lunes, 25 de enero de 2016

En el centenario de D. Rafael Caldera / por Manuel Herrero Presa


Rafael Caldera, presidente de la 
República de Venezuela.
En dos ocasiones. La primera para el período
1969-1974,y la segunda entre 1994 y 1999.


D. RAFAEL CALDERA

Manuel Herrero Presa
24 de Enero de 2016
Hoy hubiese cumplido 100 años uno de los hombres más honestos que he conocido en mi larga vida. Intelectual, escritor y libre pensador. Amaba a Dios, a la familia y a su país Venezuela por encima de todas las cosas. Vivió por y para Venezuela.

Demócrata hasta la médula. Fue uno de los fundadores de la democracia en su país. Dos veces presidente de Venezuela. Nunca estuvo fuera de su país más de treinta días seguidos, no siendo presidente (era su norma). Sin cuentas, ni bienes en el extranjero. Vivió austeramente. Luchó contra una enfermedad muy larga que le permitió ver como su país iba destruyéndose poco a poco. Sufrió lo indecible viéndolo. Murió con el alma rota… . Pensando ( era lo único que podía hacer por sus propios medios ). Lo certifico.

Tuve el honor y la suerte de ser su amigo. El trato que siempre me dio fue como al de un hijo. Adoraba a mi familia. Yo, le admiraba, le respetaba y le quería.

Estará en el Cielo junto a Dª Alicia, su esposa. Siempre le recuerdo y le rezo.

Era un hombre bueno.

El torero César Girón junto al presidente Rafael Caldera. 
Foto: Archivo Fotográfico/Cadena Capriles

Con respecto a nuestro mundo taurino, era un amante y un defensor de la Fiesta Nacional. Le encantaban los toros. Admiraba a todas las grandes figuras de la época, Pepe Luis, Bienvenida, Ordóñez, Camino, Romero, Antoñete, El Cordobés, Palomo, Capea, Puerta, Litri, Aparicio Etc… . Como gran venezolano presumía con orgullo y con razón de sus dos grandes paisanos, César y Curro Girón. Le gustaba Sevilla, Madrid, Barcelona, País Vasco, Canarias. En definitiva toda España.

Yo le llevé en el año 1992 a una velocidad, por la autopista, un poquito “rapidito” (le “tapé” disimulando el cuenta kilómetros del coche con una hojita para que no lo viera), a él y al coronel ayudante, porque llegábamos tarde a ver una corrida de toros en la feria de Salamanca donde toreaban Enrique Ponce y Julito Aparicio. Siempre lo recordaba como una anécdota simpática y con una sonrisa, cuando estábamos en familia. Me daba a entender que se había dado cuenta, pero que por “respeto” hacia mi y porque tenía ganas de “llegar”, aguantó el tirón y se calló.

Era un fenómeno de persona.

Que Dios ayude a Venezuela y a España.

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