lunes, 24 de junio de 2013

Talavante, el Gallo de Taurodelta, se pone derecho / Por José Ramón Márquez


Ramiro Calle


José Ramón Márquez
Si no es que sea pésimo, es que es amigo de Sergio Ramos. Simplemente eso. Y encima, de los dos amigos, el que mejor torea es Ramos. Ahora Talavante, después de ofrecer su caricatura como reclamo de la repulsiva Feria de San Isidro 2013, permite que le retraten en plan Ramiro A. Calle con la vriksasana, la postura del árbol, la asana del árbol; qué sé yo de dónde habrá sacado eso, del Yogui, del oso Yogui de Hanna Barbera, del Yogi Berra de Antonio Muñoz Molina (de la RAE), del Shao-Lin de Bilbao, del lama Chu-Lin Tenzín, del gran muftí, que decía Haddock; pues el Talavante, en plan árbol, acaso un pino bien plantado, se pone el tío medio desnudo, con la taleguilla de torero, con una montera en las manos, enfrente del fotógrafo y espera a que suene el click.

Y la culpa no es del fotógrafo, que el hombre propone, sino del que está enfrente, al lado del forillo y se presta a hacer la pantomima. Ése es el respeto que Talavante tiene por los achiperres del oficio; que empezaron quitando la coleta transformada en un postizo, luego el estoque sustituido por un aluminio, después el toro sustituido por una mona y ahora el torero se pasa al mundo de los veganos, animalistas, al rollo ful de The fool on the hill, al Maharishi, Hare Krishna/hare rama y My sweet lord, al jainismo pananimista de los thirtankaras, para quien el mayor pecado es causar daño a un ser vivo. El tío que, con un par, declara en la revista de Taurodelta, revista de la Empresa, de su Empresa, que él no es hombre de rezar, se las pega de espiritualidad oriental haciendo la vriksasana, que si le pilla el Pequeño Saltamontes le mete una leche por competencia desleal.

Y así está el torero. Este pobre hombre, el torero sin alma, el torero sin tauromaquia, el torero sin estilo definido, el camaleón del pegapasismo, el que eclosionó como un fake de José Tomás, siguió por la vida en la imitación de Pepe Arroyo, transitó levemente la reproducción de los modos de Ojeda, el que se creyó que la vida es una tómbola y con un cursillo de dos semanas a matacaballo se pensó que se podía presentar en Madrid con seis de Victorino -y eso que el Paleto se los echó pequeños, que si le llega a echar la corrida del 82 tenemos que ir a buscar a Talavante al Tíbet-, el que con la faena de ‘se va sin torear’ elevada al Olimpo orejil ha sido proclamado triunfador de Madrid, el torero que es la nada taurómaca elevada a la enésima potencia por la intercesión de la Empresa, de su Empresa, el torero de la vriksasana, que ya podía ponerse para torear lo derecho que se pone para hacer el Yogui, no contento con todo eso se ofrece desinteresadamente para, con un clic, ponerse a vilipendiar a su propio oficio y a escupir en todos los que creemos en la grandeza del toreo y de algunos toreros.

Alejandro Talavante Rodríguez, natural de Badajoz, lleva siete temporadas de matador de toros. Prácticamente es el mismo lapso de tiempo que la carrera entera como matador de Joselito el Gallo.
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Y la culpa no es del fotógrafo, que el hombre propone, sino del que está enfrente, al lado del forillo y se presta a hacer la pantomima

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