sábado, 23 de diciembre de 2017

SUPERVIVENCIA DEL TORO / por BENJAMÍN BENTURA REMACHA



Picasso hizo al revés el viaje, desde su cuna, Málaga, hacia Galicia y Barcelona, París; Goya, de Zaragoza a Italia, Madrid, Andalucía y Burdeos; Manet, de Francia a la Puerta del Sol; Doré, viaje por España; Sorolla, a Nueva York, en cuyos museos ya estaba Goya; Fortuny, desde Reus a Granada, Sevilla, Marruecos e Italia, ahora en Madrid, en el Prado, y, de regreso de las Américas, Robert Ryan y John Fultón. Y muchos más. 

¿Puede ser un cuento de Navidad?
SUPERVIVENCIA DEL TORO

BENJAMÍN BENTURA REMACHA 
Muchas han sido las ocasiones y los razonamientos que se han dado para asegurar que la llamada “fiesta española” no se acaba. No le consiguieron las prohibiciones papales o reales y no creo que lo hagan los nacionalismos anti-españoles o los izquierdismos animalistas. Es cierto que el toro vivía en toda Europa y ahora solo se cría en España, Francia y Portugal, razón más que suficiente para que exista la corrida de toros puesto que sin ella no se celebrarían tales eventos y desaparecerían de nuestros campos animales de tal belleza y génesis. Dejo la defensa de semejante tema y su importancia para otros tratadistas más expertos que yo en el estudio del toro bravo y pongo en manos de los ganaderos la modificación del peto o muralla, la supervivencia del primer tercio de la lidia. Me aferro, pues, a las razones que me aporta la significación cultural del toro bravo.

Superados los fenómenos mitológicos griegos de Creta y el Minotauro, Teseo y las doncellas, el ejercicio guerrero alrededor de los castillos y sus murallas y las manifestaciones alemanas, inglesas, francesas y española del Siglo de Oro de las Tauromaquias, con su sumo sacerdote, don Francisco Goya Lucientes, al frente, aunque no plasmara nunca una Tauromaquia en particular, mientras se le reconoce tal conocimiento en el conjunto de toda su obra sobre el tema, dibujos, grabados y óleos, la historia de la Tauromaquia universal. Y el caso es que hoy nos encontramos con sorpresas que avalan la existencia del toro bravo. 

Me sorprendió gratamente la corrida celebrada en el pasado mes de septiembre en el circo de la francesa Arles. No me gustaron las ilustraciones del ruedo y los tendidos de Herve Di Rosa, pero sí el ambiente de la plaza, la música de la orquesta “Chicuelo” con la trompeta del mexicano Pancho Flores, las dianas para las “zapopinas” de “El Juli”, los ternos de los tres actuantes, el citado Julián, Juan Bautista y Cayetano, la confirmación técnica del arlesiano cómo excelente estoqueador, con su remate en la suerte de recibir en Logroño, a la altura del alicantino Manzanares, ya de regreso tras la reparación de sus vértebras. 

El clima del festejo compitió con el celebrado en Málaga, el de la impar y sensacional actuación de Enrique Ponce y el apoyo de Estrella Morente, una cantante que sobrepasa los límites del flamenquismo paterno. Dos muestras de hasta dónde puede llegar el espectáculo taurino, Arles y Málaga. Sorpresa agradable (Marc Lavie y su Semana Grande) la del encuentro con el pintor Van Gogh, que en 1888 (la casa amarilla, el café de noche, el autorretrato con la cabeza vendada, su habitación y el hospital de Arles) y se fue de París a la Provenza y en Arles pintó un cuadro de mediano formato que representaba el tendido del circo romano convertido en coso taurino con algunos espectadores más concretos, posibles conocidos del pintor, que, para delimitar la condición taurina del espectáculo que se desarrolla en la arena, apunta la figura de un toro y algunos posibles toreadores. Y pienso que estos borrones son simples apuntes porque el de la oreja cercenada no estaba familiarizado con ese toro y ese torero que van a magnificar a los nuevos impresionistas taurinos con Roberto Domingo como patriarca, a su regreso de su París natal. 

Picasso hizo al revés el viaje, desde su cuna, Málaga, hacia Galicia y Barcelona, París; Goya, de Zaragoza a Italia, Madrid, Andalucía y Burdeos; Manet, de Francia a la Puerta del Sol; Doré, viaje por España; Sorolla, a Nueva York, en cuyos museos ya estaba Goya; Fortuny, desde Reus a Granada, Sevilla, Marruecos e Italia, ahora en Madrid, en el Prado, y, de regreso de las Américas, Robert Ryan y John Fultón. Y muchos más. 

Hace unos días, en la Cope, 6 de diciembre, a las 12`30 de la mañana, hablaba Carlos Herrera con el cocinero Martín Berasategui de un aceite que el produce y emplea y que se llama “Aceite Martincho”. “Sí – manifestó el cocinero –, cómo el torero que dibujó Goya saltando con la garrocha”. No, don Martín: el torero que salta a la garrocha es el riojano Juanito Apiñani. Martincho, el favorito de don Francisco en sus grabados, está representado en un par de banderillas, en la estocada sentado en una silla, con grilletes en los tobillos y el sombrero como engaño a la puerta del chiquero y, también con grilletes tobilleros, el salto desde una mesa al llegar el toro a su jurisdicción. Tiene, además, un retrato al óleo del torero de Farasdués (Zaragoza) que está en el museo de Oslo. El cuadro de Van Gogh está en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo, para mayor universalización del arte que se inspira a lo largo de los siglos en el toreo. Nueva York, Madrid, París, Moscú, Arles, Oslo, Bilbao, Sevilla, Pamplona, Málaga, Barcelona, Zaragoza …

Iba yo hacia la capital de España para asistir a la presentación de la Agenda Taurina de 2018 de Vidal Pérez Herrero y hablar de Manolete en mi décimo quinta colaboración con el ilustre castellano de la meseta. El acto se celebraba en las catacumbas del templo del Espíritu Santo, en la Sala de Antonio Bienvenida, uno de los profetas de la diócesis madrileña. Mucha gente taurina y buena representación francesa, desde el embajador en Madrid al alcalde de Arles y el responsable del circo taurino arlesiano. Sorprendente la aportación de Diego Ramos con sus óleos y acuarelas sobre Manolete. Maravilloso el presente de Vidal para los colaboradores de la Agenda: la reproducción del cuadro del colombiano, en el que Camará le ata los machos a Manolete. Por delante en los parlamentos, los vecinos francos que hicieron profesión de fe taurina y promesa de mantener el esplendor de la corrida. Luego, mi turno. Manolete cumplía cien años un día antes del mes de julio de 2017 que don Álvaro Domecq, el mejor ganadero, el que mejor se sentaba en la silla de montar y al que en la negra fecha del 29 de agosto de 1947 correspondió el papel más ingrato. Una madre lloraba sin consuelo entre San Sebastián y Córdoba. ¿Quién te puso Angustias?

Yo no podía hablar de Manolete torero. La revista 6TOROS6 había publicado nueve números entre al 4 de julio y el 29 de agosto y un número especial y monográfico con el hilo conductor de Fernando García Bravo y las particulares opiniones de José Luis Ramón, director, y Alfonso Santiago, subdirector, Paco Delgado, Carmen de la Mata , Michael Wigram y el que esto firma porque tengo el privilegio de ser el único superviviente de la corrida del 12 de octubre de 1939, día de la confirmación de alternativa de Juanito Belmonte y el propio Manolete, de manos de Marcial Lalanda. Por delante, don Juan, a caballo. Y el navarro Fernando del Arco Izco, manoletista, bibliófilo, paciente recopilador de mil cuatrocientos poemas dedicados al tercer Califa torero en su “Parnaso Manoletista” (dos tomos) y editor de la revista “Caireles”, la única de índole torera publicada últimamente en Barcelona. La única y la postrera porque del Arco anuncia que este es su último esfuerzo editorial. Naturalmente, está dedicada a Manolete y colaboran Andrés Amorós, Saíz de Valdivielso, Sotomayor, Salvador Arias, Díaz Murillo, Paco Laguna, Zumbiehl, Pedro Mari Azofra, Federico Arnás, Fernando Claramunt, Benlloch y Salvador Sánchez Marruedo, que es el único ser vivo que yo conozco que tiene una foto con Manuel Rodríguez. Bueno, recuerdo una foto de Julio Aparicio antes de iniciar su carrera de novillero, cuando andaba por la Fuente del Berro madrileña con su padre, novillero en su juventud, que no le daba la mano a nadie. Si alguien osaba estrechársela se la lavaba inmediatamente. Algunas rarezas tiene también su hijo, ya en la octava década de su vida. Tiene medio año menos que yo.

En mi intervención dije que Manolete toreó setenta corridas de toros en Barcelona y que su segunda plaza era Valencia, con treinta y cuatro, tercera Madrid, con veintiséis, pocas de ellas contratado por la empresa de Jardón, la mayoría benéficas, incluida la única de 1946, luego Sevilla, Zaragoza, Bilbao y México (El Toreo y La Monumental). En Córdoba, sólo trece. Ni siquiera la alternativa, que la tomó en Sevilla. ¿Qué la pasaba a Manolete con sus paisanos? Por cierto: el 14 del mes de noviembre pasado, el Ayuntamiento de Córdoba la concedió a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez el título de Hijo Predilecto. Nunca es tarde si la dicha es buena. Según Ladislao Rodríguez, “Ladis” en sus fotos, hubo sus más y sus menos en la concesión. Discrepantes, dice “Ladis”, que con José María Portillo, presidente de la Peña “El Castoreño”, han organizado más de cuarenta actos en homenaje al torero más universal de todos los tiempos. Ese que, hoy, no podría sumar ni una sola actuación en Barcelona. Álvarez del Manzano apuntaló mi argumento y señaló que la culpa la tienen los taurinos, los empresarios, don Pedrito o sus hijos y arrendatarios.

Muchas cosas se podrían hacer. Por ejemplo, una noche de intelectuales en Lhardy para recordar aquella del mes de diciembre de 1944. El famoso restaurante sigue ahí, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, junto a la Puerta del Sol y la “playa” de la calle Sevilla por la que se paseaban los toreros de Madrid y los que venían de otros lugares. Y “La Tropical”, “Riesgo”, “Las Cancelas” o “Marfil”. “El Gato Negro”, en la calle del Príncipe, cerca de la plaza de Santa Ana, barrio de las letras donde hay más de cuatrocientos bares y miles de jóvenes que no dejan vivir a los vecinos del lugar. Pese a todo esto, en ese hipotético acto de Lhardy podían intervenir intelectuales y poetas de hoy, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, periodista que colaboró en “El Ruedo” y dedicó un libro a Manolete y otro a Juan Belmonte, Rosa Montero, Premio Nacional de Literatura, hija del banderillero Pascual Montero, Mario Gas, hijo de una hermana de Mario Cabré y el bajo cantante y actor de cine Manuel Gas, Agustín Díaz Yánez, director de cine, hijo de Michelín, el extraordinario torero de plata que decía que le ponía un gancho a la punta de su capote para sujetar a los toros por el hocico, Fernando Sánchez Dragó, comunista “resucitado al séptimo año” y autor de “Gárgoris y Habidis”, “Una historia mágica de España” prologada por Gonzalo Torrente Ballester (1978), Jiménez Losantos, otro arrepentido, Carlos Herrera, sevillano recriado en Barcelona, bético y currista, Antonio Burgos, currista y bético, intelectuales y poetas demócratas que de tantos deseos que tienen de libertad han roto con la rima y el ritmo. Ahora los mayores poetas del mundo son Sabina y Leonard Cohen. En diciembre de 1944 fueron Agustín de Foxá y Gerardo Diego, Alameda, Aleixandre, Benítez Carrasco, Bergamín, Mario Cabré, Campmany, Carvajal Ramos, Duyos, Entrambasaguas, Federico Muelas, Quintero, León y Quiroga, mi dilecto Rafael Herrero Mingorance y muchos más

Al final del acto de la presentación de la Agenda de Vidal Pérez Herrero saludé a Santiago Martín “El Viti”, nos dimos un abrazo de crujir huesos y recordamos a José Luis González Peña, un traumatólogo del equipo del doctor Epeldegui que recuperó al de Vitigudino de la lesión del codo izquierdo que sufrió en Francia de novillero y a mí de las cinco fracturas del tobillo derecho que me rompí al patinar en moto en un charco de gasoil en la plaza de Castilla a mi regreso de una novillada en Colmenar Viejo, en donde había triunfado Agapito García “Serranito”. Grande el asturiano “Peñita”, que también recuperó a Manuel Benítez “El Cordobés” de una lesión en el bíceps del brazo derecho. Y grande Santiago Martín que superó aquel escollo y se sentó en el trono con Diego Puerta y Paco Camino. No fue fácil, no. ¡Qué bien me saben los recuerdos! También disfruté saludando a Ricardo Díaz Manresa, periodista, a Blanca de Pérez Herrero, señora de Cacabelos, Reino de León, y colaboradora de su esposo para llevar a buen puerto el acto de la presentación de la Agenda, a Muriel Feiner, que no paró de disparar su cámara fotográfica para fijar las escenas más significativos del acto, a César Palacios, con su rastrillo echo lápiz torero, a Juan Lamarca, alma y vida de la noticia y el sentir toreros y a Lázaro Carmona, con el que hablé de Miguel Flores, poeta con duende gitano. “El Camborio”. ¿Pero era gitano Miguel? Sí lo es el hijo de Aparicio y la Malene, no lo es pero se siente Morante de la Puebla. A ambos les dio Miguel el primer empujón. Buena herencia nos dejó.

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