sábado, 23 de abril de 2016

Cartas desde Colombia: Catalanes en el Fin del Mundo / por Carlos Arturo Calderón Muñoz.


Tercio de Miñones de Cataluña

Hoy pretenden, a fuerza de propaganda, crear separaciones entre hermanos. Anulando el sentimiento de españolidad de los catalanes para hacerlos insolidarios con su familia ibérica, mientras abren los brazos a los enemigos domésticos y extranjeros.


Cartas desde Colombia: Catalanes en el Fin del Mundo

San Bonifacio de Ibagué (Colombia)
Era el inicio del siglo XIX, las ya pasadas revueltas norteamericanas le habían arrebatado a los británicos la mayoría de su presencia en el nuevo mundo. El poderío francés se hacía del continente europeo gracias a la obra de arte bélico que fue Austerlitz y los inventarios ingleses se llenaban de mercancías gracias a las exorbitantes cantidades de productos generados por las fábricas nacidas de la revolución industrial. Inglaterra, o mejor, su clase financiera y mercantilista, estaba urgida de abrir mercados para hacerse de beneficios monetarios.

En Junio de 1806 fuerzas inglesas compuestas por unos 1600 hombres llegaban al Virreinato del Rio de la Plata, más exactamente a las costas de Quilmes, actual Argentina. El 25 de ese mismo mes las tropas comandadas por William Carr Beresford desembarcaron y en dos días, gracias a la mala gestión del virrey Rafael Sobremonte, capturaron la capital, Buenos Aires. El virrey se retiró a Córdoba para armar un contraataque, dejando que los ingleses se hicieran con un jugoso botín que luego fue exhibido en las calles de Londres.

Sin embargo, no se necesitó de las fuerzas del virrey, la población local se organizó en milicias que iniciaron todo tipo de enfrentamientos para recuperar la ciudad. Desde Montevideo, actual capital uruguaya, el francés Santiago Liniers, quién años después moriría defendiendo a España, dirigió tropas para retomar la ciudad. Entre sus hombres se encontraban 120 voluntarios migueletes, que era otra forma de llamar a la Compañía de Miñones Catalanes de Montevideo. A penas se enteraron de la toma de la capital, los catalanes hicieron un pedido formal al gobernador de Montevideo para crear una compañía que ayudara a liberar Buenos Aires de los pérfidos ingleses; su financiador fue Miguel Antonio Vilardebo y su comandante Rafael Bufarull. Este cuerpo retomaría las posiciones de El Retiro y el cuartel de La Ranchería en la reconquista de la ciudad y junto a sus paisanos residentes en Buenos Aires defenderían la plaza de la siguiente oleada británica.

Mientras tanto en la ocupada Buenos Aires, los catalanes que allí residían se reunieron en la casa del alcalde Álzaga para coordinar una resistencia contra los británicos, reunieron armas y hombres e iniciaron una guerra abierta contra los invasores de Albión. En agosto 12 la capital fue liberada con más de 400 bajas para el bando inglés. El 19 de agosto, catalanes de la localidad solicitaron un permiso al cabildo de Buenos Aires para formar un cuerpo de voluntarios que protegiera a la plaza en lo que se esperaba iba a ser una segunda ofensiva anglosajona.


Esta solicitud no salió como esperaban, se pretendía formar un cuerpo de combate, pero debido a la actitud catalana no pudo ser así. Fueron tantos los catalanes que se ofrecieron como voluntarios que no se creó un cuerpo, sino dos. El cuerpo de artillería Patriotas de la Unión y el cuerpo de infantería Minyons.

En septiembre del mismo año Liniers realiza un llamamiento para armar cuerpos de milicianos urbanos que custodien la ciudad, la españolidad pura salió a flote. Como los hermanos que eran se alienaron lado a lado Tercios de andaluces, gallegos, vizcaínos y montañeses que junto a los grupos de voluntarios catalanes enfrentaron una nueva invasión británica.

A inicios de 1807 una fuerza inglesa que llegó a tener 6000 hombres, bajo el comando de Samuel Auchmuty, arribó a Montevideo. El 20 de enero dos compañías de miñones catalanes fueron la vanguardia de la resistencia española en la combate del Cordón. Enfrentamiento en que las tropas hispánicas eran duplicadas en número (Algunos dicen que triplicadas), además de tener armamento de menor calidad y estar conformadas mayoritariamente por milicianos. La vanguardia catalana hizo retroceder al avance británico, pero estos lograron reorganizar sus fuerzas y golpear por los flancos a los locales hasta quedarse con el campo. Los oficiales enemigos elogiaron a la acción de la infantería de vanguardia española.

A partir de ese momento los ingleses sitiaron la ciudad y redujeron a cañonazo limpio una de sus murallas, abriendo una brecha por la que entraron el 3 de febrero; nuevamente el tercio de miñones se destacó por su valor. A pesar de la resistencia de los milicianos y de que los civiles se unieron a la lucha, los ingleses se quedaron con la ciudad y mientras estuvieron en ella la abrieron a los mercaderes, quienes aguardaban detrás de las fuerzas navales para iniciar el comercio en el momento mismo que se izara la bandera británica.

Desde Montevideo se organizó la invasión de Buenos Aires, que esta vez fue comandada por John Whitelocke quien contaba con unos 12.000 hombres. En su avance infligió una nueva derrota a los españoles, al aplastar a una fuerza muy inferior en número que buscaba tomar Colonia del Sacramento, nuevamente miñones catalanes se encontraban entre los derrotados.

El primero de julio Whitelocke despliega sus tropas para asaltar Buenos Aires. Liniers salió al encuentro del inglés con unos 7000 hombres organizados en 3 divisiones, que incluían 6 compañías de miñones y otros tantos soldados catalanes dispersos en otros grupos. A esta confrontación, que se dio el 2 de julio, se le llamó combate de Miserere. Nuevamente la superioridad numérica y de entrenamiento les dio el triunfo a los británicos, quienes dispersaron a las fuerzas españolas y las obligaron a resguardarse en la ciudad.

Panteón de Jaime Llavallol del Riú. Cementerio de la Recoleta (Buenos Aires)

El 5 de julio 13 columnas inglesas entraron a la urbe, pero se encontraron con un espíritu de guerrilleros hispánicos que no se ha extinguido desde la resistencia contra los romanos. La población civil, junto a los milicianos y los soldados regulares llenó de barricadas Buenos Aires. En todas las casas las mujeres y niños se apertrecharon con piedras, palos y agua hirviendo que arrojaban sobre los casacas rojas mientras estos intentaban cruzar las calles de la ciudad, sólo para encontrarse con un grupo de 9000 milicianos que los recibían con fuego cruzado desde todos los puntos. La ferocidad del combate no hizo que los ingleses se rindieran y avanzaron por toda la ciudad tomando muchos de sus puntos estratégicos. Sin embargo, Liniers redujo estas posiciones a fuerza de artillería.

Los catalanes, después de tantas derrotas en defensa de los territorios de su amada España, tuvieron su revancha. La tercera compañía de miñones comandada por Jaime Llavallol y del Riú recuperó en operaciones relámpago Barracas, Miserere, El Retiro y por supuesto la Plaza Mayor. La operación, entre heridos y muertos, le costó alrededor de 1500 hombres a los anglosajones, además de unos 1800 capturados y desaparecidos. El 7 de julio los ingleses se rindieron y retiraron, en septiembre del mismo año también abandonaron Montevideo.

Lo que no logró el fuego lo consiguió la intriga, las operaciones de la masonería ya estaban en curso y agentes del mundialismo embrionario como Francisco Miranda y Simón Bolívar promovieron, con la financiación irrestricta de los ingleses, una confrontación civil a escala continental que terminó por hacer colapsar el imperio, logrando lo que anhelaban los mercaderes, la apertura del comercio y el inicio del colonialismo a distancia, aquel del libre mercado y la especulación. Las compañías de miñones fueron disueltas años después cuando apoyaron un levantamiento contra Liniers, quien, por su parte, fue fusilado por oponerse a los “libertadores”.

Pasó el tiempo, la guerra de las ideologías del siglo XX fracturó a Iberia en dos Españas, en las que sus habitantes parecen haber sido puestos bajo un hechizo en el que no existe nada antes de Franco y la constitución que acabó con su “tiranía”. Hoy suenan feroces voces que aseguran con total descaro que Cataluña ha sido oprimida desde tiempos inmemoriales por España y que todas las creaciones catalanas han sido robadas por esos malvados castellanos. Hoy no se habla de que los catalanes, al igual que muchos otros hispanos, han puesto cuotas inconmensurables de sangre y sufrimiento para crear ese sueño común al que le decimos España.

Miles de catalanes se manifiestan por la unidad de España en Barcelona.

Los grupos inquisidores que se disfrazan de academias de historia, aquellos que anuncian sin sonrojarse que Cristóbal Colón y Leonardo da Vinci eran catalanes o que la música provenzal entró a España por un inexistente mundo de fantasía al que han llamado “Reino de Cataluña”, son los mismos que callan todas las proezas realizadas por grandiosos catalanes en nombre de España. Así como fueron imprescindibles en la defensa del cono sur, los catalanes estuvieron presentes en las expediciones al Gran Cañón y en las guerras que se dieron por todo el suelo europeo.

Hoy pretenden, a fuerza de propaganda, crear separaciones entre hermanos. Anulando el sentimiento de españolidad de los catalanes para hacerlos insolidarios con su familia ibérica, mientras abren los brazos a los enemigos domésticos y extranjeros. Con una descarada alteración de sus raíces pretenden arrebatarles ese sentimiento de hispanidad pura que hizo que sus ancestros lo dejaran todo por España. Quieren volverlos amnésicos, para que como zombis sean una fuerza no pensante que acabe con todo lo que encuentren a su paso.

Para nuestros enemigos será una lástima descubrir que la memoria de la sangre es, y siempre será, más fuerte que la de las fabulas animadas. A este americano no le importa lo que digan Mas, Puigdemont u otros títeres del sionismo que se enorgullecen de ver como, aparte de terroristas pagados, los únicos que dicen Junts pel Sí son grupos de moros que no entienden español ni catalán. No deben confundir el letargo con odio endofóbico, Cataluña al igual que el resto de España está dormida. Pero cuando esa inevitable guerra se desate sobre Europa, esos soberbios hermanos gritarán a costa de sus vidas ¡Qué viva Espanya! No se confundan, si un catalán no cree en España, no es un catalán, no es un español.

De mi parte debo decir que si doscientos años de propaganda negra no han logrado hacerme odiar a la Madre Patria, mucho menos va a conseguir un grupillo de ultra-financistas degenerados y cobardes, en el corto lapso de una vida, que deje de ver a los catalanes como lo que son, mi familia. Los catalanes son mis hermanos porque Catalanitat es Hispanitat. Los catalanes son mis hermanos porque ¡Cataluña es España!

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