lunes, 22 de mayo de 2017

‘No vuelva’ señor presidente


Javier Cano, presidente de Las Ventas este lunes 

No tiene talento ni talante para estar en un palco. 
No vuelva a presidir usted si le queda vergüenza.


Madrid, 22/05/2017 20:48
Las cacicadas son un recuerdo de un pasado nefasto. El gremio de los presidentes y el de los policías, ambos, no merecen tener a un señor cuya aportación a la fiesta es la injusticia, el antirreglamentarismo y la soberbia personal. Y lo peor es que cuando habla para justificarse sigue siendo un cacique taurino, un pésimo presidente y alguien que le hace un feo al honroso y glorioso Cuerpo Nacional de Policía. No tiene talento ni talante para estar en un palco. No vuelva a presidir usted si le queda vergüenza.


Cuando llega alguien, como Jesús Enrique  con un desparpajo, un aire fresco y una entrega de novillero absoluta como las que derrochó el venezolano Jesús Enrique Colombo, es obsceno que el palco, instalado en la monotonía intransigente de las corridas de toros, no tenga el talento suficiente como para premiar con justicia lo que el novillero se había ganado.

Porque su soltura, su desparpajo, su frescura y su impronta de novillero le hicieron merecer una oreja de ley. Pero su temple a la verónica, sus facultades en banderillas, y su verdad frente al manso cuarto, un toro con ímpetu y velocidad que acabó defendiéndose -y que incluso le llegó a voltear al entrar a matar por derecho-, no fueron suficientes para un insensible palco que no supo ver ni la petición de oreja mayoritaria de Madrid, ni calibrar la importancia de la importante actuación del venezolano Colombo en la tarde de su presentación en Las Ventas.

Por eso no se entiende la autoritaria e injusta actuación del presidente, que negaba así ese trofeo de ley al que se la había ganado a pulso en una tarde en la que también saludó una ovación frente al geniudo primero, al que cuando perdió ese genio inicial, consiguió extraer largos y despaciosos naturales de enorme mérito, con actitud de matador de toros. Porque la novillada de El Montecillo enlotó a tres novillos armónicos -los tres primeros, y a otros tres con hechuras de toro, dentro de un conjunto cuya nota principal fue la de la mansedumbre. Porque no hay que confundir la bravura con la velocidad y el ímpetu de ese cuarto, que terminó por defenderse en la muleta de Colombo.

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