viernes, 16 de marzo de 2018

Colombia. El líder / por Luis Alfonso García Carmona



Nos queda a cada uno de nosotros la tranquilidad de sabernos guiados por el mejor, por el líder, por Álvaro Uribe Vélez.


Luis Alfonso García Carmona
Colombia, 15.03.2018    
Prueba la Historia que los destinos de las sociedades están ligados a la presencia de líderes que, en momentos cruciales, decisivos para su futuro, han sabido sortear las dificultades y encontrar el rumbo adecuado.

Infortunadamente, pocos son los que reúnen tales  condiciones, y más escasos los que, además, se hayan servido de ellas para buscar el bienestar colectivo.

Es que el buen líder en el terreno político debe, ante todo, estar impulsado por un acendrado patriotismo, que supere cualquier interés personal, afecto político o compromiso de menor calado. La Patria debe ser su pasión, para contagiar de su fervor a sus colaboradores y a su pueblo.

Por supuesto, ese espíritu debe ir acompañado de una visión de futuro. Allí donde muchos logran vislumbrar solo una contienda electoral, él tendrá  una proyección futurista: la de un proyecto político que permita garantizar el bien común para las generaciones presentes y futuras.

No podría cumplir a cabalidad su sueño, sin contar con un conocimiento profundo del país, acompañado de una capacidad de trabajo fuera de lo común, que le permita  estar en permanente contacto con la realidad nacional, en comunicación directa con los ciudadanos, y que lo habilite para la correcta y oportuna toma de decisiones.

Son múltiples las facetas que caracterizan al auténtico líder: Aptitud para comunicarse con claridad; coherencia y autenticidad en sus planteamientos , que le acarreen credibilidad ; infinita paciencia y perseverancia sin límites para afrontar las adversidades hasta lograr finalmente los objetivos propuestos; carácter ejemplar para responsabilizarse de todas sus acciones u omisiones ; planeamiento estratégico para determinar el momento oportuno y la acción a seguir que evite en lo posible los fracasos; autodisciplina para corregir sus falencias y disposición para escuchar a los demás; y,  generosidad para formar nuevos líderes que continúen su tarea cuando él falte.

No hay que realizar demasiado esfuerzo para ver retratado con este perfil al estadista y auténtico líder de nuestro país, al que acudimos cuando todo parece perdido, cuando se ciernen sobre nuestra Nación las más terribles tormentas. Ahí está siempre Alvaro Uribe Vélez.

Nos devolvió la tranquilidad en el  año 2002, cuando el país se encontraba en manos de dos violentas organizaciones: la guerrilla de las FARC y los carteles de la droga. Se puso al frente de la fuerza pública, implantó la seguridad, desmovilizó miles de guerrilleros y de paramilitares, atrajo la inversión privada, comenzó grandes transformaciones en los campos de la educación y la salud, mejoró la infraestructura y consiguió un apreciable crecimiento de la economía.

Se opuso, en contra de todos los obstáculos a la entrega del país a los criminales de las FARC,  con el pretexto de firmar una paz que nunca llegó, y logró el triunfo de quienes propugnábamos por una paz que no acarreara impunidad ni violación de la Constitución. En lugar de reformar el acuerdo, Santos lo puso en vigencia sin atender al mandato popular expresado en el plebiscito.

Se otorgaron toda clase de privilegios a los criminales de lesa humanidad; se montó un sistema judicial para su absolución y la persecución de sus adversarios; continuó la violencia contra civiles y militares; no cesó la extorsión; creció el cultivo de cocaína un 500%; se establecieron las condiciones para la llegada del populismo socialista en cabeza del candidato Petro o de sus afines ideológicamente, Fajardo y De la Calle. Ya la estrategia planteada en el Foro de Sao Paulo por la izquierda marxista-leninista estaba por dar sus frutos en Colombia.

Pero volvió Uribe Vélez a dirigir la batalla de recuperación del país: Con un brillante equipo  -el Centro Democrático– dio la pelea en el Congreso contra la omnímoda alianza santista; buscó entre las juventudes del partido a los mejores candidatos a la Presidencia y, después de una reñida pero honesta justa, se escogió a Iván Duque.

Supo con antelación que la competencia se asemejaba a la de David contra Goliat y, en consecuencia, diseñó con el ex presidente Pastrana la coalición para la reconstrucción del país. Cuenta ahora con un candidato imposible de emular, cada vez más cerca del solio de los Presidentes.

Sea éste el momento para rendirle un merecido tributo a este patriota, a este estadista sin par en nuestra tierra, a este colombiano a carta cabal, que tantos denuestos y calumnias ha recibido por servir a su país. Por encima de los sinsabores y sacrificios, debe saber él que cuenta con un sitio privilegiado en el corazón de los colombianos de bien. Nos queda a cada uno de nosotros la tranquilidad de sabernos guiados por el mejor, por el líder, por Alvaro Uribe Vélez.

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