jueves, 12 de julio de 2018

Realidad sobre los derechos de los animales / por Rafael Comino Delgado




Realidad sobre los derechos de los animales

Se habla y se emplea muy  frecuentemente la expresión "derechos de los animales",  y  aunque es algo generalmente aceptado, se hace  de forma no del todo correcta a nuestro entender, ya que los animales irracionales no pueden tener derechos, entre otras razones porque no pueden comprender el concepto derecho y porque no pueden tener deberes (pues todo derecho conlleva un deber). Por tanto, no pueden ser objeto de derecho.

Al mismo tiempo, queremos dejar contundentemente claro que los humanos sí tenemos deberes para con ellos. El principal el de respetarles, pero como son, no iguales o semejantes a los humanos, sino diferentes. Y eso no es exactamente lo mismo que tener derechos. Creo que estos dos conceptos se confunden frecuentemente en la actualidad.

Naturalmente, el hombre puede otorgarles derechos si así lo desea, pero ellos ni se enteran ni pueden ser objeto de esos derechos, ni pueden ejercerlos, por lo que otorgarles derechos es un sinsentido, o si quieren una memez. 

De hecho, existe una Declaración Universal de los Derechos de los Animales, por cierto llena de contradicciones, que fue adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal en 1977, proclamada en 1978, y más tarde aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

En España estos temas están recogidos en el Real Decreto 53/2013, de 1 de febrero, que establece unas normas básicas para la protección de los animales utilizados en experimentación, fines científicos y docentes. Así mismo, el artículo 33 del Código penal de 1995, modificado por la LO 1/2015, introduce nuevas penas de inhabilitación para la tenencia de animales y el ejercicio de profesiones relacionadas con animales. 

En este sentido el filósofo, jurista y jesuita de la Universidad de Múnich  Norbert Brieskorn  dice lo siguiente: 

a) ¿Se debe conceder derechos a seres que no pueden hacer uso de ellos? 
b) ¿Qué ganamos con conceder unos derechos que ya están implícitos en la Ética humana? 
c) De concederles derechos, ¿deberían ser iguales a los humanos o no? 
d) En caso de conflicto, ¿qué derecho prevalecería, el del humano o el del animal?
e) ¿En qué consistirá la legitimidad de aquéllos que implementarán derechos de los animales en su nombre? 

Sinceramente creo que todas estas cuestiones que plantea Norbert Brieskorn  están repletas de sentido común.  
Por todo ello, a nuestro entender, conceder derechos a los animales irracionales es un craso  error, una actitud fuera  del sentido común y de la más elemental lógica, propia de mentes poco equilibradas. 

Ahora bien, si creo, como ya apuntamos,  que los humanos debemos imponernos deberes para con los irracionales, pero no los mismos deberes para todos por igual, dependerá del animal irracional, y en cualquier caso siempre considerado diferente al humano. Cualquier ser medianamente equilibrado se dará cuenta de  que no podemos imponernos los mismos deberes para con un caballo que nos ayuda en el trabajo, que para con  una mosca que nos  está incomodando constantemente, o para con un  piojo. Y pongo el ejemplo del piojo, porque se de un colegio en que los niños tenían  piojos en la cabeza, y  la dirección   de dicho colegio les dijo  que sus madres no les echaran nada que pudiera matar a los piojos, porque eso era muy cruel.  

Cuando me enteré de ello, inmediatamente  recordé la conocida frase de Albert Eisntein: 

"Hay dos cosas que son infinitas: el universo y la estupidez humana; de la primera no estoy seguro".

Loa animalistas pueden  estar repitiendo de aquí a la fin los tiempos que,  " los animales irracionales tienen los mismos derechos que los seres humanos", pero eso nunca será verdad.

La verdad, la realidad, es que  desde que el mundo es mundo, desde que el hombre empezó a vivir sobre el planeta Tierra, ha utilizado a los animales irracionales como mejor ha  convenido en cada momento para poder supervivir y para desarrollarse, porque así se dice en el Génesis, y unos animales se han comido a otros para supervivir, y la resultante de todo ello es el orden natural existente. Si se rompiese ese orden natural al implantar la ideología animalista, habría una gran catástrofe y muchos animales  desaparecerían. De entrada, todos los domésticos y muchos de los salvajes. ¿Si no podemos comer los huevos o carne de las gallinas, para qué las queremos?, ¿si no podemos beber la leche de la vaca y comer su carne, para qué la queremos?, ¿si no podemos utilizar el caballo para montarlo y desplazarnos de un lugar a otro, para qué lo queremos?, etc.

El doctor Claudio Bertonatti, de Argentina, es un vegano arrepentido, porque según él,  al implantar la doctrina animalista, se estarían matando muchos animales por alteración del equilibrio natural.

Cualquier persona con una inteligencia normal, que esté en su sano juicio, comprenderá fácilmente que lo que los animalistas pretenden es imposible, es sencillamente un disparate: sólo pensarlo es una aberración mental de grado superlativo, por las razones expuestas y por muchas más. 

Ahora bien, este ejército de fanáticos puede resultar muy peligroso, porque están dispuestos a todo, y ello es algo que debemos saber los taurinos y la sociedad en general. Ante tal situación, nuestra misión es explicarles la realidad una y otra vez, haciéndoles ver lo equivocados que están, y que están siendo utilizados por gente sin escrúpulos que sólo piensa en su bienestar y enriquecimiento, mientras que el bienestar de los animales le importa muy poco.

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