martes, 15 de junio de 2010

Las Ventas. ¿Y ahora qué? / Por Pedro Javier Cáceres





Ahora sí. ¡Por fin!, o lamentablemente, porque el verdadero aficionado quisiera toros todos los días del año, ha terminado este engendro de festejos continuados servido en varias entregas para vestir el muñeco pero más que con un traje con un disfraz de carnaval propio de grandes mascaradas como ésta.
Y lo escribiré pronto: la culpabilidad del barbecho sobre el que patina un año sí y otro también desde el 2.006 un almacén de fechas apiladas en ciclos impostores, es de la administración Aguirre (Condesa consorte de Murillo y Grande de España… ¡y olé!).
Han concluido las “ferias y festejos extraordinarios de primavera” de Madrid. Lo que antes era, simplemente, San Isidro. Tan corto pero tan grande, en todo, en mediocridad, a veces, incluso. Pero funcionaba, el modelo funcionaba.
Cierto es que eran 37 festejos de abono con las novilladas de las fiestas de La Comunidad (extraordinario trampolín para la cantera, con la plaza llena y la televisión) y que se hacía prolijo de digerir y costoso, económicamente, de soportar; pero no había trampa ni cartón. Todo era abono de San Isidro, menos la corrida del 2 de mayo y las “antiguallas” de las de la Prensa y Beneficencia que como tal deberían de desaparecer porque hace tiempo que no cumple su misión de mecenazgo una (la propia asociación de la Prensa debería pedir su renuncia a ¿patrocinar? el engaño) y de “beneficencia” la otra.
Con mayor o menor brillantez en su desarrollo en el plano artístico, hasta el 2004 el sistema funcionaba en sus mecanismo y en lo económico daba un margen cuantioso de recursos a la empresa y sobre todo, ingresos, a la Comunidad.
Quizá se imponía un relevo en la gestión, los mismos Hnos. Lozano fueron los primeros en detectar el desgaste y no pedir la prórroga para el ejercicio 2.005, pero nunca del modelo. Sí matizarlo, pulirlo o perfeccionarlo, pero no arrasar con la política taurina de Leguina y Gallardón que tan buenos frutos dio a todos, y que ahora se añoran, aunque algunos de “piñón fijo” yerren el tiro queriendo cargar las tintas sobre la gestión a la hora de diagnosticar la culpabilidad de la mediocridad de una feria, como la acabada, que por otra parte se está analizando desde el catastrofismo.
Posiblemente, en un lapso de tiempo inferior (6 años), la erosión, por culpa del modelo, haya sido mayor en la empresa actual que en las anteriores (9 años Manolo Chopera y 15 de “Los Lozano”) y el cambio, ley de vida, anide en la mente de muchos. Pero no es la solución, sí el cambio de modelo por parte de la Administración regional.
Un cambio de modelo que esta misma administración empezó a reconocer de forma implícita en 2006, pero que en el concurso para 2007 en su ensoberbecimiento no aplicó, si no, que con su “sostenella y no enmendalla” de todo necio, enmascaró su error de reducción de festejos sin cuadrar la ecuación de, con los precios estabilizados, sin embargo gravar con 1.000 millones de pesetas (más otras obligaciones de letra pequeña) el canon de explotación.
Tal así que al socaire, en 2006, de cumplirse un dudoso 75 aniversario sacó un comodín tramposo de la bocamanga: una feria, no obligatoria para el abonado, pero con todo lujo de carteles en grado de tentativa que, de dudosa financiación, ¿a cargo de quien?, tanto entonces como hoy, paliara los resultados, la cuenta de pérdidas, que en ese 2005, por el modelo, y por la mala gestión de un intruso ladrillero afín, protegido y beneficiado por la Comunidad en grado de sumo descaro, arrojó 500 millones. Los datos no han sido nunca rebatidos.
Las bases del concurso para 2007 no variaron y hasta hoy con las prórrogas. El torpe es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra: igual modelo, encantados de haberse conocido y se han ido celebrando de forma torticera el 76, 77, 78 y el presente 79 aniversario. Todo no tendría mayor importancia si no fuera por la debilitación que en carteles ha supuesto para el abonado su clásico San Isidro, obligatorio, en favor del ciclo “apósito”. Tanto que las críticas recibidas en tal sentido en los años anteriores hizo a la actual empresa equilibrar, este año, lo poco que hay en la cima del escalafón dejando ambos seriales muy pobres, casi vacíos de contenido, en cuanto a carteles con aliciente se refiere.
Uno de los grandes errores ha sido vender de forma globalizada la feria más larga e importante del mundo como si todo fuera San Isidro, como hasta hace poco (36 o 37 festejos), pero con la farragosidad e incomodidad inherentes a tal barullo de nomenclaturas y despropósitos conducentes a la sensación de “estafa”.
Ese hastío es, quizá, lo que ha propiciado que estas Ferias de Primavera en Madrid se hayan analizado desde el catastrofismo más sectario y nada riguroso de análisis, por cuanto ha sido de las más brillantes respecto del juego de los toros, en un año muy difícil, y sólo en el debe de su lucimiento está el paso de puntillas del 90 por 100 del escalafón.
¿Y ahora qué?
Pues más de lo mismo. Este gobierno está fuerte políticamente y sin oposición, con lo cual “los toros” no inquietan. Para el próximo año la empresa solicitará la prórroga en tiempo y forma y la Comunidad la concederá puesto que será año electoral. Por estas fechas estaremos cerrando la feria del 80 aniversario. Y suma y sigue.
¿Y cual sería la solución? Me preguntaran ustedes. Complicada.
Hay dos escollos conexos, uno con el otro, que dificultan muy mucho una cirugía, no a corazón abierto, simplemente reparadora y volver a los orígenes de la gestión interesada o un pliego de condiciones más racional que de instrumentos y recursos de viabilidad para la mejora de la oferta teniendo en cuenta no perder nunca las señas de identidad de San Isidro, es decir: su metraje, de un mes y algo, entre 30 0 35 festejos más o menos, con sus fechas libres para oxigenar y prever contratiempos meteorológicos ( como se hacía no ha mucho) y que siga siendo, festejo a festejo, la plaza más barata del mundo (las cuentas salen si la Comunidad obvia su voracidad vampírica respecto de “los toros”).
Amén de seguir siendo plaza de temporada, a pesar de los “cuarto de aforo” del resto del calendario que es más de media Maestranza pero que tiene unas características impares de vivero y rescate de toreros posibles; este punto sí es responsabilidad de la gestión, mejorando muy mucho los carteles y dar verdaderas oportunidades a quien se lo merezca por sus posibilidades y no el cajón de sastre de compromisos y otras bastardías.
Es pedir a los hipócritas políticos del PP madrileño un ejercicio de voluntad en favor de La Fiesta y renunciar a parte del botín al que ya se han acostumbrado. Bastaría que ante la competencia desleal, conocida, de los empresarios taurinos el “pliego” saliera con un techo razonable que evitara la subasta desmadrada habitual, tal como ha hecho Valencia.
A lo más que han llegado es al cinismo de proclamar los toros BIC y de momento, tampoco se les espera, no renunciar a sus tramos correspondientes de IVA, ni en el que devenga el canon ni en el reportado por la venta de entradas.
Pero aquí, algo tiene que decir ya los estamentos taurinos. Todos a uno deben clamar y exigir el cambio de modelo y desde la misma perspectiva que Aguirre tocó a rebato por la rebeldía e insumisión fiscal ante algunas medidas del gobierno el sector debe actuar en consecuencia, todos. Puesto que una huelga de empresarios daría paso libre, aun más, a otros intrusos habituales por la notoriedad social de Las Ventas, estos (los empresarios taurinos) deben sentir la solidaridad de toreros y ganaderos boicoteando cualquier tentación empresarial a golpe de talonario de “ladrillo visto” y “gotelé”. El sector no puede permanecer un minuto más mirando para otro lado mientras su referente, San Isidro, se tacha de caótico y lamentable además de por su lectura sesgada por su inviabilidad según el modelo actual por el cual de cada 73 millones (antiguas pesetas) de aforo completo, 30 han de ir a amortizar el depredador canon de la administración Aguirre. Esta situación y estos titulares hacen daño a todo el conjunto de La Fiesta.
Estas hipótesis de trabajo son posibles, pero hartamente, por todo lo expuesto, improbables.Como que con una racionalización del canon hubiera más recursos para que “las figuras” en ciclo tan largo comparecieran más tardes.Hay razones que el dinero no lo pueden y constituyen otro de los obstáculos para que esta feria y esta plaza sea el contrafuerte en que se sustente “el toreo”.
La hostilidad y el poco agradecimiento al esfuerzo de muchos toreros y las figuras, habitualmente, este ha sido un año depresivo, de un sector de público hace del coso venteño una olla a presión tan desagradable como entendible de eludir por aquellos que creen haber hecho sus deberes. Y un mayor amplio sector con su pasotismo otorga carta de naturaleza a la crispación infundada abundando la desesperanza.
Se me ocurre una “boutade”, lo reconozco, en la filosofía de “cuanto peor mejor”. Haría falta diseñar una feria, o ferias, malas, muy malas, pero de verdad, para que cinco o seis mil abonados renunciaran a su privilegio. ¡Sin que cunda el pánico! Al día siguiente habrían sido adquiridos, todos (y más) por savia nueva de público que quiere ir a los toros a disfrutar, dentro del rigor que siempre caracterizó a Madrid.
Madrid es posible. A pesar del “7”, el “sol alto” y los “borjamari” de sombra. A pesar del gobierno de la Sra. Aguirre. Además no hay otro, solo que ponerle las pilas, por que a los “tomasines” (de Tomás López, no el de Galapagar) ni están ni se les espera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario