miércoles, 24 de octubre de 2018

EN LA RETIRADA DE TALAVANTE / por José María Moreno Bermejo


Alejandro Talavante, besando el albero de La Misericordia antes de anunciar su retirada.Raquel Labodía.


EN LA RETIRADA DE TALAVANTE 

José María Moreno Bermejo
Primero fue la sorpresa, luego la meditación sobre las posibles causas de la retirada, para más tarde caer en la queja más acre por la obscena manipulación que está sufriendo el mundo del toreo por parte de un monopolio indeseable, que conforma una hidra con sólo cuatro o cinco cabezas; de aquellas que topan más que piensan. Porque si pensaran se darían cuenta de que pueden acabar con las corridas de toros, de las que ya han restado una cantidad importantísima de festejos, que va a más cada año, a todas luces irrecuperables vista la claridad de ideas que estos mercachifles muestran y atesoran. Llenarán sus alforjas, seguro, pero en ellas habrá también crítica y repulsa de las buenas gentes que aman y sirven a la Fiesta, que velan por su existencia más digna, aquella que la legitima como un rito tradicional, carismático y racional (Max Weber).

Vivimos unos tiempos que podrían ser opimos para el desarrollo cultural del mundo del toro, dada la Ley 18/2013 por la que se declaró a la Tauromaquia Patrimonio Cultural Inmaterial de los españoles. Debemos aprovechar al máximo los beneficios que comportan esa Ley que obliga a proteger, difundir y dotar de medios a que sea conservada y aún mejorada, una tradición popular de alta implantación en nuestra España, que ha conformado una manera de ser de un pueblo, como decía Eugenio D´ors en 1943 en su artículo: “Estética y Tauromaquia”[i] refiriéndose a la Fiesta Nacional: “…, lo de ser nacional, quiere decir, hija de la íntima fuente, popular y espontánea de un grupo humano, que encuentra ahí la expresión inconfundible de su <carácter>; cual si la asistencia de aquella y su estilo fuesen dictados por la misma naturaleza; no la Naturaleza en general, esta vez; sino la diferencial, la que da al grupo una histórica solidaridad de casta”.

Pero llevamos camino de olvidarnos de la solidaridad de nuestra casta y darle la razón a Fco. Rodríguez Marín, cuando pronosticaba que[ii]: “Contra la fiesta de toros nadie podrá aquí nada sino son los toros mismos”. Y en esas estamos, con cuatro iluminados, insensibles al romanticismo que siempre tuvo la Fiesta, que procuran su beneficio y el de los suyos sin reparar en la misión tan vital que tienen de salvaguardar los toros de los embates que de una y otra parte viene recibiendo. Si ellos dignificaran los toros, nada tendrían que hacer los anti taurinos vociferantes; y los otros, los que no gustan de los toros, verían en los buenos ejemplos de un festejo respetado y legítimo, sino una posible “conversión” si una plausible explicación justificativa. Pero no, la turba del “taurineo” se empeña en presentar una corrida que no tiene defensa, que no respeta las reglas y que se fragua en covachas de mármol ante una mesa en la que apenas se sientan, repito, cuatro.

El escalafón de este año lo lideran 3 toreros apoderados por la “casa” Matilla, sólo superados por Andrés Roca Rey, apoderado por uno que fuera gran torero y apoyado por “dos atributos” inconmensurables que le han hecho ser EL ÚNICO que en este año ha llenado las plazas. Padilla, “Fandi” y “Manzanares” copan el escalafón. Ponce y “El Juli” también son respetados por sus poderes profesionales indiscutibles, y por las compensaciones y ayudas pasadas que regalaron. Y por los valores “comerciales” de casas “regias” del taurineo, que han fundado su prestigio en el nuevo concepto del toreo “moderno”, ese de los 100 pases a toro inerme que da valor a la labor caritativa del delicado buen enfermero. Los otros toreros de arriba siguen la ruta que le marca el monopolio reinante, sirviendo algunos de ellos de “fondo de armario” para vestir las ternas, sin apenas contar con derechos reivindicativos. Y cada mes, la pléyade de plumíferos que entregaron su independencia por el bien de los cuatro mandones, obedecen elevando a la cúspide a toreros mediocres que “no estuvieron mal” y que por poco dinero, y mucha loa mentirosa y efímera, entran en el juego que han preparado, con sus reglas, los mafiosos del sistema. Vergüenza.

Y llegamos a mi admirado Alejandro Talavante, un torero especial, seco, que no implora palmas ni loas; exquisito, tanto como irregular; poseedor de la virtud de la cadencia, la técnica del temple, la frescura de la variedad. Siempre fiel a su concepto del toreo, que suele ser atractivo, sin ventajas y sincero. Un torero que sabe “estar” en el triunfo y en el fracaso. Talavante goza del aprecio de la mayor parte de la afición, de la que sabe cuál es el toreo de compromiso, el que crea belleza rodeada de riesgo y conseguida por técnica y torería. Sabe, desde hace tiempo, que la independencia es una moneda cainita que no puedes gastar libremente. Sabe que para estar “arriba” no es suficiente saber torear, ser torero de la “Afición”, triunfar en las plazas importantes; para estar ahí, hoy, hay que pagar el fielato de la ignominiosa peste del taurineo. Por ello aceptó el apoderamiento del taimado Matilla, base del monopolio del asqueroso mundo actual del toro, y cuando tras triunfar en Madrid, poniendo de acuerdo a todos, solicita al salmantino nefasto un aumento de 15.000,00 € en sus emolumentos, el dios menor lo rechaza y lo manda al ostracismo, con una de esas frases que enarbolan los cobardes: “Te vas a acordar de mí”. La venganza, una de las miserias más vergonzantes, hizo el resto. Presumo, no puedo asegurar, que luego el rencoroso exigiría a aquellos que eran deudores de cuentas añejas que le secundaran en un boicot al atrevido e iluso gran torero que osó echarle un pulso. Y los del “taurineo” obedecieron. Los “cromos” intercambiados, los favores menores pero oportunos, la cobardía de casi todos; los dineros prestados en momentos claves; el ganado que fue a manos del malvado mandamás, comprado a “pela” y vendido a “€”… En fin: Boicot.

Alejandro Talavante ni siquiera midió el envite. Su libertad va primero en el listado de sus virtudes. La solución era clara: “Retirarse”. Y esperar que de una vez por todas el mundo del toreo mande a los infiernos a la gentuza que lo está corrompiendo, denigrando, empobreciendo; haciéndolo indefendible ante la sociedad por su falta de carisma, por su carencia de épica y de ética. El toreo que defienden estos iluminados es el que ya dijimos del toro feble, semi domesticado, con falta de integridad, indigno de participar en un rito que se presume de riesgo cierto para que pueda ser justificada la muerte de un animal salvaje que participa en una lid que se espera equilibrada, sin ventajas abyectas. Vean los toros que mató “El Juli” en Guijuelo y Tomelloso; en ambas plazas fueron de “El Vellosino”. A mi forma de ver es una indignidad que una primera figura participe en una corrida con esos animales. Es más dañino para la Fiesta una falta de respeto como la que demuestran esas corridas citadas que toda la caterva de anti taurinos que surgen en el mundo moderno de las mascotas caseras. Yo, confeso aficionado a los Toros, me avergüenzo de serlo ante fechorías como las que aquí critico. Seré el mayor anti taurino de este taurineo repugnante e injustificable.

Hemos dado pábulo a las acciones del torero madrileño por poseer las fotos de los “toricidios” que perpetró, o le perpetraron, pero igual podíamos hacerlo de otros toreros y ganaderos que acceden a lo que les “echan”, sean sardinas o migajas de ego en callejones, universidades, congresos…, y otras muchas formas de loa que idean los del “taurineo” para tener contentas a sus “fichas”, sean peones, alfiles o reinas; y siempre con la espada sobre la nuca: “A tragar; sino:  torres más altas he visto caer”.

Talavante ha mostrado una voluntad férrea para conseguir su digna libertad. Otros compañeros deberían hacerlo “YA”. Pienso en “Manzanares”, el rey del tablero del grupo opresor. Si “Manzanares” fuera solidario, si deseara no ser un pelele en manos de la casa que lo representa; si pensase en que también a él le puede pasar lo que a su “compañero” Alejandro cualquier día que pida o diga lo que de verdad piensa o desea; si deseara en fin ser libre para administrar sus poderes y virtudes; si ansiara ser digno en una profesión tan bella como hoy deteriorada, se iría de esa inmunda casa de alienación y oprobio que dice representarle. Padilla se va; con él la paz. Fandila tiene un estatus en el toreo que merece, lo ha aprovechado y no merece ni vivas ni críticas; él no manda, disfruta. Los otros “jefes”, Ponce y “El Juli” creo que, por desgracia, van a lo suyo y no quieren pelea (aún menores de las que rehúsan en el ruedo con toritos valientes a los que la puya pone en su sitio cuando salen algo levantiscos), aunque me gustaría mucho que, también solidarios, pusieran pie en pared y se solidarizaran con el compañero honrado, con Alejandro Talavante Rodríguez, hombre cabal, torero de casta y arte, al que la mayoría de los coletudos no son dignos de atarle el lazo de sus manoletinas. ¡Abrid los ojos! Mañana puedes ser tú. Dignifica una de las profesiones más sublimes de las que se nutre el arte, la belleza, la vida…
                 

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