jueves, 28 de marzo de 2019

Gota de Leche / por Ignacio Ruiz Quintano




-El toro es el animal más ario que tuvieron los arios. Es la imagen misma de Zeus, de Júpiter, del raptor de Europa. Y el torero: el Heros que logra con su magia, su arte, vencer esa fuerza natural del dios.

Abc
Periodismo y tauromaquia son dos artes ilustradas en franca decadencia que buscan en la política la Gota de Leche para el becario o novillero, y para los mayores, aquella Casa de María Inmaculada para pobres vergonzantes donde un día el Caballero Audaz almorzó con aristócratas, millonarios, artistas, cortesanas...

Todas aquellas vidas que fueron doradas en el tiempo por el sol de la fortuna o de la fama…

No es lo de Luis Mazzantini, el rey del volapié, que entró rico a la política (concejal monárquico, diputado por Madrid, gobernador civil de Guadalajara) y salió pobre. Ahora la política se hace sobre “las piernas” y el Congreso se presenta para la gente del toro como un torbellino de misericordia: ahí está el socialista Ábalos, que es como El Potra de la situación, y que pronto podrá montar en los escaños la tertulia del Kutz (la de Cossío, inmortalizada por Cañabate) con Miguel Abellán, que viene con el PP, y Serafín Marín, que viene con Vox, el partido de Morante, con lo que, taurinamente, esa Cámara ofrece un espectáculo más atractivo que la feria de San Isidro del bombo y el platillo, con Roca Rey al Bombo y Julián López al Platillo.

Pero ¿y Europa? ¿Qué va a decir Europa? –flanearán en sus moldes al baño maría los liberalios.

Europa es el IV Reich, totalitario y financiero, de frau Merkel, y toda la mitología aria es torera, como se hartó de recordar Gecé en las universidades de Alemania.

El toro es el animal más ario que tuvieron los arios. Es la imagen misma de Zeus, de Júpiter, del raptor de Europa. Y el torero: el Heros que logra con su magia, su arte, vencer esa fuerza natural del dios.

Gecé fue un escritor que se sentía torero, al modo en que los periodistas de ahora se sienten escritores.

La única diferencia entre el escritor y el torero es que un día éste puede retirarse del peligro y vivir ya sin público y sin toro. Pero el escritor no. Necesitamos hasta el final una idea que nos embista y alguien que nos contemple.

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