viernes, 16 de septiembre de 2011

LA ESTOCADA, SUERTE IMPRESCINDIBLE EN EL ARTE DE TOREAR / Por Aquilino Sánchez Nodal

Jaime Ostos, matador de Toros
Un valiente de verdad

    
LOS PODERES Y LOS ENCANTOS DE LA ESTOCADA 

"...Queda claro que la suerte de matar es la verdad en el Arte de Torear..."

"...Por consiguiente, esos claros varones que creen que la propedéutica de unos contratos que adulteran el clasicismo y trastocan una corrida de toros en otra “cosa”. Hacen trampa y son matadores “camelo” guiados por un afán inmoderado de ganar unos duros extra, desfigurando la epístola moral y verdadera de la profesión de matador de toros..."

Aquilino Sáncchez Nodal

Marid, 16 de Septiembre de 2011.-
La estocada es una llave que abre o cierra las puertas a la gloria taurina. Determina el equilibrio y la ponderación de las corridas de toros y de los principales valores de la Fiesta. La suerte suprema es el eje en el que se integra su fuerza capital y constituye decisivamente a la denominación de quienes la ejecutan, matadores de toros. En este punto y final de la lidia se juzga la reputación de los diestros, halagos o críticas negativas a cargo del público que presencia la manera de realizarla que supondrán más o menos fama y por consiguiente muchos o pocos contratos. 

Al principio de la lidia a pie todo lo que se realizaba durante la lidia del toro solo tenía una finalidad y carecía de más relevante interés. Se trataba de preparar al toro para su muerte. El máximo prestigio de un matador se determina por la perfección, la belleza y la eficacia en el arte de ejecutar esa suerte. 

La manera correcta de culminar la faena no ha sufrido variaciones esenciales de la descripción que se explica en “El Arte de Torear” dictado por José Delgado “Pepe-Hillo” Se trata de la suerte de “recibir”, única manera que se conocía y se utilizaba con más imperfecciones que aciertos y obligaba a repetirla a un mismo toro tantas veces como fuera necesario por las dificultades que presentaban los diferentes comportamientos de los animales, en especial si eran parados o mansos de carreta. El maestro Joaquín Rodríguez “Costillares” asombra al público de Madrid al tirarse a matar a un toro parado. Se cuadra frente al toro, gira sus zapatillas sobre las punteras, baja la muleta en toque sutil para que humille un poco el animal y espada en ristre ataca al toro echándose prácticamente sobre él, es el “volapie”. Ya no es necesario que el toro se arranque hacia el matador para conseguir la estocada. El problema del toro parado quedaba solucionado y la nueva suerte irá ganado adeptos hasta ser prácticamente la única en la actualidad. 

El “volapie” fue recibido con pitos por los aficionados añejos. Alegaban que era un engaño al ejecutarse sorprendiendo al toro cuando estaba parado. En gacetillas y publicaciones se advertía, que no se dejaran aletargar y aceptaran la práctica del “volapie”, que no fueran reflejo del mitológico Endimión que se exigiera en todos los casos la suerte de “recibir”. Era tanta la repulsa que no consideraban un verdadero matador de toros al que no matara recibiendo. Uno de los autores que más cuestionaron el “volapie” fue Sánchez de Neira que dedicó muchos textos que aún andan por ahí rumiando sus nostálgias. 

El fin de la primitiva forma de hacer la suerte, se puede considerar con la muerte de José Redondo “El Chiclanero” que fue el último que solamente mataba recibiendo. Salvador Sánchez “Frascuelo” alternaba ambas formas aunque estoqueaba más toros en la suerte de “recibir”. Antonio Montes defendía la vieja forma pero se pasó al “volapie” por ser más seguro. Lo mismo iba sucediendo con muchos afamados matadores, Manuel Domínguez, “Bocanegra” y “Cara-Ancha” consideraron el “volapie” más eficaz para matar mejor a mayor número de toros. Todos recibieron críticas despectivas de los puristas del toreo. Posteriormente, Rafael Guerra “Guerrita” intentaría reverdecer la suerte de “recibir” para recobrar la forma ortodoxa. Lo intentó en varios chispazos con escasa perfección aunque producía el entusiasmo en el público por lo poco frecuente que era verlo ya en aquellos tiempos. 

El “volapie” se había impuesto como forma más común de ejecutar la suerte de matar los toros pero en 1.893, un novillero de nombre, Manuel Nieto Gorete, arma un revuelo sensacional en la plaza de toros de Madrid al matar sus dos novillos a la suerte de "recibir". Otro importante triunfo en la Corte consiguió Emilio Torres “Bombita” el día 16 de Junio de 1.898 al estoquear recibiendo a un toro de Saltillo llamado “Rondeño”. Años más tarde dos estocadas recibiendo abrieron las puertas de la fama a Antonio Montes, fue a un toro de Benjumea y a otro de Olea, en Madrid.
 
La suerte de “recibir” contribuyó de forma decisiva a la gloria taurina de Manuel Mejías Rapela “Bienvenida” hasta que en la temporada de 1.910, “Viajero” de Trespalacios le cerró cruentamente su paso a primerísima figura. José Gómez “Joselito” el 5 de Junio de 1.913 citó tres veces a “recibir” en la plaza de Madrid. Julián Saiz “Saleri II”, repitió la suerte en la misma plaza en 1.918. Cayetano Ordóñez, “Niño de la Palma” fue el último matador que frecuentaba los demonios de recibir con cierta frecuencia. Muchos han sido los que lo intentaron pero pocos los que merecen destacada atención. Consideremos como merecedor de esta lista a Pepe Bienvenida que en San Sebastián logró un rotundo triunfo al ejecutar con perfección la suerte a un toro de Santa Coloma, el año 1.945. 

De prisa de prisa, los aficionados dejaron de polarizar los méritos de los matadores que hacían la vieja suerte. En la actualidad está proscrita. Citaremos a Luis Francisco Esplá, que la realiza en contadas ocasiones, con alguna variante y no perfecta. También a José María Manzanares que está empeñado en que sea un referente en su identidad taurina aunque pierde muchos trofeos en sus intentos. La diferencia se aprecia en una variación. 

Ni “Pepe-Hillo” en su “Arte de Torear”, ni Montes en su “Tauromaquia Completa”, ni Manuel Domínguez en su “Arte de Torear a Pie y a Caballo”, refieren que se pueda avanzar el pie al citar al toro en la suerte de “recibir”. Sino, al contrario, dicen que no deben moverse los pies para nada. 

Queda claro que la suerte de matar es la verdad en el Arte de Torear. El toreo de capa, los picadores, las banderillas y una excelente faena de muleta son adornos necesarios para conseguir una buena muerte del toro. Si se pretende prescindir de la estocada la faena queda inconclusa, todo lo sucedido en la plaza de toros carece de sentido y quedaría en una forma sutil para prohibir la Fiesta, en un intento de acabar con ella comenzando por suprimir el final y seguir eliminando los demás tercios. La estocada es imprescindible para la esencia cultural, histórica, tradicional y litúrgica que emanan del Arte de Torear y para la perpetuación de los toros bravos como especie única de la Creación. 

En una corrida de toros la suerte suprema condensa la plenitud, el sentimiento y la emoción. Por consiguiente, esos claros varones que creen que la propedéutica de unos contratos que adulteran el clasicismo y trastocan una corrida de toros en otra “cosa”. Hacen trampa y son matadores “camelo” guiados por un afán inmoderado de ganar unos duros extra, desfigurando la epístola moral y verdadera de la profesión de matador de toros. Cuando en Portugal claman por volver a las corridas de toros integras, en Quito se quitan la careta, maltratan y anulan la libertad, el derecho y la obligación de los aficionados, con la intención política de enmascarar sus corruptelas, imponer la injusticia y desviar el interés de la ciudadanía creando un problema nacional taurino tan innecesario como abstracto. A todos los malvados déspotas lo primero que se les ocurre es prohibir las corridas de toros para crear un caos en el pueblo llano y robar impunemente. La avaricia corrompe cerebros y crea monstruos.


1 comentario:

  1. Precisamente, el volapié o "vuela pies" fue una suerte de recurso, creada por "Costillares" como un acto de justicia para con el toro excesivamente agotado pues, aún siendo bravo, hubiera merecido la infamia de la media luna y una muerte vil. ¡Viva pues el volapié y su inventor!, pues es otro reconocimiento al toro como digno rival, otorgándole una muerte noble y con posibilidad de herir (son muchos los matadores caídos practicando el volapié).

    La corrida de toros sin la muete digna y honrosa del toro es un espectáculo repobable.

    Pepe Aledón

    ResponderEliminar