martes, 17 de febrero de 2015

Feria del Sol de Mérida: “El Califa de Aragua” pletórico en tarde donde el oropel confunde a la multitud / por Rubén D. Villafraz


Al final el ganadero y empresario Ricardo Ramírez y “El Califa de Aragua” en hombros… 

Con la concesión de polémico indulto en el que cerró plaza
“El Califa de Aragua” pletórico en tarde donde el oropel confunde a la multitud

Cuatro orejas paseó por el redondel merideño el espada maracayero, ante dos faenas donde se vació frente a ejemplares de distinto talante. Por su parte Leonardo Benítez cortaría una generosa oreja, mientras que Morante de la Puebla decepcionó ante lote a contraestilo que pechó en suerte.


RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ / Fotos: José León
Ayer llegaba a la redacción del diario y daba vuelta en la cabeza como podíamos hilvanar de ideas tantas vicisitudes negativas en una tarde de toros, sin herir susceptibilidades en un lio de toro en franca decadencia como estamos siendo testigos en esta edición Feria del Sol, que literalmente se están cargando quienes corresponde responsabilidad.

Que te consigas en la máxima plaza de toros merideña que salgan, uno a uno, un rosario de astados de anovillada presencia, lo cual es una falta de respeto al soberano, que aparte de ello venga avalado por las autoridades municipales que dicen defender al aficionado, y que resulta que son un compendio de intereses los que se aferran a costa incluso de la credibilidad de lo que se ve en la arena, y que aparte de ello incluso falten a preceptos durante la lidia fundamentales en la lidia como el dejar sin picar un toro ante la incredulidad de todos los presentes, o que se inventen un indulto a fines de complacer caprichos oscuros, vaya usted a saber amigo lector como estamos tan podridos por dentro en esto que nos une pero cada vez más nos decepciona.

Toros de Los Ramírez, hierro titular de la actual empresa que regente el coso monumental merideño. Cuando todos pensamos que se traerían lo mejor de sus camadas por ser los anfitriones de su feria, vaya sorpresa que nos llevamos, desastre amparado primero por toreros y luego por la cadena que implica ganaderos, autoridades e incluso nosotros mismos los medios, donde poco somos los que nos atrevemos a decir ciertas verdades que no gustan a cierto sector de supuestos taurinos. Una pena.

La soleada tarde que nos acompañó hicieron marco para lo que preveíamos una gran tarde. Pero uno a uno la expectación se trucaría en decepción. Muy por encima de las cinco orejas y toro indultado que registra el balance artístico del festejo. Una cosa es esto y otra cosa como sucedieron las cosas.


Leonardo Benítez en su segundo paseíllo abrió plaza, en labor condicionada por el viento, el cual no dejo estar a gusto al torero en series con la muleta donde las noblotas embestidas del ejemplar no tendría eco suficiente en el tendido, que aunado al irregular juego del animal dejaron en solo intenciones y voluntad lo realizado por el veterano espada, el cual se le observa con más reservas y precauciones que otrora, cuando “rugía como un león” de valor y entrega ante la cara del toro. Al tercer viaje con el acero despacharía el toro, para ser silenciado.

Mayor entrega y disposición se le vio en su segundo, animal el cual a pesar de su rebrincada embestida y limitadas fuerzas supo meter en su veterana muleta, abusando del toreo de perfil y el pico de la muleta para vaciar las embestidas. Previo a ello, la curiosa anécdota del palco presidencial cambiar el tercio de varas sin ni siquiera el piquero de turno Segundo Salgado haya recibido en el peto al toro, fue digno de toda reprobación, pues sin duda alguna demuestra a qué nivel estamos en nuestra plaza merideña, en la que ni la suerte de varas se le respeta como parámetro para medir la bravura. Algo jamás visto, avalado por los vicios que acongoja actualmente la que es nuestra fiesta brava merideña. La estocada entera en buen sitio, fulminante avaló la petición de la generosa oreja que para un torero que es y ha sido estandarte del la torería nacional, debe saberle a poco y colocar en vereda de reflexión.


Ejemplar de Rancho Grande

Vaya decepción nos hemos llevado esta feria como el genio sevillano “Morante de la Puebla”. Tanto esperarle para tan poco. Así se puede resumir su paso por nuestra plaza en esta edición, ante el abecerrado, no anovillado que ya es censurable, ejemplar de Rancho Grande, que pasaportó en primer lugar, el cual dejaría listo para las mulillas en la excesiva sangría que en varas propinó. Visto así, y tras la mole que en el caballo consintió, no se complico la papeleta y le despachó de estocada entera, para ser silenciado, como de la misma manera ocurriría en su segundo, jabonero astado que lanceó con el percal soltando los brazos, lo que nos hizo pesar en el milagro. Pero nada que ver, pues una vez visto en varas el toro, este dictaría sentencia, parándose y convirtiéndose en un marmolillo el cual intentó pero no pudo hacer gran cosa el mencionado diestro, siendo silenciado tras dos avisos, al cual le queda como anillo al dedo la frase, «El arte no tiene  miedo» pero tampoco vergüenza… ante el género bovino que exigió por la mañana quienes le llevan por su famoso tour.

Morante de la Puebla

El destacado de la función fue el maracayero “El Califa de Aragua”. Ambición y garra la que ha expresado este torero en sus dos toros, totalmente distintos uno del otro. El primero otro vulgar novillote, Hassan Rodríguez –nombre de pila bautismal- entendió a la perfección la nobleza y tranco del noble astado, llevándole a media altura, templándole y midiéndole distancia y terrenos para aprovecharlo al máximo. El súmmum de la faena vendría en dos tandas por naturales, que crujieron la cintura del alegre espada, quien previamente había pasado apuros en clavar banderillas, en tercio compartido al lado de Leonardo Benítez. La decisión con la que se fue tras la espada, dejo un espadazo en lo alto, para lograr tras fuerte petición de los presentes, que el palco presidencial mostrara desde lo alto de su “pajarera” el par de pañuelos, asegurando la Puerta Grande.


El cornalón astado que cerró plaza imponía respeto, más que por sus astas, por lo que traía dentro. Echando las manos por delante y con un constante y molesto calamocheo al tomar el engaño, “El Califa” hubo de emplearse al máximo, pues el toro requería de un temple y valor a prueba, así como una claridad de ideas que el joven espada supo sacar partido, desde los torerísimos doblones que fueron cardinales para el resto de faena. Nuevamente a pesar de haber dejado por la diestra muletazos aislados de gran calado, la zurda vendría ser el pitón donde mejor se le vio, en series de aguante, siempre con el toro midiéndole pasos para no quedar a merced de su malaje intención de no perdonarle error alguno.

Toro indultado de Ramírez lidiado por el Califa

El teatro de entrar y no entrar a matar, hizo que la plaza tomara partido por el toro, para que de nuevo se desatara la confusión, pues pregunto yo, de que le puede servir a su hierro Ricardo Ramírez un toro, aparte de feo de hechuras y con la versión mala de la mansedumbre que es el genio. En fin, que de esto ni puñetera idea les interesa a los que están allá arriban supuestamente dirigiendo e imponiendo orden en este lio que se llama corrida de toros en la Plaza de Toros de Mérida, no vacilando en otorgar un nuevo indulto que viene ser un nuevo y triste capitulo de descredito a lo que una vez este coso tuvo como lo es categoría y respeto por el toro, torero y aficionado, y en especial, mostrando la cara más opaca de lo que bien puede ser el comienzo de una decadencia franca en cuanto a seriedad y prestigio a una feria que muestra visos manifiestos, sino se toman los correctivos pertinentes ante las autoridades municipales, entiéndase alcalde o cámara municipal. De manera inmediata una vez que culmine hoy mismo la feria.

Por cierto la paliza que se llevó el torero en toda la Puerta de Arrastre cuando le llevaba al astado a los corrales una vez perdonado, teniéndolo a merced de sus buidas astas, no fue más que un milagro de salvarse de un percance mayor, y que ratifica la condición de un toro de genio y peligro no del todo entendido por gran parte de una plaza de toros sin rumbo ni norte en lides taurinas, tal y 
como están las cosas.

Al salir de la plaza me preguntaba, como se puede crear afición y educar a la misma con tardes como estas, donde no todo lo que aparenta es lo que realmente sucedió en el ruedo. Allí queda la reflexión, para que después no sea tarde el remedio a la enfermedad, el cual tiene claros responsables… los mismos ya los sabemos.


FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros de Mérida. Lunes 16 de febrero de 2015. V corrida de feria.
Poco más de dos tercios de plaza (aproximadamente 11000 personas), en tarde soleada y ventosa, se han lidiado cinco toros de Los Ramírez y uno  de Rancho Grande (2º), en su conjunto mal presentados, faltos de remate y muy dudosos de pitones, donde el cornalón y geniudo que cerró plaza fue el más destacado sin grandes ribetes, de nombre «Albardo» Nº 220 de 492 kilos, el cual fue indultado. Los demás, de irregular comportamiento ante los engaños, además de flojos de remos.
Pesos: 478, 435, 445, 442, 490 y 492 kilos.
Leonardo Benítez: silencio y oreja.
Morante de la Puebla: silencio y silencio tras dos avisos.
“El Califa de Aragua”: dos orejas y dos orejas simbólicas tras indulto.
Incidencias: Destacaron en la brega Mauro David Pereira. *** Para hoy en la mañana está pautado llevarse a cabo la novillada suspendida el pasado jueves, en la que con reses de la ganadería Bellavista estarán actuando los novilleros Carlos Sulbarán, José Antonio Salas, Francisco “Chico” Paredes, Alejandro Mejías y Joselito Vásquez, totalmente gratis a partir de las 10 de la mañana.


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