lunes, 26 de marzo de 2018

La Cataluña taurina aún tiene remedio / Por Juan Miguel Núñez Batlles



La prohibición de los toros en Cataluña fue la primera piedra que arrojaron los separatistas en su intento inconstitucional de querer desmarcarse de la Nación, de España. Una estafa política en toda regla.

La Cataluña taurina aún tiene remedio

Juan Miguel Núñez Batlles
Madrid, 26 de Marzo de 2018
La temporada ya está en marcha. Primero fue Valdemorillo; luego vinieron Olivenza, Castellón y Valencia. Y ahora Madrid; este último Domingo de Ramos se alzó el telón en Las Ventas.

Vendrá después Sevilla. Y así se irá cumpliendo un calendario que para muchos ya es el habitual. Pero no nos equivoquemos. En la relación de plazas que se preparan  para estrenar campaña, de momento faltan las catalanas, seis años ya ausentes, sin actividad taurina.

No se programan toros en Cataluña desde que entró en vigor la  triste prohibición aprobada en 2010 por el Parlamento de aquella autonomía.

Una determinación que no tiene lógica. O, sí. Ahora que está tan candente el tema del separatismo catalán, conviene recordar que todo empezó por los tiquismiquis de la política.

La prohibición de los toros en Cataluña fue la primera piedra que arrojaron los separatistas en su intento inconstitucional de querer desmarcarse de la Nación, de España. Una estafa política en toda regla.

Pero, entonces, nadie desde las instituciones se comprometió en la defensa y reivindicación del toreo.

Los antitaurinos manejaron argumentos tan bárbaros como que los toros eran un espectáculo franquista. Y hasta pretendieron comparar la tauromaquia con el maltrato a las mujeres, incluso con la ablación. Qué ignorancia y qué temeridad. Y qué desvergüenza que nadie desde ninguna institución, organismo o asociación saliera al paso de tamañas monstruosidades.

De modo que la campaña en contra de lo taurino fue tomando consistencia conforme crecían las imposiciones de estos malvados cuyo único interés era renunciar a la seña de identidad común que por tradición y cultura guardan Cataluña y el resto de España.

Porque, además de en Barcelona -la última en cerrar su monumental plaza de toros-, hasta mediados de los años sesenta, miles y miles de catalanes acudían a los festejos taurinos que se celebraban regularmente en los diversos cosos diseminados por todo el Principado, desde Vic a Olot, pasando por Figueras, Tarragona, Tortosa, Mataró, Gerona, Sant Feliú de Guixols o Lloret de Mar, entre otras y  sin hablar de plazas portátiles.

Pero el separatismo que se perseguía de la marca España terminó por hacer válidos su ataques -ojo, nunca sus tesis- mientras el sector taurino no reaccionaba a tiempo ni en forma. Y de esto hay mucho que hablar, pues, aunque parezca mentira, en el puntillazo que ahora se sufre tiene mucho que ver la desidia e incompetencia, la dejadez del colectivo formado sobre todo por ganaderos, toreros y empresarios. Digamos que las actuaciones previas de los profesionales taurinos a la determinación de los políticos antitaurinos fueron de total descuido y conformismo.

De aquellos polvos, es fácil adivinar, tenemos ahora estos lodos.

Aunque no quiero ser pesimista, no. Este domingo parece que han puesto a buen recaudo a Carlos Puigdemont -detenido por fin en Alemania-, uno de los principales culpables del desbarajuste que empezaba a vivir Cataluña con la pretendida declaración de república independiente, que afectó a frentes tan determinantes como la educación, la economía, el turismo y hasta el orden público. Tan descuidada andaba la cosa en aquella autonomía que para evitar un cataclismo social ha debido intervenir el Estado con el firme respaldo del poder judicial.

Esto es ni más ni menos que lo que hicieron en su día con los toros, pero entonces nadie salió al quite. Y como pudieron comprobar que campaban a sus anchas, pues se crecieron, y vino lo que vino.

Ahora por fin el famoso artículo 155 de la Constitución ha salido al quite. Un quite más que oportuno, providencial.

Y a propósito de lo sucedido, conviene recordar que hace dos años el Tribunal Constitucional dejó sin efecto la prohibición del toreo en Cataluña.

¿A qué esperamos entonces para dar el paso al frente?

¡Taurinos de todos los sectores y niveles, éste es el momento!

Se hace absolutamente necesario anunciar la organización no sólo de una corrida si no de un ciclo en aquellla bendita y muy taurina tierra; por supuesto, en la Monumental barcelonesa.

La Fundación del Toro de Lidia ha estrenado hace ya unos meses presidente en la figura de Victorino Martín García, nombre de cuya capacidad y vocación no se duda, y más recientemente se ha dado a conocer asimismo el nombramiento de un portavoz. Pues aplíquense a la tarea, porque hasta ahora en este asunto de Cataluña, ni se les ve, ni se les oye.

Forges, el humorista, se tomaba las cosas de la vida muy en serio. Y cuando había una catástrofe que dejaba situaciones lamentables como los terremotos de Lorca, o de Haití, sabiendo que cuando la noticia pierde actualidad se relajan las conciencias por aquello de "ojos que no ven", lo que hacía era insistír en un rinconcito de sus viñetas recordando las calamidades que pasaban los damnificados.

Y eso es lo que yo quiero traer a colación. No nos olvidemos de Cataluña. La Cataluña taurina nos necesita a todos. Sin duda ahora es muy buena ocasión para recuperar lo que de manera tan vil nos quitaron. ¡A por ellos!

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