lunes, 14 de enero de 2019

EN LA MUERTE DEL MAESTRO JORGE GUEVARA / por Enrique Martín


Jorge y El Pana de tertulia en una de las reuniones de OyT. Nos faltan los dos

Desde este medio, 'Del toro al infinito', lamentamos profundamente la muerte del amigo Jorge, expresando nuestras condolencias a su familia y amigos por tan irreparable pérdida.  Que Dios lo acoja en su seno.

MAESTRO JORGE GUEVARA
 
Madrid,14/01/2019 
Las despedidas pueden ser largas, cortas o interminables, pero nunca resultan agradables. Hoy toca la de un maestro, así lo consideraba yo, de la pluma y del estar, porque Jorge Guevara estaba como nadie. Y ahora ha decidido que debía estar en otras plazas, en otras tribunas, contagiando afición a toda la corte celestial. El momento es fastidiado, para qué decir otra cosa, el derrote ha sido violento, una cornada de varias trayectorias, que afecta al corazón, al recuerdo y al ánimo. Pero resulta muy complicado no acordarse de Jorge Guevara sin sonreír, porque es lo que pasa con las personas que van repartiendo alegría y serenidad. Cualquier domingo le podías ver esperando en los bancos junto a la plaza, esperando a que llegara la hora de entrar, que tampoco era difícil localizarle, bastaba buscar la cabellera cana resplandeciente, sus gafas a lo Manolete y el gesto de serenidad y expectación, porque otro día más, iba a los toros.

Siempre le quedaba tiempo para mostrarnos su estilo capotero

Generoso, te comentaba tus escritos, antes que los suyos propios, te contaba su vida en el toro, las veces que de luces se puso delante del toro, aquello de que a Madrid había que venir “toreadito”, la sonrisa socarrona cuándo yo le decía que no tenía ni idea, que con todo lo que había vivido en sus carnes, esta fiesta se le tendría que hacer inexplicable. Era un aficionado clásico, de los de siempre, benévolo y riguroso a la vez, porque escuchaba al toro y este le marcaba para dónde tirar. Le escuchaba y le entendía, con lo difícil que esto resulta.

Aquel viaje a Alicante, para celebrar los 10 años de OyT, junto con otro maestro, El Pana, que se hizo muy corto, me faltaron kilómetros para seguir hablando de toros, aunque al final acabáramos hablando de la etimología árabe de las palabras, ¿se imaginan? Pues tal y como se lo cuento, que es lo que suele pasar cuando te embarcas con dos sabios, con dos soberbios lidiadores que te llevan y te traen en la conversación. El relato de una corrida de rejones que montó en San Pedro del Pinatar, con los hermanos Peralta. Era un contador de historias inagotable y si se le contradecía, simplemente sonreía para si y lo dejaba correr, como si pensara que para qué discutir. Siempre dispuesto a acudir allá dónde se respirara toro, siempre y cuando no tuviera que conducir de noche. Jorge era vivir el toro, fue vivir la plaza de Madrid o quizá, simplemente, fue vivir. Jorge, no sé si te parecerá bonito dejarnos aquí sin tus crónicas, sin hacernos pensar en ese detalle de un banderillero, del matador al cambiar los terrenos, del muletazo a favor de querencia, pero no te lo tomaremos en cuenta, porque con todo lo que nos dejas, tenemos tarea para asimilar tus enseñanzas. Eso sí, allá arriba seguro que te juntarás con otros buenos aficionados; a ver si en esas tertulias encontráis solución a esto de los toros aquí abajo, si intercedéis ante el jefe y que Él nos eche una mano. En ti confiamos y de ti siempre nos acordaremos. Te buscaré por los bancos de las Ventas, te buscaré entrando por el Desolladero y caminando por las galerías del bajo del 3 y de vez en cuando te encontraré releyendo tus escritos de cada día de toros en la plaza de Madrid. Descansa en paz, maestro.

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