viernes, 30 de noviembre de 2012

Políticos a cubierto /


Plaza de toros de Las Ventas, de Madrid
Políticos a cubierto

José Ramón Márquez 
Ignacio González visita la inmundicia ésa que están colocando sobre Las Ventas, sale en una foto con un casco en la cabeza, por la cosa de la Prevención de Riesgos Laborales, y anuncia que no habrá toros cubiertos en Las Ventas. ¡Ojalá! La experiencia nos enseña que cuando hay tantos intereses alrededor de una iniciativa determinada, las cosas suelen salir a favor de los que más se empeñan en que salgan. De momento González dice que no, palabra de González, pero tras seis lustros de parlamentarismo, ya sabemos lo que vale la palabra de un político.

Lo más delicioso de la visita de Nacho -llamémosle así- González a Las Ventas del Espíritu Santo fue sin duda alguna la movilización mediática y zascandil en derredor suyo. La principal figura de dicha movilización fue, sin lugar a dudas, ese delicioso ser barcelonés llamado Abella, a quien todos sus amigos conocemos como Abeya. Ya sabemos por dimes y diretes que detrás de toda la autoría intelectual del asunto de la malhadada cubierta no sería difícil hallar su blanca mano, pues él es hombre a quien le gusta controlar lo que pasa a su alrededor y ser perejil de salsas y gazpachos; por eso choca un poco que a la visión de la cubierta que va con el marchamo Abeya se le haya hecho esa especie de desautorización por parte de su jefe. Acaso sea, como decía el otro día el aficionado X., porque el ocaso de su estrella ya esté prefigurado, que sus días han sido contados, su corazón ha sido pesado y que en breve será apartado de ese pequeño reino circular situado al borde de lo que hasta no hace tanto fue el Arroyo Abroñigal, que son cosas de la haute politique a las que los aficionados de andanada no llegamos.

Y entre tanto se sustancian o no esos lúgubres presagios, el florentino Abella se despacha manifestando la inconveniencia de que la anunciada corrida de Alejandro Talavante conVictorinos tenga lugar bien el día dos de mayo o bien como Corrida de Beneficencia, que, a fin de cuentas, son los festejos que ‘organiza’ la Comunidad Autónoma que preside González y que paga su salario a Abeya. De manera harto enternecedora, comprensiva, con los duros tiempos que vivimos, expresa Abeya su deseo de que dicha corrida tenga lugar durante la Feria de San Isidro, dado que ‘hay que fortalecer el abono’, magna cesión a los concesionarios de la explotación del coso, en una neta expresión de liberalismo o de cómo lo público no debe interferir en lo privado.

Tampoco está al tanto el periodista de indagar sobre cuáles son los próximos azulejos que se tiene pensado inaugurar para continuar la campaña de alicatado de la Plaza o si es verdad, como se comenta, que va a brindar un espacio bajo los tendidos de la Plaza para que se abra una sucursal del restaurante Juan & Juan; sin embargo los de El Mundo, que deben estar algo moscas, le preguntan a Abella si no será que se está reservando esas fechas que niega a Talavante para ofrendárselas al depositario nato de cuatro de los seis PPPP (Prestigioso y Pingüe Premio Paquiro), pues se ve que aunque ya todo el mundo se olisquea que Tomás está para muy pocos ruidos, especialmente ahora que Luis Abrilse ha ido de la Telefónica, hay que tratar de mantener encendida la llamita cueste lo que cueste. A eso, Abeya, hombre creyente, responde: “Ojalá, ya pongo velas a la Virgen, pero no hay nada, de verdad”. Y ahí sí que se le nota que dice, neta y frontalmente, la verdad.



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