jueves, 13 de junio de 2019

LAS VENTAS. Una tarde de otra feria / por Antolín Castro



Si la feria de San Isidro de este año se distingue por algo, por encima de cualquier otra cosa, es por la seriedad, por el toro que se lidia, por el peligro que reporta y por el triunfo de varios toreros. Hoy parecía que todo era de juguete, a salvo del grave percance del banderillero Víctor Hugo ‘Pirri’ de la cuadrilla de Urdiales.

Una tarde de otra feria

Antolín Castro 
Madrid, 12 Junio 2019
No crean que me he marchado de Madrid, ni de Las Ventas, sencillamente es que eso ha sido, o parecido, la tarde de hoy, una tarde de otra feria.

Si la feria de San Isidro de este año se distingue por algo, por encima de cualquier otra cosa, es por la seriedad, por el toro que se lidia, por el peligro que reporta y por el triunfo de varios toreros. Hoy parecía que todo era de juguete, a salvo del grave percance del banderillero Víctor Hugo ‘Pirri’ de la cuadrilla de Urdiales. En eso, lamentablemente, si es equiparable a la feria de Madrid.

Presidió esta corrida de Beneficencia el Rey Felipe VI, a quien brindaron sus primeros toros los alternantes. Su presencia siempre es de agradecer, pero sería mejor que lo hiciera también fuera de esta fecha.

La tarde transcurrió entre la bronca y el bostezo, ya fuera por las condiciones de los toros lidiados ya fuera por el comportamiento inoportuno de gritadores ‘animadores’. ¡Viva España y viva el Rey! Una vez está bien en un día así, veinte veces soltarlo con los toros en el ruedo y los toreros toreando es, cuando menos, inoportuno y patoso. De ese modo se armó un buen lío en los tendidos de sol cuando alguien gritó ¡Viva la República!, también ¡fuera Ábalos!. Los de un bando y del otro se gritaron mientras Urdiales encauzaba las embestidas del último toro de la tarde. Ese toro era el sobrero de La Reina, que casualmente salió al ruedo cuando en el palco no estaba la titular del reinado.

Tampoco resultó muy serio, ni atractivo, el hacer un festejo mixto, con dos toros de Los Espartales, mansos, además el primero anovillado. Diego Ventura quiso estar bien y lo estuvo en la doma de los caballos que le acompañaron en la tarde, pero el público sólo le tomó en cuenta el par a dos manos que ejecutó sin cabezal y a lomos de Dólar en su segundo. Una oreja le concedieron, pero se vio que la tarde no era de rejoneo. Con la misma actuación en día de caballos hubiera salido en hombros.

La mayor parte de la plaza vino directamente a ver a El Juli y aunque toreó dos inválidos le aclamaron por saber mantenerlos en pie, apoyado en un oficio -a estas alturas- indiscutible. Le sacó muletazos decentes, si pasamos por alto ciertas ventajas y destoreo que puso en práctica, y hubiera cortado una oreja de no haber fallado repetidamente con el ‘julipié’ en su segundo. Podemos pensar que la feria de este año podía haberse celebrado sin el madrileño como en principio estaba pensado y no se habría notado mucho.


Diego Urdiales era el convidado a este festejo, al que llaman extraordinario, que suele ser generalmente un desatino. El riojano, fiel a su forma de interpretar desde la pureza, y que se enfrentó a un Cuvillo desafiante -el que cogió alocadamente a su banderillero- y el sobrero de La Reina, dulzón y soso como él solo, aplicó siempre los frentes y rematando atrás. Hubo pasajes y mérito en las dos faenas y hubiera obtenido trofeo en su primero de no haber atravesado al toro a la hora de matar. Suerte bien hecha pero de muy deficiente colocación.

La plaza resultó verbenera, aplaudiendo más lo malo y accesorio que lo bueno, una jaula de grillos impresentable al final y, como digo, más bien parecía que estábamos en otra feria y en otra plaza, fuera de Madrid.

Hoy de las cuadrillas hay que destacar, desgraciadamente, el grave percance de Pirri.

Mañana llegan los 'Cuadris' y esperemos se recupere la cordura y la objetividad. Rafaelillo, López Chaves y Octavio Chacón será la terna.

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