miércoles, 31 de mayo de 2017

El público / por Ignacio Ruiz Quintano


Chenel, a contratiempo


El patetismo de semejante espectáculo no lo aguantan ni los chinos, y como en Madrid todavía hay gente que vio torear a Chenel y a Rincón (de arriba abajo, bamba de la muleta y hacia adentro y pierna hacia adelante), alguno (y no el tendido “7”, que fue un movimiento ochentero) protesta. Estorba el público, que es el que paga, y “los profesionales”, que son los que cobran, lo quieren quitar.


Abc
El cosmopolitismo no tolera estorbos y en los medios taurinos (fiel reflejo de los medios políticos) hay campaña contra “el público de Madrid”.

Primero estorbaba el toro de lidia, y lo quitaron. Lo sustituyeron por un animal doméstico ante el cual mozos vestidos de rosa adoptan posturas de billar, mientras los medios (el más dañino, la TV) salmodian que lo blanco es negro y que así (de abajo arriba, pico de la muleta y hacia afuera y pierna hacia atrás) debe ser el toreo. El patetismo de semejante espectáculo no lo aguantan ni los chinos, y como en Madrid todavía hay gente que vio torear a Chenel y a Rincón (de arriba abajo, bamba de la muleta y hacia adentro y pierna hacia adelante), alguno (y no el tendido “7”, que fue un movimiento ochentero) protesta. Estorba el público, que es el que paga, y “los profesionales”, que son los que cobran, lo quieren quitar.

La corriente mental que hace que en la tauromaquia estorbe el público que protesta (talibanes) es la misma que hace que en la democracia estorbe el electorado a contracorriente (populistas).

La propaganda oficial llama tauromaquia a sentarse al sol con un “jandilla”. También llama “populismo” a la democracia, y “democracia”, al sistema proporcional con listas de partido. El populismo consiste, dicen, en “ofrecer soluciones sencillas para problemas complejos”. Así que el populismo no vendría del general francés Georges Boulanger, sino del franciscano inglés Guillermo de Occam con su famosa navaja (“no hay que multiplicar los entes sin necesidad”) y del arquitecto alemán Mies van der Rohe con su famoso “negro sobre blanco” (“less is more”, menos es más).

Lo contrario del populismo sería el marianismo, con sus soluciones complejas (llevar a los sediciosos a hablar al Parlamento) para problemas sencillos (cumplir la ley).

En los toros y la política, el cosmopolitismo exige un público de chinos comiendo pipas en la soñarra del “Nessum dorma”. Un público de mañana de domingo en el Bernabéu.


No hay comentarios:

Publicar un comentario