jueves, 18 de julio de 2019

Azpeítia, la gran feria norteña / por Pla Ventura


31 de Julio, 1 y 2 de Agosto

En Azpeitia predomina, como venía diciendo, la verdad en lo que al toro bravo se refiere; no es el toro de Pamplona en su arboladura, pero sí en su trapío y seriedad, un valor que define a esta plaza como un auténtico tesoro del toro bravo y encastado. Por tanto, contemplar un paraíso del toro en aquel valle maravilloso es un espectáculo increíble.


Azpeítia, la gran feria norteña

No es tarea baladí hablar de la feria de Azpeitia, allá por tierras norteñas puesto que, en dicha ciudad, el toro es el auténtico protagonista de esta fiesta maravillosa y ancestral como es el caso de esta plaza tan coqueta como exigente con los toros que, como digo, son los auténticos protagonistas de la feria.

Si hablamos de Azpeitia tenemos que convenir que conversamos sobre un tema mayor; en dicha ciudad ya se corrían toros allá por el año 1572 para festejar el nacimiento del Rey Felipe II, es decir, hablamos de más de cinco siglos de historia del toro como protagonista en la bella Azpeitia.

Ya se celebraban corridas de toros como tales en el año 1885, aunque previamente, en 1863 ya se daban espectáculos taurinos. La plaza que actualmente conocemos y gozamos se inauguró en 1902, certificando en la actualidad sus ciento diecisiete años de tradición en la misma plaza, un hecho hermoso, pero de apenas relevancia –aun teniéndola toda- si lo comparamos con todo lo pretérito que allí se vivió taurinamente dicho en siglos anteriores.

En Azpeitia predomina, como venía diciendo, la verdad en lo que al toro bravo se refiere; no es el toro de Pamplona en su arboladura, pero sí en su trapío y seriedad, un valor que define a esta plaza como un auténtico tesoro del toro bravo y encastado. Por tanto, contemplar un paraíso del toro en aquel valle maravilloso es un espectáculo increíble. Estás dentro de la plaza y puedes contemplar el monte Izarraitz, un enclave natural que alegra tanto el alma como el cuerpo, todo, a sabiendas de que a las laderas de la plaza, casi bañando los corrales de la misma pasa el rio Errazil, es decir, la misma naturaleza es testigo directo de los aconteceres que suceden dentro del mismo ruedo.

A cualquiera que seamos aficionados a los toros nos mueve visitar Azpeitia que, además de las corridas de toros, dicha ciudad es el paradigma de lo más bello que uno pueda imaginarse porque allí nos encontramos con monumentos de toda índole, insospechados en tantos lugares de España pero que, en Azpeitia son de una realidad palpable y hermosa; edificios de toda índole al más puro estilo barroco que definen a este lugar como el paraíso del norte.

Muy larga seria de enumerar la lista de toreros que han pasado por Azpeitia pero, sin duda alguna, la gran mayoría del escalafón, en su momento, desfilaron en dicha plaza mirando el monte Izarraitz que les queda enfrente desde el lugar donde se inicia el paseíllo. Es decir, hablamos de algo muy serio puesto que, aquellos aficionados, desde siempre, como antes decía, ante todo querían rendirle culto al toro y, a partir de ese momento, contratar a los toreros, un hecho tan relevante como enigmático porque no es propio de lugar alguno.

Azpeitia es la fiesta en su versión más pura y auténtica, nada de sucedáneos como suele ocurrir en muchísimas ferias de España y ya no digo en pueblos porque entonces nos ponemos a llorar todos de la pena que nos embarga. Siendo así, todo el mundo pondera a Azpeitia porque no puede ser de otro modo, porque dicha verdad no la puede esconder nadie y, lo que es mejor, dicha feria se monta bajo el auspicio de la Comisión Taurina Azpeitiana que, bajo la batuta de Joxin Iriarte, desde hace tantos años, estos hombres montan una feria singular alejada del taurinismo costumbrista. De ahí, claro, la singularidad de la que hablo. Si no aparecen los taurinos con sus intereses a cuestas, la verdad brilla en Azpeitia con más resplandor que el propio Astro Rey. Todo un milagro norteño que los disfrutan los lugareños y, sin duda, tantísima gente que acude a dicha feria desde cualquier lugar de España y Francia.

Recordemos los carteles:

Día 31 de julio, toros de Ana Romero para Daniel Luque, David de Miranda y Adrián Salenc.

Día 1 de agosto, toros de Murteira Grave para Pepe Moral, Juan Leal y Tomás Angulo.

Día 2 de agosto, todos de Salvador Gavira para Curro Díaz, Ginés Marín y Ángel Téllez.

Como vemos, encastes de auténtico lujo para toreros de distinto corte y, lo que es mejor, algunos hasta gozan de la oportunidad soñada porque en el caso de Tomas Angulo, un buen torero como nos han contado, olvidado por todo el mundo, el hecho de que tenga su oportunidad en Azpeitia es un sueño cumplido.

Juventud, señorío, veteranía y ganas, muchas gansas de ser toreros por parte de todos los diestros contratados que, lógicamente, sobresale por encima de todos el gran triunfador de años pasados que no es otro que el gran Curro Díaz, un artista consumado que, con más valor del que todo el mundo le supone, es capaz de enfrentarse a su majestad el toro para, más tarde, alzarse con el triunfo.

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