viernes, 31 de marzo de 2023

El Vito: un toro infatigable / por Orlando Viera-Blanco

"...El Vito fue digna representación de una corrida de toros: vibrante, apasionado, febril, alucinante. Hablaba con mirada fija y profunda respiración. Taconeaba las frases para sentenciar, como el toro que embiste y no perdona errores…"

El Vito: un toro infatigable

Orlando Viera-Blanco
Caracas, 29 Marzo 2023
Alza vuelo querido Vito, como toro de Miura: invencible, místico, de casta cabrera, colorado y ojo de perdiz como perdigón. Rindo tributo a quien jamás tuvo miedo de nada. Ni el Espartero contigo podía. Dios contigo

Víctor José López, nacido en Caracas el 2 de agosto de 1940, comenzó a escribir en 1967 en el diario El Nacional. En 1968 junto con Carlitos González y Apolinar Martínez funda el diario Meridiano, donde escribe en su sección de toros hasta el año 2006, y lo dirige por más de cuatro décadas. El Vito es, sin duda, uno de los periodistas más cultos, universales y versátiles de Venezuela. Su marcha deja una huella indeleble de sabiduría, humanidad y calidad intelectual, como pocos.

El toro por los cachos… sin “cursilismos”

Conocí al Vito en víspera de graduarme de abogado en 1986. Trabajaba en el Bloque de Armas como pasante y, al final de la tarde, antes de ir a clases, pasaba por la redacción en el piso 3 para testimoniar “la rueda”. Parecía un tercio de lidia. El Dr. Andrés de Armas, amante incurable de los deportes, esperaba con ansiedad bajar de su faena ejecutiva a Meridiano, su oasis. Ver “debatir” la agenda deportiva venezolana día a día era un privilegio. El Vito dirigía la redacción, junto con periodistas de la talla de Humberto Galarza, Peggy Quintero, Pedro Ramón Romera y Apolinar Martínez [prestados a Meridiano / Romera y Martínez migraron al diario 2001].

De esa “rueda” salían los más geniales titulares. Presencié la génesis de varios apodos en esa chispa e ingenio. El Gato Galarraga, el Rey Hernández [cuyo sobrenombre convivía con el Rey David o el Gocho Santana. Pero hay mucho más que llenaban los vivos titulares de Meridiano, como el Comedulce (Bob Abreu), Aníbal Sánchez, el Caníbal, o Carlos Zambrano El Toro. Nos dice el Vito en su blog Infatigables: “Además, seamos honestos, es mucho más divertido hablar del Torpedo, el Kid y el Panda que decir García, Rodríguez o Sandoval”.

El Vito era un periodista crítico y sesudo. En su fascinante y denso libro Infatigables escribe: “¿Por qué infatigables? Cuando los venezolanos declaramos la independencia y nos propusimos erigir una República en 1811, iniciamos una ruta cuya intención y meta era la cimentación de un país en el que ondeara una bandera hinchada con aires de igualdad y de libertad. Nos exige no declinar y jamás entregarnos. Debemos ser infatigables, como mil veces lo ha reclamado Leopoldo López”.

Con más de cincuenta años en la profesión a sus espaldas, el Vito se convirtió en uno de los mejores cronistas taurinos de América, colaborando en diversos medios nacionales e internacionales. Publicó, con prosa impecable, diez libros dedicados a la fiesta brava, entre los que se encuentran Fragua de toreros y Solera brava […]. La memoria del toreo le llevó a ser un profesional muy respetado en ambos lados del Atlántico, con un estilo ameno y sencillo y un especial don de gentes derivado de su bonhomía.

Compartía su obsesión por el correcto uso de la palabra y la certeza de sus conceptos con su generosa disposición a revisar y corregir textos de los periodistas de la redacción. Qué maravilla poder interrumpirle sin reproche, porque su vocación docente y sanadora era infatigable. Este servidor también “abusaba” de su don paternal. Mi primer artículo lo titulé La lid [diario 2001], referido a Bolívar. Al leerlo me contestó con su mirada gacha a medio reír: “Bolívar merece todo lo que escribes, sin cursilismos…” [sic]. El Vito fue digna representación de una corrida de toros: vibrante, apasionado, febril, alucinante. Hablaba con mirada fija y profunda respiración. Taconeaba las frases para sentenciar, como el toro que embiste y no perdona errores…

Un toro llamado Manzanero

El campo tuyero de Ocumare del Tuy vio nacer a Luis Sánchez Olivares, el Diamante Negro. Sus caminos en España –nos relata el Vito“abrió los senderos que muchos venezolanos emprendieron destacándose, entre todos, la dinastía de los hermanos Girón, fundada por el maestro César Girón y que integraron sus hermanos Rafael, Curro, Efraín, Freddy y Pepe Luis, cada uno de ellos autor de una página importante en los anales del Nuevo Circo de Caracas”. Para el Vito escribir Entre toros era narrar la vida de un país de lo rural a lo urbano, de la Maestranza de Maracay a Granada. Del Nuevo Circo a las Ventas o La Alternativa; a Azpeitia, San Sebastián o Sevilla.

Su fascinación por la tauromaquia era hechizo puro por el linaje de toreros venezolanos. De Alí Gómez “el León de Camoruco”, pasando de José Nelo, Morenito de Maracay o Rafael Orellana, el Tovareño, a los hermanos Girón. El Vito irradiaba admiración por la casta de entusiastas novilleriles imbatibles, cortando rabos y orejas con orgullo en las arenas del mundo.

En memoria de arena vale la pena destacar:

“La primera actuación del Diamante Negro como matador de toros en Venezuela fue el 28 de noviembre de 1948, mano a mano con Raúl Acha “Rovira”, lidiando toros de Vistahermosa. La corrida tuvo que celebrarse a las dos de la tarde, porque la situación política de la ciudad era muy confusa como consecuencia del derrocamiento del presidente Gallegos y de la instauración de un régimen militar. El Diamante Negro toreó mano a mano con Luis Procuna. Cada uno cortó tres orejas y rabo y salieron a hombros”. 

Esa es la memoria de nuestra sangre y nuestras lágrimas, donde entre toros y poder, brotaba una nación, aunque al decir del Curro Romero, “los toros han sido, son y serán cultura no política…”.

Reseña el Vito: “Los hermanos Rafael y Curro Girón debutaron en Caracas una tarde de apoteosis para la dinastía el 3 de febrero de 1957, cuando abrieron la puerta Grande del Nuevo Circo luego de triunfar con toros de Santo Domingo. Curro Girón cuatro orejas y un rabo, Rafael una y César Girón una oreja. El 10 de noviembre de 1957 un toro de Peñuelas hirió a ‘Diamante Negro’ al entrar a matar. La oportuna e inteligente intervención de don Ángel Peralta le salvó la vida al ídolo nacional.

“Manzanero fue el nombre del toro heridor y sus orejas le fueron llevadas al torero a la enfermería”. Una épica donde se enaltece al toro montés –indomable, salvaje y fragoso– el arrojo del torero y la nobleza del galeno, sin cuyas manos la vida se marcha en una embestida, en un regato… Representación ardorosa de la pluma del Vito, de un pueblo al que amaba con pasión taurina.

Una camaradería ejemplar

Con su fraternal amigo Apolinar coincide por primera vez el 3 de noviembre de 1969. Nunca más se separaron. Hicieron vida en el Bloque De Armas. Como subraya Apolinar [y lo suscribo], entre el Vito, Meridiano y el doctor de Armas se formó una camaradería que fue más allá de la esfera de las relaciones director-jefe, propietario y periodistas.

No frecuenté al Vito tanto como hubiese querido. Pero mi afecto y admiración por él [y por Apolinar] son genuinos. Así se lo expresé en una misiva a propósito del Día del Periodista [1987] que más o menos decía: “Quiero reconocer el gentilicio periodístico de dos gigantes de los medios impresos. Su labor quijotesca detrás de su redacción son un faro de inspiración a las nuevas generaciones, entre ellas un aprendiz de escribidor”. Con leve tesitura, trato de seguir el rigor de vuestras plumas.

Alza vuelo querido Vito, como Toro de Miura: 

invencible, místico, de casta cabrera, colorado y ojo de perdiz como perdigón. Rindo tributo a quien jamás tuvo miedo de nada. Ni el Espartero contigo podía. Dios me dio la dicha de conocerte y reencontrarnos hace poco, en una nostálgica conversación. Estabas feliz por la presentación de tu libro, Infatigables, y nuevos retos… El infatigable fuiste tú. Ahora en el cielo, de paseíllo por esa plaza, te reencontrarás con grandes figuras. Y seguirás alzando banderillas, espadas, capotes y muletillas por tus hijas, por tus seres queridos, por los hijos de la patria.

Así despediste nuestra conversación:

 “No sueltes el capote, Orlando. A Venezuela le vienen luces y trajes de majos después de la lidia…”. Toca ahora un lance de navarra y porta gayola de rodillas… Con capote en el suelo, realzando la bravura de tu vida como Chocolatero, el toro que después de soportar 22 varas y desplazar 10 caballos fue indultado, os despido parafraseando a Carlos Fuentes: «Viendo entre toros al Vito me di cuenta [como a Manolete], que todo es vida, incluso su partida”. 

Descansa en paz querido Vito. ¡Olé infatigable…!

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco
RunRun.es/Caracas, 20.03.2023

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