domingo, 23 de marzo de 2014

CAVAZOS Y SU REGRESO / Bardo y Páez, sin tapujos.


"...No se quede sólo con el título de ‘El Pequeño Gigante’ de los ruedos de un país donde una vez hubo fiesta, sino como ‘El Gran Gigante’ de la tauromaquia tricolor, esa que sigue ondeando entre otras cosas gracias a la lucha del matador Eloy Cavazos. ¡Venga, vamo ya!..."

Bardo y Páez / Sin Tapujos
CAVAZOS Y SU REGRESO

Bardo de la Taurina:
León es una ciudad que por los motivos que sean lleva el nombre de un animal que es rey entre los de su especie y que seguramente por la castración o tatemada de neuronas de los carroñeros sociales del ayuntamiento leonés, los que sacian sus fauces con el dinero que los ciudadanos les arriman y que en gran tajada deben provenir de esa industria tan orgullosamente leonesa que consiste en matar a como se pueda a miles de animalitos nonatos y animales adultos de ambos sexos pa’ descarnarlos hasta arrancarles sus pieles y convertirlas en zapatos, botas, bolsas, carteras, cinturones y muchísimos derivados más, producto de la matanza animal que los de León transforman en marmaja.

Todo esto bajo el orgullo de los regidores que en estos días han prohibido la instalación de circos que usen animales en su espectáculo, así como la asistencia a los menores de 14 años a las corridas de toros y a las peleas de gallos, y pregunto, ¿por qué en esa tierra? donde nació Rodolfo Gaona, el ‘Papa del Toreo’ el que fue coronado con la tiara santísima, el que pa’ que lo sepan los ignorantes del ayuntamiento, salió de una escuela de cuadrilla infantil. ¿Se es mayor de edad a los 14 años?, ¿será porque en Guanajuato al alcohol se les volvió un himno?, ¿o porque ahí se desvirgaba y violaba a niñas de 14 años?, ¿o de las canciones de José Alfredo y de las Poquianchis ya no se acuerdan los despistados regidores de hoy? Porque hasta donde sé las cantinas siguen abiertas con su música incitadora y de leoneros mejor ni hablamos, porque hay cosas ‘más importantes’ como promover desde un lugar de Guanajuato el uso de la mariguana. Por cierto, se habrán preguntado los legisladores guanajuatenses ¿A cuántos niños menores de 14 años puede dañar el diabólico proyecto?

La situación que están ejerciendo los retrógradas del ayuntamiento leonés, que más que antitaurinos son anticulturales, antiartísticos, antitradicionalistas y antihistóricos, va más allá del hecho fanfarrón y lucrador de ‘simpatías de votantes’ de esa caterva que aprisionan pajaritos dentro de rejas de colores, que secuestran pececillos en cuevas de cristal, que coartan la libertad de los perros amarrándolos con cadenas, sin contar con las resorteras que les compran a sus niños menores de 14 años para que asesinen, pájaros, ardillas, conejos, cuyos, topos, lagartijas…

Ante esto, ¿cómo van a responder ganaderos, toreadores, empresarios, porras y afición guanajuatense? ¿Yéndose a lamer la herida y a llorar la pérdida ante una botella de tequila en el legendario ‘Panteón Taurino’?, ¿ya se manifestó un líder que encabece el movimiento por la defensa de la libertad de educar a los hijos y por ende de gozar de la Fiesta de Toros?

¡Ai le hablan!, matador Eloy Cavazos, a usted que es tan protagónico, que tiene un verbo más ágil que un político en campaña, que es diestro en meterse por donde quiera, que tiene el tiempo para entregarse a esta faena, que le sobra el parné pa’ afrontar los gastos inherentes, que tiene un nombre harto popular como pa’ abrir las puertas de los congresos, ayuntamientos, gubernaturas y hasta de la Presidencia de la República, sí, matador Cavazos, ese es el toro de la inmortalidad que usted debe lidiar hasta doblar a los ojetes incultos e impostores que se atreven a mancillar, no solo la fiesta, sino el derecho de los niños. La faena o más bien la refriega va ser ardua y larga porque habrá que librarla no nada más en León sino en otras ciudades y estados. 

No se quede sólo con el título de ‘El Pequeño Gigante’ de los ruedos de un país donde una vez hubo fiesta, sino como ‘El Gran Gigante’ de la tauromaquia tricolor, esa que sigue ondeando entre otras cosas gracias a la lucha del matador Eloy Cavazos. ¡Venga, vamo ya!

Leonardo Páez:

Destroncando a los animales metidos a demagogos servidores públicos –por ahí quedan legiones–, el Bardo francamente se pasó de faena, y si no es porque remata su arenga aludiendo al controvertido e incansable maestro regiomontano, le tocan los tres avisos. 

¿Por qué vuelve Eloy Cavazos?, se preguntaría la inolvidable Conchita Cintrón y con ella lo que va quedando de la afición. ¿Acaso regresa porque se torea más chico y más manso que nunca?, ¿o porque en las políticas empresariales del duopolio taurino no está sacar nuevas figuras ni confeccionar carteles que saquen chispas? ¿Quizá a que ninguno de los que figuran tiene imán de taquilla?, ¿o a que ya basta de dejarle todo el pastel a Hermoso? ¿o porque para lo que en muy buena medida él, Manolo y Curro propiciaron, él tiene una solución? ¿Tal vez ya no sabe qué hacer en su casa? A saber. Ojalá algún publicronista experimentado atine a preguntárselo.

Si los presidentes del PRIAN no hubiera suprimido de su agenda política el tema taurino, supuestamente debido a un clientelar acuerdo con los chiquillos del Partido Verde Ecologista, y según los malosos por órdenes de Washington y su torpe idea de lo política y culturalmente permitido, otro gallo nos cantara.

Pero el actual mandatario, querido Bardo, al igual que sus antecesores De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón –estos dos últimos vergonzantes taurinos de clóset–, también entiende la modernización del país que pretende gobernar a costa de la supresión de sus costumbres y tradiciones, sobre todo de aquellas no avaladas por la política gringa y su retorcido concepto de civilización. Funcionarios municipales y estatales sólo acatan órdenes.

Eloy, con sus indiscutibles talentos y habilidades, sabe que le espera una fiesta brava del país donde prevalecen novillones despuntados en vez de toros, repetitividad dócil en vez de bravura, toreros cuña perpetuos en vez de oportunos relevos generacionales, magníficos prospectos sistemáticamente relegados en vez de rivalidad apasionante, y un público aficionado a apellidos en vez de a la bravura y al arte de la lidia. Es muy difícil entonces suponer que Cavazos esté dispuesto a modificar tan lamentable situación.

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