jueves, 28 de marzo de 2019

Diego Mazquiarán, “Fortuna” / Retazos Taurinos de Eduardo Soto


Se había convertido en héroe en 1928, cuando al pasear por las calles de Madrid, se topó con un toro, escapado de El Rastro, antiguo matadero capitalino, que estaba sembrando el pánico entre los transeúntes

Corrió con la suerte de participar en el cartel inaugural de la Plaza Monumental de Sevilla, en 1918, junto con Curro Posada y el recordado José Gómez Ortega, principal promotor del coso, de vida efímera como la suya, pues en 1921, se cerró por problemas estructurales y fue demolido en 1930. Asimismo, Diego tuvo la fortuna, de ser integrante del primer cartel de Las Ventas, en 1931.

RETAZOS TAURINOS (LXIV)

 Eduardo Soto
A Diego Mazquiarán, “Fortuna”, uno de los diestros encargados de probar el estoque de cruceta, el apodo a veces le sonrió en la vida, pero, al final, le hizo una mueca. Había nacido en un pueblo de Vizcaya en 1895 y tomó su Alternativa, de manos de Rafael Gómez, El Gallo, en 1916.

Corrió con la suerte de participar en el cartel inaugural de la Plaza Monumental de Sevilla, en 1918, junto con Curro Posada y el recordado José Gómez Ortega, principal promotor del coso, de vida efímera como la suya, pues en 1921, se cerró por problemas estructurales y fue demolido en 1930. Asimismo, Diego tuvo la fortuna, de ser integrante del primer cartel de Las Ventas, en 1931.

Se había convertido en héroe en 1928, cuando al pasear por las calles de Madrid, se topó con un toro, escapado de El Rastro, antiguo matadero capitalino, que estaba sembrando el pánico entre los transeúntes. Mazquiarán lidió al toro con su abrigo, pues era el mes de enero, requirió un estoque y le trajeron un sable de un cuartel cercano, que consideró muy endeble, mandó a traer uno de su casa, que tampoco estaba lejos, mientras llegaba continuó la brega, finalmente, consiguió darle muerte y recibió la Cruz de la Orden Civil de la Beneficencia.

Pero, en el ocaso de su existencia, la fortuna le dio la espalda, Diego perdió sus facultades mentales, fue internado en un manicomio de Lima y allí murió en 1940.

• Casi todas las ganaderías de bravo, tienen su plaza de tientas, generalmente redonda; pero en Zahariche, se han realizado siempre en plazas cuadradas y esta forma responde a un criterio de selección. El propietario del famoso hierro, decía que las vaquillas tienen mucha defensa en las esquinas, se aquerencian y van al caballo solo las verdaderamente bravas. Sin este procedimiento, no hubiera sido posible mantener, durante tantos años, las características fijas de nuestro toro, remató Don Eduardo, cuya ganadería de Miura, data de 1842.

• Hasta la segunda mitad del Siglo XVIII, la barrera no tenía protección, contra el salto de los toros al tendido, lo cual sucedía a menudo. Hoy día, existen las cuerdas, que antes eran de cáñamo y ahora de acero trenzado.

La idea original, se le ocurrió a un personaje de la Fiesta Brava, que se llamó José Daza, “Manzanilla”, varilarguero onubense, más  recordado por haber manuscrito, al retirarse, en 1778, la obra taurina (y quizás de toda la literatura mundial), con el nombre más largo de que se tenga noticias: “Precisos manejos y progresos condonados en dos tomos. Del más forzoso peculiar del Arte de la Agricultura, que lo es el del Toreo, privativo de los españoles”, libro que tiene su importancia para la reconstrucción de la historia del toreo, cuya primera edición completa, fue presentada, solamente en 1999, en los salones de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

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