sábado, 26 de enero de 2019

No sé si será Pelé, si sé que es futbolista para el Real Madrid / por Juan Manuel Rodríguez



A su calidad futbolística Vinicius añade otra capacidad tan importante como la anterior, al menos para jugar al fútbol en el mejor club deportivo de la historia, y es que a este crío de 18 años no le amedrenta saltar al césped del estadio Santiago Bernabéu.

No sé si será Pelé, si sé que es futbolista para el Real Madrid

Sigo diciendo lo mismo que cuando llegó Vinicius: no sé hasta dónde llegará ni será o no será el nuevo Pelé, es muy joven y tiene capacidad de mejora por delante; probablemente tenga cosas que pulir pero cuando ojeadores de todo el mundo iban tras sus pasos y el periodismo deportivo brasileño veía en él al líder del futuro de su selección (Tite, por cierto, acaba de declarar que no se trata de un futuro lejano precisamente) era, creo yo, porque el chico es un diamante, un diamante sin pulir, sí, pero un diamante. Y sigo pensando que fue un error de Lopetegui, un inmenso error, no ponerlo. Y sigo creyendo que si ahora lo ha hecho Solari es porque no están ni Bale ni Asensio y porque Isco no le gusta o no le traga, que para el caso es lo mismo.

A su calidad futbolística Vinicius añade otra capacidad tan importante como la anterior, al menos para jugar al fútbol en el mejor club deportivo de la historia, y es que a este crío de 18 años no le amedrenta saltar al césped del estadio Santiago Bernabéu. Ya digo que el del peso de esa camiseta no es un asunto precisamente baladí e irrelevante; yo he visto a jugadores internacionales con España salir al coliséum y hacerse popó en los pantalones. A Vinicius eso no le pasa, él la pide, encara, ofrece siempre una salida veloz y vertical para el equipo, aclara el panorama, mira hacia arriba con ahínco, tiene la portería rival entre ceja y ceja y, además, disfruta el tío. ¿Que le falta tranquilidad en los metros finales?... Probablemente. ¿Que aún tiene que engrasar el gatillo?... Quizá. Pero si Vinicius se trastabilla o no le sale bien un regate no se deprime, no se mete debajo de la cama, sino que lo intenta otra vez, y otra más... hasta que al fin le sale.

Y como lo intenta hasta que le sale y como, ahora mismo, el Real Madrid carece de un futbolista con ese perfil, que encaja tan bien con la historia merengue, los compañeros han acabado por buscarle. Digo "han acabado" porque esto no es llegar y besar el santo... tampoco en el fútbol. Los vestuarios tienen sus claves, sus tics, sus códigos internos, y ese vestuario en concreto resulta que ha ganado tres Champions seguidas y cuatro en cinco años: un chaval de 18 años tiene que demostrarlo, y Vinicius lo ha hecho. O sea, Vinicius ha hecho eso que los periodistas deportivos reclamamos con tanta insistencia que hagan los futbolistas que quieren jugar, ha tirado la puerta abajo de tanto aporrearla. El chico llega al primer equipo burlado, golpeado, zarandeado y hasta mordido; nada de eso le ha espantado, nada de eso le ha echado para atrás, nada de eso le ha deprimido. No sé si será Pelé, sí sé que Vinicius es jugador para el Real Madrid.

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