domingo, 21 de mayo de 2017

Medio siglo después la conferencia sigue teniendo vigencia Marcial Lalanda: "Cincuenta años viendo toros".




En todos sus pasajes fundamentales, la conferencia parece premonitoria de las circunstancias que hoy vivimos. Pero están dichos ahora va ya para medio siglo. Se trata de la conferencia que en marzo de 1967 pronunció Marcial Lalanda en la Peña "Los de José y Juan", bajo el título "Cincuenta años viendo toros". Traemos a nuestras páginas el texto íntegro de aquella disertación, en la que Lalanda se sincera de una forma directa, sin andarse con rodeos. Naturalmente, como corresponde a una conferencia, no estamos ante un tratado histórico; más bien habría que hablar de un relato de sus memorias, en las que no elude ningún aspecto. Llama poderosamente la atención como en aquel 1967, Marcial ya adelanta los riesgos por los que hoy atraviesa la Tauromaquia.


Medio siglo después la conferencia sigue teniendo vigencia  Marcial Lalanda: "Cincuenta años viendo toros".

Acaba de cumplirse medio siglo de aquel acontecimiento, pero la célebre conferencia de Marcial Lalanda en la Peña “Los de José y Juan”, en marzo de 1967 sigue en gran medida vigente. Y es así porque, como se escribió en “El Ruedo”, todo el texto rezuma “el interés de lo auténtico, de lo vivido, de lo sufrido en el ruedo a lo largo de muchos años de vida torera y haber dado muerte a muchos toros dignos de ese nombre”.

La tituló “Cincuenta años de ver de toros” y en todo el texto se comprueba que ”a Marcial se le han despertado los recuerdos y los deseos de sincerarse y opinar del toreo, volcándose sobre las cuartillas”.

Tras narrar con detalle sus inicios en la afición y en la profesión, en unas páginas bellísimas, en su análisis sobre la trascendencia del paso por los ruedos Joselito y de Belmonte –su padrino de alternativa--, dijo entonces Lalanda que “he explicado mi opinión sobre la honda transformación de la forma de torear de aquellos dos colosos y a donde llevaron el toreo sin disminución del toro, sin quitarle riesgo. Uno y otro, y el uno por lo del otro, hicieron posible que el arte de torear sobre los brazos, a base de valor. se conjugara con la técnica, refundiendo los terrenos de toro y torero”.

Y más adelante añade: ”los toreros (y yo entré entonces en la liza y sentí más que nadie la falta del maestro, mi único maestro) que habíamos aprendido de los dos genios cuanto sobre el ruedo uno y otro habían puesto, primero lo sostuvimos, y, más más adelante alguien hubo que lo elevó a la armonía”.

“Desde la trágica tarde de Talavera –añadía Marcial-- hasta el año 36 (sin anular la lidia, porque el toro no lo permitía), yo entiendo que fue la época en la que el estilismo prevalece sobre el aparato de tragedia que hasta entonces había sido tónica espectacular del toreo. El mismo BELMONTE lo entiende así y su toreo es otro. Los toreros de aquellos quince años dimos a cada suerte lo máximo en arte que toleraba el toro, y como las suertes eran más largas, comenzaban desde muy lejos y terminaban un cuerpo más allá del toro, y según la casta, se templaba la embestida; cada lance, cada muletazo eran una parte triple de lo que terminaron por ser en la época siguiente. Ante un toro de cuatro o cinco años, con la casta, el poder, la edad y el peligro del sentido que desarrolla, suponía unas ascensión considerable sobre lo que hasta entonces había sido el toreo”.

Más adelante destacó el torero su admiración por Domingo Ortega, tomando pie de la lidia que recetó al toro “Tapabocas”, “que de no haberle tocado en suerte (o en mala suerte) al maestro de Borox, posiblemente figuraría como fatídico en la historia de la tauromaquia; porque para no ser víctima de la bravura encastada, avalada por el excepcional y arrollador poder de aquel toro fue preciso un torero de las dimensiones de Domingo Ortega. El público le chilló mucho, tanto como yo le aplaudí y le sigo aplaudiendo”.

Muy interesantes resultan sus observaciones sobre el papel que les correspondió a Manolete y a Pepe Luís, por el que siente una particular predilección, como el interés que le despertaba Victoriano de la Serna.

Pero, sobre todo, llama la atención la llamada firme que realiza Marcial en la parte final de su conferencia. Un texto que leído hoy tiene una plena actualidad. Y así, en un pasaje, advierte --conviene insistir: hace 50 años-- que “lo que nos faltaba para darle un «bajonazo» a la fiesta va a llegar con la prohibición de permitir a nuestros hijos de ir a los toros. No creo, ni los historiadores nos lo han dicho nunca, que en los tres siglos que hace que empezó el toreo pie a tierra la asistencia dé los menores a las plazas haya hecho delincuentes, ni haya aminorado el respeto a la convivencia entre los españoles”.

Para finalmente realizar unas sabias advertencias. Es cuando afirmaba:

“Daos cuenta de que muchos ganaderos nos están dando «gato por liebre», como vulgarmente se dice, sin que nadie ponga coto al equívoco que ello supone.
Daos cuenta de que las Empresas establecen los precios que para ellas estiman más convenientes, sin que nadie les controle.
Daos cuenta, en fin, que a la parodia se le da la publicidad que lo serio no tuvo nunca, y que todo ello puede llegar a demostrar que convenga que el toreo por falso no tiene razón de existir”.

  • Transcritas desde las páginas de “El Ruedo”, por el valor y la actualidad de aquel testimonio de Marcial Lalanda ante el auditorio de “Los de José y Juan”, traemos a nuestras páginas el texto integro de esta conferencia, que el lector puede consultar el adjunto archivo en formato PDF.

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