martes, 22 de mayo de 2012

12ª de San Isidro: Un picador de bandera / Por Antonio Lorca

Pero Meléndez ni se inmutó; 
se levantó, se limpió la arena de la taleguilla y....

Un picador de bandera

Por Antonio Lorca 

Viajó desde su México natal integrado en la cuadrilla de Zotoluco; responde al nombre de Nacho Meléndez y es hijo de otro afamado varilarguero que, según un vecino paisano suyo, ya ganó hace años en esta plaza el premio al mejor picador. Pase lo que pase hasta el final de la feria, mucho y bueno deberá ocurrir para que este señor Meléndez, de figura oronda y categoría suprema como torero, no se haga acreedor de todos los premios.

Es difícil hacer mejor la suerte de picar. Se colocó donde debe, frente por frente a la puerta de chiqueros, movió el caballo con donosura, levantó con energía el brazo derecho y llamó al toro mostrándole la vara. Le dio el medio del caballo, acudió al cite el toro y la puya quedó clavada en el morrillo del animal que, en cuanto sintió el hierro, puso pies en polvorosa. Pero la suerte estaba hecha como mandan los cánones, en todo su esplendor, y así lo notó la plaza, que vibró como en las mejores tardes. Repitió la suerte de igual manera, volvió a clavar en todo lo alto, y fue tal el encontronazo entre toro y caballo que equino y picador saltaron por los aires, y se dieron un costalazo en la arena de padre y muy señor mío. Pero Meléndez ni se inmutó; se levantó, se limpió la arena de la taleguilla y, a pesar de su rellena estampa, se subió a la silla en un pis y pas y, por si quedaba duda, otra vez llamó al toro con alegría y clavó en todo lo alto.

Qué pena que el animal saliera suelto en los tres envites, señal inequívoca de su mansedumbre, pero la plaza, puesta en pie, ovacionó largamente al picador mexicano y le rindió los honores que merece un torero heroico y artista.

Gracias a Meléndez se pudo aguantar la interminable y soporífera corrida, que acabó pasadas las diez de la noche, y en la que salieron al ruedo toros de cinco ganaderías, y ninguno que mereciera la pena. Toros grandones en su mayoría, mansos, broncos, duros de roer, deslucidos y muy descastados. Una auténtica mansada, sin una gota de bravura.

Y otro torero hubo en la plaza; este es español de Aranda y se apoda Morenito. Volvió a evidenciar que tiene maneras de torero hondo y exquisito; se lució a la verónica al recibir a uno de los devueltos y en un quite al sexto. Le costó entender al tercero, al que muleteó acelerado y destemplado hasta que en dos tandas finales con la derecha interpretó el toreo con templanza y ligazón. Le concedieron una oreja de poco peso que bien se pudo quedar en una vuelta al ruedo.

De escasa presentación era el tercer sobrero, pero todo un derroche de codicia y genio. Un toro muy complicado, que tenía mucho que torear y que exigía una muleta poderosa que, quizá, no era la de Morenito. No le perdió la cara, pero el toro ganó la pelea.

Zotoluco tiró de oficio para pasaportar a su complicado lote. A sus 25 años de alternativa, no está para dejarse la vida en el empeño, y se limitó a justificarse. Urdiales, por su parte, valiente, no le perdió la cara a los suyos, muy complicados.

Bañuelos/Zotoluco, Urdiales, Morenito
Cuatro toros de Antonio Bañuelos, -segundo y tercero, devueltos-, bien presentados, mansos y broncos; quinto y sexto, -también devuelto- de Couto de Fornilhos, bien presentado y deslucido; primer sobrero, de Aurelio Hernando, deslucido; segundo, de Carmen Segovia, manso y noble; y tercer sobrero, de Camacho, codicioso, poderoso y difícil.
Zotoluco: estocada baja (silencio); tres pinchazos y estocada (silencio).
Diego Urdiales: pinchazo -aviso- estocada atravesada y un descabello (ovación); dos pinchazos -aviso-, pinchazo, casi entera y dos descabellos (silencio)
Morenito de Aranda: estocada atravesada y un descabello (oreja); pinchazo -aviso- y media muy baja (silencio).
Plaza de las Ventas. 21 de mayo. Duodécima corrida de feria. Tres cuartos de entrada.
***

1 comentario:

  1. Los picadores no "clavan", pues no son banderilleros, lo que hacen es picar.
    Además los de a caballo no usan taleguilla sino calzona.
    Y todos los puyazos fueron traseros, nada de en todo lo alto.
    Pero aquí no se consuela el que no quiere. Una pena que ni Lorca sepa los rudimentos de lo que constituye una buena vara.

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