domingo, 15 de julio de 2018

PAMPLONA. UN ALCALDÍN / por Pla Ventura


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El alcaldito, con chistera incluida se atrevió a decir que Pamplona no sería nada sin sus encierros, pero que sería conveniente suprimir las corridas de toros por la tarde. Y lo dijo un tipo que, además de ser alcalde de la ciudad navarra, tiene el abono de la feria durante treinta y siete años.


  • Lo que dijo el citado alcalde al respecto de la fiesta de los toros de su ciudad, era lo previsible; no sabemos si lo dijo de motu propio o como se barrunta, auspiciado por esos descerebrados de un partido llamado Podemos que, en realidad, lo que sí podrían hacer es irse todos a la mierda y dejarnos tranquilos a la ciudadanía.

UN ALCALDÍN

Sin lugar a dudas que en el mundo de la política, cuántos la ejercen, no todos son retrasados mentales, pero sí, todos aquellos que tienen muchas taras de todo tipo anidan en el mundo de la política, como prueba, el alcalde de Pamplona que no le voy a dar el gusto de nombrarlo porque, en realidad, es innombrable. Lo que dijo el citado alcalde al respecto de la fiesta de los toros de su ciudad, era lo previsible; no sabemos si lo dijo de motu propio o como se barrunta, auspiciado por esos descerebrados de un partido llamado Podemos que, en realidad, lo que sí podrían hacer es irse todos a la mierda y dejarnos tranquilos a la ciudadanía.

El alcaldito, con chistera incluida se atrevió a decir que Pamplona no sería nada sin sus encierros, pero que sería conveniente suprimir las corridas de toros por la tarde. Y lo dijo un tipo que, además de ser alcalde de la ciudad navarra, tiene el abono de la feria durante treinta y siete años. Vamos, que lo que estamos oyendo en estos tiempos por parte de los políticos, eso no lo habíamos sospechado jamás; es cierto que tampoco teníamos unos políticos como los actuales que, si son de izquierdas, a prohibir tocan; lo que sea, pero prohibir, es decir, ser dictadores que es para lo que han llegado a la política. Lo que vulgarmente se dice, piezas de Alemania tienen pocas, pero saberse dictadores ante los demás, eso les fascina.

Lo que no sabe ese pobre hombre que usa chistera para ir a los toros y, para colmo, presidir las corridas, es que Pamplona es famosa en el mundo no por tener un Hospital Universitario que es la admiración del mundo; su fama viene dada por los encierros mañaneros y por sus corridas de toros, un binomio imposible de separar; esa es la grandeza de esa tierra y la que gracias a las corridas de toros es mundialmente conocida. Fijémonos hasta donde llega la magia de los toros que, si por ejemplo, a un americano le preguntásemos por Soria nos diría. ¿Y eso dónde está? Por el contrario, esa misma pregunta la hacemos con Pamplona y la respuesta es contundente y afirmativa en cualquier parte del globo terráqueo. Pero esa fama viene dada por un espectáculo fantástico que, gracias al mismo, a los toros, ha dado prestigio mundial a la capital de Navarra.

El alcalde en los los toros. ¿Lo entiende alguien?

Sabiendo quién manda en Pamplona, aunque nos pese, era de esperar una reacción como la que tuvo ese pobre hombre que, para su desdicha, todavía no se ha enterado que dirige los destinos de la ciudad más famosa del mundo que, gracias a los toros la contaron y divulgaron personajes de la talla de Ernest Heminguay y, por ende, la hicieron famosa en el mundo. Con gentuzas como la descrita es posible todo; hasta que quieran suprimir la fiesta de los toros, la fiesta más ancestral de España, la que se vienen celebrando hace siglos pero que, estos cafres que ahora se dedican a la política, muchos de ellos, no saben que El Pisuerga pasa por Valladolid.

Es cierto que, el primer día de feria en Pamplona el alcalde tuvo que soportar algunos insultos tan tremendos como los que les lanzan a los árbitros todos los domingos; el tipo se merecía eso y mucho más porque, un político, antes de decir algo tiene que pensarlo; todos debemos de hacerlo, pero un político mucho más porque está representando a un pueblo.

Claro que, el muy gracioso, cuando se estaban acordando todos de sus seres más queridos, el tipo saludó con la chistera en mano. Olé sus cojones, sí señor. Era para irse de la plaza y no volver jamás; pero claro, eso lo haría cualquiera que tuviera dignidad pero, de un político se puede esperar todo, hasta que se caguen en sus muertos y no darse por enterado.

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