martes, 14 de diciembre de 2010

LA BARBERÍA DE LA ALFALFA / Por Aquilino Sánchez Nodal

Cogida y muerte en Madrid / 27 de mayo de 1894,
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     LA BARBERÍA DE LA ALFALFA 

Por Aquilino Sánchez Nodal

     Nostálgico recuerdo de una época más sensible que nos trae la noticia de un centro de incubación taurina a finales del Siglo XIX. Esta acogedora peluquería estaba regentada por el maestro Ricardo. En el establecimiento no se hablaba más que de toros y toreros. De vez en cuando se armaban desbordantes discusiones “tauromáquicas”. A menudo aparecía por allí el señor Manuel “Bienvenida” con su inseparable y vetusta capa parda, padre del “Papa Negro” y abuelo de los “Bienvenida”, Manolito, José, Antonio, Ángel Luis y Juanito. Algunos días se descolgaba por el “maizal” un apuesto galán de extraordinaria envergadura, el joven pintor taurino y guipuzcoano, Ignacio Zuloaga que por aquel entonces figuraba entre los discípulos de la Escuela Taurina instalada en el barrio de la Puerta de la Carne que dirigía el maestro, “señó” Manuel Carmona. El pintor disponía de posibles e invitaba a los tertulianos a vino blanco de Villanueva y tapa de caracoles picantes en una taberna de al lado, “Palas Tuertas” y …
¡Viva “er pintooooo” … ¡ 
     ¡Barrio de la Alfalfa! En la espartería vivía el ídolo de Sevilla, el “non plus ultra”, “Manoliyo el Espartero”, guapo y apuesto torero al que las jovencitas del barrio cantaban con fervoroso entusiasmo:
                                  “Espartero; “Esparterito”,
                                  no te vayas a morir,
                                  que la niñas de la Alfalfa
                                  se pondrían de luto por ti … 

Triste y agorero cantar. Pasados unos años, el 27 de Mayo de 1.894, las encantadoras chiquillas de la Alfalfa tuvieron que vestir luto riguroso por la trágica muerte del lidiador en las astas del toro, “Perdigón” de la ganadería de Miura, en Madrid.

     La acera de la barbería era un paseo hacia la calle Sierpes. Desfilaban toreros a cualquier hora del día o de la noche. Alguno de los jovencitos maletillas cubrían sus ojos con gafas negras, como si consideraran deshonrosa su profesión y se pusieran un antifaz. Era frecuente cruzarse con toreros de tronío como, Francisco Arjona Reyes “Currito”, hijo de Curro Cúchares, de arrogante figura y torería. Ni que decir tiene que era paso obligado de Manuel García, “Espartero” cuando estaba en Sevilla. Se podía ver en aquella calle a José de Lara, “Chicorro” que hacia el salto con la garrocha, media con las péndolas y que había cortado una oreja en Madrid; al valiente Ángel García Padilla; al matador de mucho empaque Félix Velasco Díaz. A los picadores Pepe Canales, de la cuadrilla de Cara Ancha; Andrés Castaño “Cigarrón” que lo era de Emilio “Bombita” y a Manuel Gil “Cachiporra” de la cuadrilla de Antonio Fuentes. A los célebres banderilleros, Manuel Antolín a las ordenes de Rafael Molina “Lagartijo” y de Ricardo Torres “Bombita”; Ricardo Verdute “Primitivo” que trabajaba para Rafael Guerra “Guerrita”; José Malaver “El Mellao” que iba con “Espartero” … Antonio Zayas, José Moyano, Manolillo Rodas, Enrique Pérez “Perdigón” siempre de “durce” con la pechera “llenaita” de “colorao”. También hacían el paseillo por allí, famosos empresarios de toros, Manolo Cara Ancha y el afamado Bartolomé Muñoz Pichardo “Bartolo”. Un sin parar de maletillas, aficionados entendidos y castigadores de las bonitas y sandungueras pollitas de la Alfalfa. Era concurrente el malogrado imaginero Juan Luis Guerrero; el hermano de la Palou Enrique González; los apuestos hijos de Isidro el del  “mataero” Manolo, Pepe e Isidrín Suárez. El puntillero de “Salvaor” Sánchez “Frascuelo” y de Antonio Sánchez “El Tato” Manolo Domínguez que era nieto de “Desperdicios”; También circulaba por la acera, Vito el sastre tío de Pastora   . Y tantos más que no recuerdo en este momento. ¿Qué habrá sido de ellos?. Todos aquellos personajes del toro y en especial los toreros eran clientes del habilidoso aficionado taurino y además barbero, maestro Ricardo.

     Aseguraban que al muchacho a quien Ricardo dejaba la coleta llegaba a matador de toros. Los toreros salían perfilados, perfumados y primorosos de aquella singular barbería. En el mismo establecimiento concertaban, los maletillas, con algún portero “dudoso”  el acceso a la plaza de toros de la Maestranza previo pago de módica cantidad que apuntaba en su libro de cuentas. Naturalmente, vista la corrida no pagaban lo pactado y el empleado acudía a la barbería para amenazar a los deudores con denunciarlos a la empresa.  En ese local se recibían los chivatazos de los señoritos ganaderos que preparaban las tientas de hembras, … en el cortijo de Conradi; en el de Eduardo Ibarra o en el de la Viuda de Concha y Sierra, pongamos por ejemplo; entonces los torerillo, cual nutrida bandada de buitres, desazonaban a los ganaderos echando por tierra las precauciones tomadas con el mayor secreto. En lo tocante a festejos, el barbero aconsejaba los lugares y la forma de salida a las capeas de los pueblos:

-          “Mira niño – los decía Ricardo a modo de arenga – Me debes varios servicios. Aquí
tengo la esponja. Si me entero que has puesto el mingo en el asador arrimándote, borro la trampa adquirida, pero como llegue a mis oídos que te has portado como un cataplasma, no solo te cobro lo que me debes, además me pagas los intereses”. La recomendación del barbero protector a todos los torerillos era: “Arrimarse y arrimarse … y si te coge el toro, ya te soltará”.

     De aquella acogedora barbería de la Alfalfa del maestro Ricardo salieron toreros notables y otros olvidados pero cada cual, a su modo, se esmeraron para mantener la fiesta siempre en candelero.


ANTOÑITA PEÑUELA / CANCIONERO TORERO

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