martes, 28 de febrero de 2012

Fijémonos en Manzanares / Ricardo Díaz-Manresa


ABC entregó su IV Premio Taurino a José María Manzanares y su cuadrilla

Los detalles humanos de Manzanares. Fijémonos en él. Y alabemos el cariño con que trata a su cuadrilla y a la afición. Tenemos la suerte de tenerle.

Fijémonos en Manzanares

Ricardo Díaz-Manresa

27- febrero- 2012
Manzanares está ahí. Manzanares el hijo. Fijémonos en él. José María Manzanares, en los carteles, como su padre. Aprendamos de sus detalles. Va a recoger un premio importante y se lleva a la cuadrilla completa, algo que no recuerdo alguna vez anterior, que la habrá habido porque no hay nada nuevo bajo el sol, pero que me congratula mucho y me reconcilia con el mundo.

Cada vez me cuesta más escribir porque casi todo lo que veo del toreo me irrita y entristece y lo de la política me hiela la sangre, la de los PPepitos y la de los otros, los regresistas, que es lo contrario de progresistas. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Se me pone cuesta arriba enviar columnas denunciando defectos porque lo que me gusta verdaderamente es alabar méritos.

Y Manzanares, el torero de Alicante, los tiene. Este de llevar a la cuadrilla al premio porque el gran mérito de su temporada es también el de ellos, demuestra a su favor que sabe agradecer las ayudas, que las valora y que está lejos de la soberbia y la vanidad.

Este Dols, de una saga de buenos toreros, es el mismo que en Sevilla mandó que saludara Curro Javier después de lidiar extraordinariamente, gran actuación que recordé con el artículo “Ese lance de Curro Javier”, montera en mano con los dos compañeros que habían banderilleado cuando tradicionalmente todas las palmas son para los de los brillantes palos.

Es el mismo que va por la calle Iris, antes de entrar a la Maestranza, saludando y parándose con cada uno de los que quieren darle la mano, la enhorabuena o los ánimos necesarios para triunfar. Es el mismo que cuando sale a pie no pierde la sonrisa y por esa misma calle va repartiendo muestras de gratitud, cariño y educación. El mismo que saluda a los policías que le han llevado en volandas entre la multitud. El mismo que cuando parece que llega tarde al paseíllo sufre porque no puede saludar a la gente que le espera. El mismo que convive con su cuadrilla gran parte del invierno para hacer piña, que tanto se nota después en el ruedo.El mismo que accede a que los alumnos de la escuela torera sevillana intenten llevarlo a hombros, tras la Puerta del Príncipe, a su hotel y, al comprobar que es imposible, invitarlos después a que lo visiten y prometerles avíos de torear, que después entrega cumpliendo su palabra. E igual en Córdoba, capotes y muletas de Manzanares. Y donde puede. 

El mismo que se mete en Twiter para tener más cerca a esos aficionados jóvenes o mayores.Me voy a olvidar fugazmente de las tres primeras grandes ferias, del papelón del G-10 y de sus All Sports Media , de lo poco que se ha celebrado lo del ministro Wert en el Congreso, de ver tan pocos cantores de la gesta de Padilla, y menos de los esfuerzos de Taurodelta dando más facilidades y comodidades a los aficionados abonados. Incluso de este mismo Manzanares y sus cosas con El Juli. Y, por un día, de todo lo demás.Fijémonos en los detalles de Manzanares. Y agradezcámosle estos gestos humanos, que a la postre servirán para allanarle el camino del toreo y de la vida. No hemos cruzado una palabra nunca pero yo estoy contento porque tenemos a Manzanares cuidando a los suyos (cuadrilla y afición).Les da sitio y los respeta.

Llevaba tiempo queriendo escribir esto y el torero me ha puesto el toro en suerte tras recibir con sus cinco compañeros de cada día en el ruedo, con la cuadrilla, el último gran trofeo.Al menos tenemos a Manzanares.
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