lunes, 25 de marzo de 2019

CASTELLÓN. Paco Ramos se lleva la primera, y sufrida, oreja de la feria ante una dura y complicada corrida de Adolfo Martín.


¿Y ahora qué hacemos?


Paco Ramos se lleva la primera, y sufrida, oreja de la feria
 ante una dura y complicada corrida de Adolfo Martín.


Cumplieron, pues, de sobra tres toreros que en las últimas temporadas han sumado, entre los tres, apenas media docena de actuaciones. Como diría el tristemente desaparecido hace un par de días Miguel Lázaro, gran aficionado valencianos a quien desde aquí homenajeo, ¿y ahora qué hacemos?.


Arrancó la feria de la Magdalena con un festejo denominado como del Día de la Provincia, en el que tres espadas de la tierra -nunca antes en esta feria que este año celebra su 75 aniversario se anunciaron juntos tres matadores castellonenses- se enfrentaron a toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, ovacionados todos de salida pero duros, exigentes y con no poco peligro.

Paco Ramos se llevó la primera oreja de la feria por una faena muy valiente al que abrió plaza. Toro aplaudido de salida por su imponente seriedad y que peleó con ganas en el caballo, estando su matador luego muy serio y muy firme, aguantando terroríficas miradas y parones de infarto para componer un trasteo de no poco mérito, llevando siempre muy toreado a su oponente del que sacó todo lo que tuvo.
El cuarto sacó peligro desde que se hizo presente en el ruedo. Se le dio muy duro en varas, yendo tres veces al peto y otra más de propina tras cambiarse el tercio, refugiándose ya en banderillas en terrenos de toriles. Y allí le plantó cara Ramos, que tiró otra vez de valor y vergüenza torera no sólo para dominar al animal sino para ir robándole todos los muletazos que tuvo en otro ejercicio valentísimo y entregado.

Abel Valls se enfrentó a un primer toro manso y andarín, que hechó la cara arriba y esperó en banderillas, llegando a la muleta a la defensiva y enterándose, no dejando estar nunca cómodo ni confiado al de Castellón, que sufrió numerosos enganchones y no acabó por poderle en ningún momento, viéndose, además, apurado para matar.
El cornalón quinto fue regateador de salida y se le dejó sin picar. Se venció siempre con muchísimo peligro y sentido por el pitón derecho, iniciando Valls su faena por ese lado, transcurriendo la primera parte de su labor en un continuo ¡ay!. Por el izquierdo fue algo más claro pero no terminó de pasar, quedándose muy corto y al final parado, no dejando apenas opciones de lucimiento.

Sí se lució Vicente Soler al recibir al tercero, un cinqueño cuajado y largo como un tren que empujó y romaneó en el caballo, arrancándose de lejos las dos veces que fue al peto. En banderillas cortó, sobre todo por el pitón izquierdo, y en el último tercio el de Burriana, que derrochó valor y ganas, le fue rebajando hasta sacar naturales de excelente trazo, llevándole por bajo hasta hacerle embestir ya humillado. Labor muy digna que emborronó con la espada.
Con el también cinqueño sexto el hijo de Soler Lázaro volvió a demostrar sus dotes de lidiador. El toro no paró de mirar a los tobillos del torero, que se mantuvo muy sereno y seguro, soportando las dudas de un astado que, además, se revolvía con presteza y malas intenciones. Muy capaz y entonado firmó un quehacer arrojado y dispuesto que volvió a estropear a la hora de la verdad.

Cumplieron, pues, de sobra tres toreros que en las últimas temporadas han sumado, entre los tres, apenas media docena de actuaciones. Como diría el tristemente desaparecido hace un par de días Miguel Lázaro, gran aficionado valencianos a quien desde aquí homenajeo, ¿y ahora qué hacemos?.

FICHA
Castellón, 24 de marzo. Primera de feria. Tres cuartos de entrada.
Toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, serios, duros y muy exigentes.

Paco Ramos (de verde manzana y oro), oreja y ovación tras aviso.
Abel Valls (de blanco y oro), silencio con aviso y silencio.
Vicente Soler (de azul noche y oro), ovación y palmas.

Saludó tras parear al segundo Curro Robles.

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