viernes, 30 de septiembre de 2011

Fin de una era, el toro "Caramelo" / Por Aquilino Sánchez Nodal

Toro "Joyerito" de la ganadería de Partido de Resina (Antes Pablo Romero)

FIN DE UNA ERA, 
 EL TORO “CARAMELO” 

Aquilino Sánchez Nodal


Responder con brevedad y claridad a la pregunta que se hacen los profesionales y aficionados ante la huida de espectadores de las plazas de toros y contestar aportando pruebas concluyentes o argumentos creíbles a esta, no requiere especialistas en economía, en cambios sociales, por la televisión o la diversidad de espectáculos competentes. La causa principal y quizás única de la pérdida de público que asiste a las corridas de toros es porque hemos abandonado la fiesta a su suerte y al negocio de desaprensivos, golfos y mediocres profesionales que solo buscan la fortuna “pronto y en la mano”. Los ganaderos también tienen mucho que confesar. Han perdido sus raíces, su honestidad y muchas veces los escrúpulos. En la actualidad, desde hace algunos años, la fiesta de los toros es un fraude. Los que deben dar luminosidad, emoción y espectáculo, las figuras, al llegar a la plenitud y la gloria se convierten en toreros de “el pan pringao” y olvidan la importancia del juego limpio. Sus exigencias ganaderas son las “monas” de las ganaderías mejor domesticadas, nobles, colaboradores, sin peligro y por consiguiente sin emoción. Los toros han perdido credibilidad y nadie reacciona para separar la mala hierba. El toro bravo es una bendición de la naturaleza y el único animal salvaje, junto al hombre, que queda sobre la tierra. La historia nos devuelve al circo para gloria del toro bravo y vergüenza de los manipuladores: 

En la plaza de toros de Madrid, en el mismo año que se inauguró la de Santa María la Real de Nieva, 1.848, el día de la Paloma, se anuncia a bombo y platillo un espectáculo de máxima expectación: La lucha de un león y un tigre contra un toro. Los veedores de la empresa viajan a Argelia para escoger un impresionante león salvaje y un fiero tigre. De la ganadería de don Manuel Suárez Jiménez de Coria del Río se elige un toro llamado “Caramelo” Las localidades aumentan su precio y el cartel de no hay billetes. 

En el centro del ruedo se instala una jaula de inmensas proporciones. Desde el corral se construye una manga que llega hasta la jaula en la que está encerrado el león que ruge y agita la melena desafiante. Se abre el toril y “Caramelo” arrea por la manga a toda velocidad. Paso a paso, sin perder la mirada en el león, pasa a la jaula y cuando lo tiene de frente lo embiste. El león se defiende con sus garras pero “Caramelo” lo prende por medio del cuerpo y lo voltea, lo recoge del suelo y lo vuelve a lanzar al aire. El león queda mal herido y se resguarda pegado a los barrotes. Está acobardado y sangrando. Hasta aquel día el público de Madrid creía que el león era el animal más fiero del mundo. Los intentos de sacarle de su escondite resultan vanos y se decide entrar al tigre. Despacio gira alrededor del toro. En un momento, como una flecha, el rayado animal se abalanza para clavar sus colmillos en el cuello del toro. Con un rápido movimiento, “Caramelo” lo prende del pecho y lo manda contra las barras de hierro. El león se ha rehecho y está levantado, “Caramelo” se vuelve hacia él que huye despavorido mientras el tigre sigue inmóvil. Todo ha terminado, los dos “fieros” se acurrucan lejos del toro. 

Los improvisados subalternos tratan de sacar al tigre y al león del jaulón. Imposible no hay forma de que se muevan para no provocar a “Caramelo”. Se les pincha desde el exterior e incluso de meten perros de presa. Nada, el valiente matador de toros, Ángel López “Regatero” entra en la jaula únicamente armado con una capa. A punta de capote “Caramelo” es devuelto al corral. Ha vencido y resultado ser el más fiero y noble de los tres participantes en aquella absurda mascarada. 

“Caramelo”, colorao, bragao, de muchas arrobas y buen trapio. Se lidió en Madrid el 4 de Septiembre del mismo año. Tomó doce varas y mató tres caballos. Fue indultado a petición del público. Al cumplirse un año de aquella mala idea, “Caramelo” fue llevado de nuevo a la plaza para recibir un clamoroso aplauso. Algunos matadores invitados participaron en un capeo incruento. Volvió a Coria del Río. Al siguiente año, “Caramelo” entra en una corrida de la Semana Grande de Bilbao para ser lidiado y muerto a estoque tras una brava pelea. 

Por eso … Cantemos todos. Los hombres también ¿Cuántos “Caramelos” se lidian actualmente?. 

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