martes, 24 de mayo de 2016

18ª de San Isidro en Madrid. Ni una sola oreja en una novillada que se debieron cortar seis / por J.A. del Moral.





"...Porque el primer novillo fue de dos orejas, el segundo de una, el tercero de dos y el cuarto de una. Dejémoslo ahí con los dos último. Seis en total y dos novilleros por la puerta grande. Vana ilusión..."


Ni una sola oreja en una novillada que se debieron cortar seis


J.A. del Moral·24/05/2016
Madrid. Plaza de Las Ventas. Lunes 23 de mayo de 2016. Decimo octava de feria. Tarde estupenda con dos tercios de entrada.

Seis novillos de La Ventana del Puerto (Puerto de San Lorenzo), muy bien presentados y algunos con tamaño, peso y hechuras de toro. En su mayoría dieron el juego clásico de la casa, salida fría, incluso manseando en el caballo para irse arriba y terminar embistiendo más o menos idealmente en la muleta. Al primero le dieron de lo lindo en el caballo y acabó docilísimo sobre todo por el lado izquierdo. El segundo cumplió más y mejor en los primeros tercios para llegar noble aunque agotado a la muleta. El tercero manseó hasta resultar magnifico por el pitón derecho. Al cuarto también le pegaron demasiado en el caballo y llego algo mermado aunque también noble a la muleta. Al quinto le cuidaron en la suerte de varas y también fue noble al final aunque yéndose abajo hasta rajarse. Y el sexto fue el más débil de los seis aunque también se dejó.

Alejandro Marcos (corinto y oro): Estocada tendida saliendo dramáticamente cogido y conmocionado, siendo llevado a la enfermería de donde salió para rematar al animal de estocada caída trasera, aviso, petición insuficiente y vuelta por su cuenta. Tres pinchazos, estocada y descabello, aviso y silencio.
Joaquín Galdos (avellana y oro): Estocada trasera caída, palmas. Indecente sartenazo, pitos.
Juan de Castilla (celeste y oro): Pinchazo, estocada corta tendida y estocada, aviso y silencio. Estocada y cuatro descabellos, aviso y silencio.
Diego Valladar puso un buen par de banderillas y dos Manuel María.

Acabo de recibir un paquete con diez ejemplares de mi libro “Cómo ver una corrida de toros”. Los que corresponden a la sexta impresión de la por ahora última edición. No les vendría mal a los tres novilleros de ayer que lo leyeran con atención. Por lo que ocurrió ayer, deberían hacerlo para que no cometan más los errores que les impidieron triunfar. Porque el primer novillo fue de dos orejas, el segundo de una, el tercero de dos y el cuarto de una. Dejémoslo ahí con los dos último. Seis en total y dos novilleros por la puerta grande. Vana ilusión.
Veamos lo que deben aprender leyendo lo primero que escribí hace trece años en el cuarto capítulo que se titula “¿Qué es la lidia?”:

“El aprovechamiento inteligente de todas las reacciones espontáneas del toro, combinado con las que provocan los toreros, es lo que se entiende por Lidia. O dicho de otra manera: Todo lo que se le hace a un toro o se evita hacerle para mejorar su comportamiento es lidiarlo. La extensión de este concepto supone actuar correctamente en cualquier caso, porque muchos toros con defectos, en principio insalvables, pueden mejorar y de hecho mejoran con una buena lidia, o empeorar si esta no es la que conviene.”

Digo ahora que una buena lidia supone que los buenos toros no empeoren o incluso que terminen siendo mejor de cómo salieron. Y una mala lidia, todo lo contrario, que los buenos empeoren y que los malos se pongan imposibles.

Pues bien, empezando por el salmantino Alejandro Marcos. Castigaron excesivamente a sus dos novillos supongo que por orden suya o quizá fue que los piqueros lo hicieron así a sabiendas de que el muchacho no está sobrado de valor. A pesar de ello, los dos ejemplares de ayer valieron para el triunfo. Se los dejaron a modo como se suele decir en estos casos. Y Alejandro lo intentó en diminutivo: Porque tienes buenas maneritas y es artistita. Tanto con el capote como con la muleta. Pero en grado de insuficiencia. La cogida que sufrió al entrar a matar al excelente primer novillo, le vino bien porque, gracias al tremendo susto, la gente agradeció mucho que saliera de la enfermería algo grogui para dar definitiva muerte a su enemigo-amigo. Y hasta muchos pidieron la oreja. El presidente no la dio porque no hubo mayoría de pañuelos, ateniéndose al reglamento.
Luego de lo que ocurrió con el primer novillo, se reeditó con el cuarto solo que este no fue de dos orejas pero sí de una. Total, mal por desaprovechar la oportunidad y esta ocasión tan lujosa que le pusieron en bandeja de plata. Mal asunto.

Joaquín Galdos, el limeño educado toreramente en España, volvió a Las Ventas desde su éxito en Sevilla del día anterior. Anda bien de todo el zagal peruano. Buenas maneras con capote y muleta. Pero con el pronto agotado segundo novillo quedó bastante inédito. Y con el quinto, que fue uno de los dos peores o de los menos aprovechables del envío, aún más inédito y, para empeorar las cosas, lo mató de un infame sartenazo. Siento decir, no obstante reconocer sus virtudes, que cuantos están tratando de emparejarlo de igual a igual con su paisano Andrés Roca Rey, van dados…

El hidrocálido de Aguas Calientes, Juan de Castilla, actuó en sustitución del herido Luís David Adame. Al estupendo tercer novillo lo toreó bastante bien aunque sin clase – no la tiene – sobre la mano derecha aprovechándolo con intensas rondas en la primera parte de su faena y, luego de navegar con menor acople al natural, el burel cambió a peor como consecuencia de los enganchones en sus intentos con la zurda. Además falló con la espada y se quedó sin una posible oreja aunque este animal, como ya he dicho, fue de dos. Y con el bastante peor sexto por su blandura, pues nada que destacar. La gente, además, terminó harta ante la improcedente insistencia del colombiano.

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