viernes, 22 de septiembre de 2017

4ª de San Mateo en Logroño. Oreja para Urdiales en tarde con despropósitos verbeneros / por J.A. del Moral




El de Arnedo y la fuerza mediática de Cayetano, que debutó en el coso de La Ribera, atrajo bastante más público que en las anteriores tardes. Abundaron los incondicionales paisanos de Diego Urdiales dispuestos a darle todo como bien quedó demostrado cuando, tras matar bien al cuarto toro, se pidieron dos orejas con impresionante frenesí. Principales razones: que había toreado bien y, sobre todo, que fue cogido y zarandeado sin consecuencias por fortuna y, una vez superado el percance, la pasión se desató hasta grados indescriptibles. El mismo presidente que quitó la segunda oreja a Ponce el año pasado y otro tanto a Talavante en esta feria, supongo que por mera coherencia, le negó el segundo apéndice al torero de la tierra, armándose la de San Quintín. Urdiales tuvo que dar dos vueltas al ruedo con lo que la gente se aplacó. Con el primer toro, que fue tan noble como débil, el de Arnedo no supo aprovecharlo como requería aunque se mantuvo fiel a su reconocido buen concepto del toreo. De haber matado al primer envite, seguro que le hubieran dado otra oreja, pero fue silenciado. El cuasi inválido segundo toro no aguantó el estilo profundo ni la intensidad torera de Miguel Ángel Perera, quedando muy difícil de matar por lo que falló con los aceros. Espoleado por el triunfo de Urdiales, el extremeño se jugó olímpicamente la cornada, saliendo ileso de milagro. Pero tuvo que descabellar tras una estocada casi entera y la gente, increíblemente, no le dejó ni saludar. Estas distintas varas de medir también favorecieron a Cayetano mientras duró su empacada aunque superficial faena de muleta al muy potable sexto, fallando al final con el descabello, lo que le privó de triunfar. Nada que objetar por su simplemente apuntadas labores con el tercero que fue uno de los peores de la grandullona y en gran parte mediocre corrida de El Pilar.


"...Dejo para el final a Miguél Ángel Perera y no para desacreditar su actuación de ayer en Logroño, sino para alabar y para admirar su sentido de la responsabilidad, su amor propio y su profesionalismo, puestos de manifiesto frente al peor lote con mucho de la corrida de El Pilar. El derroche de valor que primó en su trasteo muleteril frente al peligrosísimo quinto toro, su incondicional entrega, el desprecio de su integridad física y su brava torería, digo yo que mereció bastante más atención que cuanto hicieron sus dos colegas. Dicho quede. O quede dicho..."


Oreja para Urdiales en tarde con despropósitos verbeneros

J.A. del Moral · 21/09/2017
Logroño. Plaza de la Ribera. Jueves 21 de septiembre de 2017. Cuarta de feria. Tarde agradable con más de tres cuartos de entrada.

Seis toros de El Pilar, desigualmente presentados y asimismo armados. Muy noble aunque ostensiblemente débil el primero. Blandísimo y muy a menos el segundo. Deslucido hasta terminar desparramado la vista el tercero. De menor a mayor bondad el cuarto. Equívoco el quinto que desparramó la vista y desarrolló peligro. Y manejable el sexto.

Diego Urdiales (rioja y oro): Pinchazo hondo contrario que escupe y casi entera algo atravesada con vómito, aviso y silencio. Estocada tardando en doblar, aviso, oreja y fortísima petición de la segunda con dos vueltas al ruedo clamorosas.
Miguel Ángel Perera (grana y oro): Dos pinchazos y casi entera caída ladeada, aviso y silencio. Estocada desprendida casi entera y descabello, silencio. 
Cayetano (turmalina y oro): Dos pinchazos y estocada, silencio. Estocada y dos descabellos, silencio. 

En la brega y en banderillas destacaron Curro Javier, Javier Ambel e Iván García.


Suficientemente descrita y comentada en la entradilla esta corrida en sus aspectos técnicos, debemos insistir en los dramáticos, no solo por lo que respecta a lo que hicieron para bien o para mal los tres matadores, también por las reacciones casi siempre desacertadas del público porque, como ya he dicho, se compuso masivamente de incondicionales, paisanos o no, de Diego Urdiales, con el esperado y no por ello justo comportamiento del gentío que casi llenó la plaza. Los escasos buenos aficionados presentes en los tendidos, así como un servidor, tuvimos que frotarnos los ojos y taponar nuestros oídos ante el distinto estado de cosas que se produjeron. Otro tanto aunque en menor grado ocurrió con del debutante Cayetano quien también ayudó lo suyo en el entradón porque, tal y como ocurre en casi todas las plazas de España, al menor de los Rivera Ordóñez, los medios dedican tanta atención o más que a su hermano Francisco. Las féminas acuden en masa para verlos lo más cerca posible y para nada importa el proceder profesional de ambos divos. ¿Esto es positivo o negativo? Ambas cosas a la vez porque si bueno es que lleven a las taquillas a muchas gentes, malo supone que tales espectadoras y espectadores les traiga al fresco el proceder positivo o negativo de los toreros, profesionalmente hablando. ¿Qué saben ni se dan cuenta de que Cayetano suele torear muy distante corporalmente de los toros aunque tal defecto quede tapado por su empacada apostura? Absolutamente nada.


Y por lo que respecta a Diego Urdiales y a sus impenitentes adoradores, los de Logroño se salen de madre sin reparar en ningún detalle porque acuden a la plaza para ver triunfar a su torero y para celebrarlo por todo lo alto. También gran parte de la critica lleva muchos años – veinte de alternativa suma el de Arnedo – escribiendo y hablando maravillas de Dieguito en su baldío empeño de considerarle como si fuera figura del toreo – nunca lo fue ni lo será – y para nada su cruda realidad de buen torerito y hasta ahí llega su circunstancia. Torero de culto le llaman muchos cuando lo que deberían decir sobre este aspecto cultural se lo atribuyen a Urdiales como si fuera el mismísimo genio del Renacimiento Miguel Ángel Buenarroti. Y el caso es que torea muy bonito cuando puede pero casi nunca bien. Ayer dejó escapar al primer toro y medio se acopló con el cuarto, pesando más en cuanto al entusiasmo que levantó la cogida que sufrió y su posterior actitud heroica que lo que hizo profesionalmente. ¿O no?


Sobre el caso de Cayetano ya nos extendimos en la crónica de su tarde en Salamanca. Por eso no insisto en lo ya escrito. Pero en lo que hoy he de insistir es sobre como toreó ayer cuando pudo hacerlo: inconvenientemente por las afueras y, por tanto, superficialmente. Una pena porque le sobra apostura y empaque. Como también raza. La raza de sus estirpes que suman las sangres toreras de los Rivera, de los Ordóñez y de los Dominguín. Ahí es nada, señores…


Dejo para el final a Miguél Ángel Perera y no para desacreditar su actuación de ayer en Logroño, sino para alabar y para admirar su sentido de la responsabilidad, su amor propio y su profesionalismo, puestos de manifiesto frente al peor lote con mucho de la corrida de El Pilar. El derroche de valor que primó en su trasteo muleteril frente al peligrosísimo quinto toro, su incondicional entrega, el desprecio de su integridad física y su brava torería, digo yo que mereció bastante más atención que cuanto hicieron sus dos colegas. Dicho quede. O quede dicho.

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