jueves, 23 de junio de 2016

Otro milagro de San Cristiano / por Juan Manuel Rodríguez



A Cristiano le va la marcha y jugar en campos de fútbol que le gritan "¡Messi, Messi, Messi!". A más gritos, más goles. Es simple. Funciona como una fórmula matemática. Prometió que la selección portuguesa estaría en los octavos de final, y ahí está. Y ahora Croacia. Si, como viene siendo habitual desde que fichó por el Real Madrid, a Cristiano vuelven a tratarle con desprecio, no le arriendo las ganancias a Lukita Modric.


Otro milagro de San Cristiano


Un poco más y se convierte en pichichi de la Eurocopa en un solo partido de fútbol. Parece mentira que sus archienemigos, que los tiene a patadas, no sepan ya a estas alturas que el portugués se crece con el castigo y que, acosado, perseguido, puesto entre la espada y la pared y sin huida posible, Cristiano Ronaldo siempre vuelve. Volvió ayer ante Hungría, cuando Portugal entera le reclamaba que hiciera el milagro, y lo hizo marcando dos soberbios golazos, uno de ellos, el conseguido de espuela, probablemente el más bonito del campeonato. 
Decía José María García que "la indiferencia es el encefalograma plano del comunicador"; a Cristiano le mata la indiferencia y, para rendir como el mejor sobre el campo, tiene que sentirse observado y, sobre todo, cuestionado. Todo el mundo le cuestionaba tras su penalti fallado del otro día... pero ayer regresó. Como siempre.

De lo que haga Cristiano en esta Eurocopa dependerá el futuro de su selección. Él estará muy orgulloso de ser portugués, por supuesto, pero si hubiera nacido alemán, italiano, español o argentino y en vez de llevar seis temporadas en el Real Madrid hubiera llegado al club blanco, por ejemplo, en 2005, Cristiano Ronaldo tendría hoy en su poder cinco Balones de Oro y dos o tres Copas de Europa más. Porque lo que no parece querer entender el personal es que no es lo mismo estar rodeado de Agüero, Mascherano, Higuaín, Di María o Lavezzi que estarlo, por ejemplo, de Vierinha, Eliseu, William Carvalho o Joao Mário. Definitivamente no es lo mismo. Lo de Portugal, que es un equipo que tiene mucho cartel gracias fundamentalmente a la presencia en sus filas de CR7, es un auténtico milagro. Menos que lo de Gales, pero milagro al fin y al cabo.

Dice un proverbio árabe lo siguiente: "La primera vez que me engañes será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía". La primera vez que dudaron de Cristiano sería probablemente culpa suya, no lo recuerdo, pero todas las demás ocasiones que han puesto en tela de juicio su capacidad para rehacerse reinventándose es culpa de los otros, que son siempre los mismos. El odio retroalimenta a Cristiano, que como suele decir mi amigo Onésimo, nació en una reyerta. 
A Cristiano le va la marcha y jugar en campos de fútbol que le gritan "¡Messi, Messi, Messi!". A más gritos, más goles. Es simple. Funciona como una fórmula matemática. Prometió que la selección portuguesa estaría en los octavos de final, y ahí está. Y ahora Croacia. Si, como viene siendo habitual desde que fichó por el Real Madrid, a Cristiano vuelven a tratarle con desprecio, no le arriendo las ganancias a Lukita Modric.

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