martes, 19 de julio de 2016

SEGURIDAD Y DESCARO / por Antolín Castro



"...Por tanto, lo que no se le puede discutir es su valor y sus ganas, que lo aporta con la frescura de los recién llegados. Pero siendo eso importante, lo que más se puede destacar de él, y que no es posible discutirle, es la seguridad y el descaro con el que se enfrenta cada tarde que torea..."

SEGURIDAD Y DESCAR

Una de las sensaciones de la temporada taurina está representada por un joven torero peruano llamado Roca Rey.

Seguridad y descaro. Son valores que hacen a Roca Rey diferente

Son muchos los que le ponderan, pero también se puede leer a muchos que censuran, en todo o parte, su forma de interpretar el toreo.

Siendo serios, hemos de convenir que el jovencísimo torero peruano no es ni Curro Romero ni Domingo Ortega, posiblemente tampoco sea Manolete, pero que es alguien que se está haciendo un hueco importante entre los matadores de más alto rango del escalafón actual, eso no es discutible.

De igual modo, no es hijo de esos matadores citados, nos referimos a no es un coetáneo de ellos, ni siquiera por aproximación, siendo otros los coletas que en los últimos años reinan en la cartelería de las ferias. Esos son sus espejos, y es con esos con los que, en su caso, habría que compararle.

Por tanto, lo que no se le puede discutir es su valor y sus ganas, que lo aporta con la frescura de los recién llegados. Pero siendo eso importante, lo que más se puede destacar de él, y que no es posible discutirle, es la seguridad y el descaro con el que se enfrenta cada tarde que torea.

La sensación de seguridad es tal para los espectadores que no hay huecos en su forma de hacer por los que nos pueda aparecer duda alguna de que va a hacer lo que quiere hacer. Una determinación, ayuna de dudas, que le aporta una seguridad a su quehacer que nadie puede cuestionar.

Luego está el descaro con el que lo hace todo. Aporta esa chulería propia de quien se siente seguro y convencido de que lo que hace ha de llegar, si o si, a los tendidos. Un descaro que le hace parecer más experto de lo que es y un descaro que le hace convencer con ese simple gesto.

Podemos incluso unirnos a quienes no ven en él un torerazo, un mesías, un salvador, pero es imposible ningunear los valores que le adornan. Si gusta más o menos será cosa de los gustos de cada quien, de cada público, pero su aportación no es una broma, pues la acomete asumiendo todos los riesgos inherentes a esa seguridad, que está trufada de peligros, y con ese descaro que nos invita a convencernos de que no está allí de broma, por mucho que su toreo peque a veces de engrandecer lo accesorio.

Esa decisión es suya, la de elegir la tauromaquia que quiere ofrecer a los aficionados, pero detrás de ello está un compromiso inequívoco, que hay que reconocerle, con asumir cuantos riesgos le suponga su forma de interpretar. Sea como sea, bienvenido este aire del Perú. 

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