lunes, 12 de septiembre de 2011

José Tomás: Séptima de la Feria de Abril. "¡Viva la República!" / Por José Ramón Márquez

I will be King

Séptima de la feria de Abril.
¡"Viva la república"!


José Ramón Márquez

Siete tardes, como las siete trompetas, y dos testigos, como aquellos que tenían el poder para cerrar el cielo, en el particular Apocalipsis de Tomás por las plazas de España. En todos lados el mismo resultado: al más viejo, que va por delante, se le urge para que termine, para que acabe cuanto antes y no entorpezca. El más joven, que va por detrás, aplica su oficio y triunfa. Siete tardes iguales, exactamente iguales en las que el que viene arreando ha arreado y no ha dejado pasar sin aprovechar la ocasión de triunfar con los torillos amañados ante las barbas ya harto remojadas de la figura de época, del galáctico, del ciprés pétreo, del comandante del puesto de Galapagar.

Una novedad, sin embrago, el otro día en Valladolid. Cuando Tomás brinda el toro a su veedor Joaquín Ramos, está proclamando a quien quiera verlo que no le culpa a él de la debacle de su particular Feria de Abril. En ese brindis está cargando sinceramente sobre él mismo la responsabilidad de que los toros que a todos los demás les sirven, no sean adecuados para él. Como prueba, para quien se fije en esas bobadas de las orejas como expresión del triunfo, baste con recontar las que se han cortado a mansalva en las siete comparecencias de Tomás desde su reaparición en Valencia para calibrar la bondad y las ganas de colaborar de los cuarenta y dos toros que han salido por los chiqueros en esas siete tardes, y de los cuarenta y dos puyacitos, refilonazos o picotazos, mejor ni hablar.

Cuando comienza a ser un clamor entre la desolada masa de harekrisnas tomaseros la evidencia de lo ido que está el torero, de su falta de recursos, de la distancia sideral que hay entre lo que se quieren imaginar y lo que ocurre en la plaza cada tarde, cuando los más recalcitrantes de entre los suyos pretenden ocultar la pura evidencia echando sobre los hombros del veedor la responsabilidad de que las cosas no estén rodando de la manera que habían pensado, él saca pecho por su hombre, en un ejercicio de humildad o de cinismo, para silenciar las voces en su entorno de una forma pública y notoria.

Plantearon los farolillos de la Feria de Abril soslayando cualquier pretensión de grandeza, huyendo de las plazas de compromiso, reduciendo hasta el ridículo la presencia de las reses con las que se ha venido anunciando, seleccionando a los que iban con él en el cartel para tratar de evitar sorpresas. Pensaban que con eso bastaría, pero no vieron que habían colocado al torero en una encrucijada sin solución entre la inmolación o el toreo imposible -o impasible- con el que a algunos nos fascinó hace ya unos cuantos años. El cuerpo se defiende y la cabeza recuerda los golpes, los trastazos, los revolcones. Ahora ya no está el hombre en la disposición de sufrir, pero alrededor de él han creado un monstruo, como los que crea el sueño de la razón, que está perdido y no sabe como salir de este atolladero.
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*Eso, "¡Viva la República!", gritó un señor durante toda la tarde en Valladolid el día de JT

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