sábado, 28 de julio de 2018

Morante escoltado por la policía. 6ª de Santiago en Santander. Un desastre sin más paliativos que una generosa puerta grande para Alejandro Marcos / por J.A. del Moral.



Si esto lo hubiera hecho Morante hace años, el ruedo se hubiera llenado almohadillas y de toda clase de objetos. Y hasta algunos espectadores hubieran bajado a la arena para abofetear al irresponsable matador que debería ser multado por la autoridad.

“¡Qué bonito es ser artista y tener admiradores!”

Tarde desgraciadísima sin mayores paliativos que el circunstancial y apenas compensatoro triunfo del joven tercer espada, el salmantino Alejandro Marcos que, aún muy verde y sin una sola tarde en su haber durante la presente temporada, consiguió sumar un par de orejas con buenas formas apuntadas y suerte con la espada. Nadie salió hablando de él sino del gran petardo de un escandalosamente desentendido Morante de la Puebla y de la mala suerte de José María Manzanares del que, al menos, nos llevamos los mejores aunque aislados lances y muletazos de la tarde.



Un desastre sin más paliativos que una generosa puerta grande para Alejandro Marcos

J.A. del Moral· 28/07/2018
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. Viernes, 27 de julio de 2018. Tarde muy nublada y amenazante con llovizna al final y casi lleno.

Siete toros de la casa Matilla incluido el sobrero que reemplazó al quinto por derrengado. con sus tres hierros: Primero y sexto de Hermanos García Jiménez, Cuatro de Peña de Francia y quinto mas el sobrero de Olga Jiménez. Desiguales de presencia con varios justos pitones y pobre trapío y de justísimas fuerzas ni casta, mansearon aunque en conjunto algunos apuntaron calidad.

Morante de la Puebla (nazareno y oro): Hábil estocada caída, silencio. Pinchazo hondo de muy tardíos efectos y bronca monumental.

José María Manzanares (grana y oro): Dos pinchazos y estocada, silencio). Estocada desprendida, ovación con saludos.

Alejandro Marcos (violeta y oro) Estocada, oreja generosa. Pinchazo y estocada, oreja generosa. Salió a hombros por la puerta grande.

A caballo sobresalieron Paco María y Chocolate en sendos puyazos con derribo y caída del primero o evitándola el segundo. En la brega, destacaron José Antonio Carretero, Rafael Rosa, Lili y Suso. Y en banderillas, también Suso, Carretero, Rafael Rosa que fue alcanzado y cogido sin consecuencias, Luis Blázquez, Bonifacio Martín y Gómez Pascual. 

Por imposibles que fueron los dos toros inválidos que enfrentó, el primero tras pegarse un tremendo volantín, la actitud de Morante de la Puebla careció absolutamente de justificación. Muy especialmente su escandaloso absentismo durante la lidia del cuarto toro que, tras aceptar un puyazo aliviado y una vez cubierto el tercio de banderillas, se fue a los medios continuando cual mero espectador de lo poco o nada que se dejó hacer el animal a cargo de sus peones, llegando a desesperar a la gente cuando hizo lo mismo tras dejar un pinchazo hondo del que al animal tardó muchísimo en doblar. La gente que medio se había animado con apenas apuntados lances del cigarrero en su saludo con el capote, se enfadaron luego hasta gritarle de todo aunque con respeto porque aunque alguien arrojó al ruedo una botella de plástico vacía, nadie más osó tirar nada más al ruedo. Si esto lo hubiera hecho Morante hace años, el ruedo se hubiera llenado almohadillas y de toda clase de objetos. Y hasta algunos espectadores hubieran bajado a la arena para abofetear al irresponsable matador que debería ser multado por la autoridad.



José María Manzanares, al contrario, no abandonó nuca la calma que le caracteriza e hizo lo imposible para lucirse con el capote y con la muleta, sobre todo con el quinto toro que pareció tener un poquito más de fuerza que el segundo, apuntando soberbias aunque aisladas verónicas y tal o cual empacado muletazo hasta matarlo pronto. Cosa que, increíblemente, no ocurrió con su muy segura espada al matar al segundo.

Alejandro Marcos se llevó el único lote posible y lo aprovechó con ternura artística y profesional, sumando un par de generosas orejas – ya lo hemos dicho – y una salida a hombros ganada aritméticamente pues una más una suman lo que hace falta por la mínima para lograr el honor.


Por cierto que hablando de las varias salidas a hombros por la Puerta Grande de la plaza de Cuatro Caminos en esta feria, las únicas realmente merecidas han sido por ahora las de Ponce y El Juli. ¿O no?

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