miércoles, 27 de diciembre de 2017

CALI 1ª DE FERIA. Agua y porfía / por Jorge Arturo Díaz Reyes

La terna en el 2º. Foto: Camilo Díaz

La disposición de Padilla, el desparpajo alegre de Colombo y la terca quietud de Ritter no pudieron reflotar una corrida que comenzó bajo el aguacero y estuvo signada por la mansedumbre y desigual presentación del ganado.

Agua y porfía

Cali, Colombia, XII 26 17
Se había anunciado como “desafío ganadero” entre los dos hierros de sangre Parladé. El vallecaucano Fuentelapeña y el caucano Paispamba. No hubo tal. Uniformidad en la desigual presentación y en la falta de casta y fondo. Primero, quinto, quinto bis y sexto del primer hierro, los otros tres del segundo, conformaron una escalera de negros, chorreados, colorado y un castaño atigrado. Los más, terciados y de escaso cuajo. El reserva, que saltó por el malogrado quinto, llevó la mansedumbre al extremo. Los de la segunda divisa no les fueron a la saga en precariedad.

Juan José Padilla, salió a lidiar su quizás última corrida en esta plaza, con los emblemas de su distinguida carrera; decisión y entrega, pero no le alcanzaron para salvar la diluviada tarde. Sus faenas más vehementes que puras abundaron en gestos, efectos y desplantes para intentar crear la emoción que los animales no trajeron. El público y el palco de su parte con la música se lo agradecieron. Al primero lo liquidó de un efectivo volapié y al cuarto con una estocada tendida de tardó efecto que se negó a complementar con el descabello, casi hasta el tercer aviso. En uno le obligaron la vuelta al ruedo y en el otro lo sacaron al tercio para ovacionarlo. 

El paisa Sebastián Ritter, tiró como esquela de presentación un quite por gaoneras al primero. Una estatuaria bella y las otras y el remate enganchadas. La falta de temple que deslucía su estoica inmovilidad marcó su quehacer esta tarde. Con el segundo, sin embargo, alcanzó a ligar una tanda de cuatro derechas y un forzado de gran limpieza. Topó dos mansos, uno muy áspero al que despachó de estocada bien ejecutada y descabello certero que le valieron la ovación recibida en el tercio, y al malograrse el esmirriado quinto, el primer reserva, un manso de bola, renunciado y huido al que persiguió sin esperanza por todo el ruedo y al que no pudo matar, escuchando los tres clarinazos.

El venezolano Jesús Enrique Colombo, que debutaba como matador de toros en este ruedo de sus éxitos novilleriles, no tuvo mejor suerte. Pero su juvenil entusiasmó, sus muchos recursos y su facilidad no le dejaron descomponerse frente a un lote soso, sin transmisión, y además muy blando el sexto. Lanceó bien, quitó con pinturera y brilló con los palos en sus dos turnos. Con la muleta vio fenecer los viajes del tercero que pagó parándose los esfuerzos de los primeros tercios. Le puso una estocada desprendida pero eficaz que le valió el saludó. Frente al blandengue sexto salió a por todo. Siete acompasadas verónicas y una gran media despertaron tardías ilusiones. Los sesgos, el violín con las banderillas las incrementaron pero el animal claudicó y se rajó en el último tercio diluyendo las buenas intenciones del cristobalino. Un metisaca de incierta ubicación y una estocada total ganaron unas ralas palmas.

La lluvia intensa contribuyó a la baja entrada, poco más de un tercio de plaza, y luego los toros la justificaron con su triste figura y lúgubre juego. Los toreros pusieron lo suyo y los fieles aguantaron a pie firme hasta el final con más generosidad en las palmas que incidía en las protestas. Mañana será otro día. Viene los bogotanos de Achury Viejo.

FICHA DEL FESTEJO
Cali. Diciembre 26 2017. Plaza de Cañaveralejo. 1ª de feria. Lluvia. Un tercio del aforo. Cuatro toros de Fuentelapeña, 1º, 5º, 5º bis y 6º, dispares de presencia y mansos en diferentes versiones, y los otros tres de Paispamba, idem. 
Juan José Padilla, vuelta y saludo tras dos avisos.
Sebastián Ritter, saludo y silencio tras tres avisos.
Jesús Enrique Colombo, saludo y silencio.

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