domingo, 16 de junio de 2019

LAS VENTAS. Y llegó Paco Ureña... / por Antolín Castro


Pocas dudas de si esto es toreo auténtico

Con la franela en la mano comenzó la lección de pureza y verdad y la plaza se convirtió en un clamor. La mano izquierda era la batuta que dirigía la sinfonía a la que el toro, desgastado en el primer tercio, comenzó su declive sin permitirle más que arrancarle los naturales de uno en uno, pero ¡qué naturales!

Y llegó Paco Ureña... 

Madrid, 15 Junio 2019
La tarde navegaba entre la mala presentación y el juego manso de los toros, la actuación de las figuras y no había otro puerto de llegada que el del fracaso.

Los toros de Victoriano del Río estuvieron mal presentados, anovillados algunos, fueron flojos, pero sobre todo mansos y rajados; por supuesto, también sosos y nobles. Con este material, propio de las figuras, parecía que la tarde se podría ir por el desagüe de la mediocridad. Cuando todo eso parecía que iba a ser lo que nos esperaba, llegó Paco Ureña...

Llegó… el murciano y le endosó media docena de verónicas a su primero que puso en posición de alerta a toda la plaza, vendría después un quite con la misma verdad y armonía que los lances de recibo. Roca Rey hizo un quite por chicuelinas del montón que muchos aplaudieron, pero Ureña no estaba por ceder terreno y administró unos delantales de ensueño que pusieron la plaza en pie. Imposible que nadie ignorara que había llegado Ureña.

Con la franela en la mano comenzó la lección de pureza y verdad y la plaza se convirtió en un clamor. La mano izquierda era la batuta que dirigía la sinfonía a la que el toro, desgastado en el primer tercio, comenzó su declive sin permitirle más que arrancarle los naturales de uno en uno, pero ¡qué naturales! Sufrió un volteretón del que salió dolorido y tras de un pinchazo recetó una estocada caída. Le obligaron a dar una vuelta al ruedo.

Se retiró a la enfermería el lorquino, continuó la tarde y volvieron las figuras -por este orden, Roca Rey, Castella y de nuevo Roca Rey-, también volvieron los rajados toros de Victoriano y la plaza asistía impertérrita a la consumación de la atonía y la vulgaridad. Toreó lineal, superficial y mediocre, ayuno de autenticidad.

Y llegó Paco Ureña… salió de la enfermería tras matarse al quinto de la tarde, y esa misma tarde pareció despertar del letargo a la que había sido sometida. La afición, y el público en general, aplaudió de pie la llegada del torero que les había levantado de los asientos, esperando que quizá se pudiera reeditar lo visto en su primer astado.

Llegó Paco Ureña… y volvió a repetir los lances a la verónica cargando la suerte, ganando terreno y rematando con una media que se nos hizo eterna. Picó bien Pedro Iturralde y la suerte se alió con todos, torero y público. Empanado se mostraba como el mejor toro del encierro, buen síntoma para soñar. Brindó Ureña al público y yo no recuerdo que eso fuera recibido con una ovación en pie a ningún torero. La ilusión cotizaba al alza en Las Ventas.

Llegó Ureña, claro que llegó, con la misma claridad que en su primero, con la misma verdad, con la misma pureza, pero con la suerte de que Empanado repetía y se le podían administrar series completas, con la diestra y con la zurda. Subió el tono del toreo y el eco en los tendidos y lo que era una muestra de la autenticidad del toreo se convirtió en una borrachera colectiva. Público y torero empujaban a Empanado para que siguiera aquella muleta sincera que tenía delante.

Supo Paco que no había que extenderse más, el climax alcanzado ya era de mucho nivel y se dispuso a matar, con un estoconazo hasta la bola. Tardó el toro en caer y ese tiempo que suele enfriar normalmente a la gente, lo aprovechó el público para gritar ¡Torero, torero!. Las dos orejas a sus manos y la puerta grande abierta para que salga un torero de los de verdad.

La tarde fue de Paco Ureña y no hay más que recordar ni que comentar. Si lo de el de Lorca fue puro, podemos calificar de impuro el resto. Cuando la verdad se abre paso no se puede mirar atrás.

Mañana cerraremos este maratón de festejos con los toros de Santiago Domecq y la esperanza de que Pablo Aguado cierre la feria con broche de oro. Le acompañarán en el paseíllo El Fandi y López Simón.

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