vez conseguida la nacionalidad, estén en condiciones de votar para sus benefactores), algunos apreciamos algo más en esta anormal simpatía hacia el islam y en esa alarmante tolerancia hacia su agresiva expansión actual. Asistimos, como consecuencia de un severo reblandecimiento de las meninges de aquellos que dirigen la cosa pública, al encumbramiento de las nulidades, al entronizamiento de todo lo turbio y lo inferior, que tiene como efecto este acercamiento a nuestros enemigos declarados, y esa sumisión a las influencias corruptoras de un mundo mahometano que es la negación de nuestra identidad moral y espiritual es el sello indeleble de la degradación de la cultura dominante y de la esterilidad de las clases dirigentes, ineptas y agotadas, incapaces ya de liderar ningún proyecto de grandeza para esta sociedad desarbolada y confusa, disminuida en su antigua estatura por el predominio de las mediocridades satisfechas.

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